La izquierda histórica, convertida en socialdemocracia de administración, abandonó progresivamente la aspiración de disputar la hegemonía cultural a las élites posfranquistas.
La dimensión del problema que tiene el PSOE no se mide solo por el número de casos, sino por la percepción de encubrimiento, tardanza y opacidad en la reacción.
La Fiscalía califica las acciones de Díez como el ‘liderazgo’ de una ‘actuación delictiva, continuada y coordinada’ junto a Pérez Dolset y el periodista Pere Rusiñol.
Para que el PSOE resista el intento de asalto al Poder de la ultraderecha tiene que llevar a cabo políticas de izquierdas y no dedicarse a extender entre la ciudadanía un miedo que busca eliminar a las fuerzas políticas de izquierdas.
Los escándalos del PSOE no son casos sueltos, sino el reflejo de una incoherencia profunda entre lo que se dice y lo que se hace. La igualdad real no llegará por una nota de prensa ni una declaración desde el atril.