Durante dos años colaboró en las evacuaciones de civiles entre Madrid y Valencia, el suministro de alimentos, la apertura de comedores infantiles y la puesta en marcha de un sistema de apadrinamiento de niños de guerra pionero en Europa.
Concha Carretero es la memoria viva de todo aquello que jamás debió ocurrir. Una mujer con ojos de guerra que sufrió la tortura franquista y compartió prisión con las “Trece Rosas”, pero tuvo más suerte que ellas.
Su original y personal legado filosófico, propio de una mujer valiente que se atrevió a romper con convencionalismos y permaneció a lo largo de los años contagiando su entusiasmo y su fascinación por el estudio de las más variadas formas de creación.
Luchó en el frente de Madrid, y allí se quedó su compañero en los días de la contienda. Cuando en 1938 llegó la orden de abandonar España, Frida dejó a su amor y una parte de su vida en este país. Decía que en el único lugar donde había que estar en ese momento era en Madrid.