No tomar represalias es una catástrofe infinitamente mayor, ya que enviaría una señal inequívoca a Israel de que ha llegado el momento de una gran conquista militar, que inevitablemente resultará en la ocupación de más territorios libaneses, avanzando inexorablemente hacia el río Litani.
Entregar las armas a Hezbolá significa poner el Estado inmediatamente a disposición de Israel, quitándole toda su influencia para cerrar cualquier tipo de acuerdo.
A pesar de las reiteradas solicitudes del gobierno libanés para su liberación y para que un tribunal francés le concediera la libertad condicional en 2013, la liberación de Abdallah se vio bloqueada debido a la presión de los EEUU sobre el gobierno francés.
Debería haber sido puesto en libertad condicional en 1999, pero una llamada de la entonces secretaria de estado americana, Hillary Clinton, a su homólogo francés, el socialista Laurent Fabius, logró que el primer ministro Manuel Valls paralizara su liberación.
Quién no tendrá nada bueno para esperar; serán palestinos, libaneses y sirios, a quienes el sionismo y sus socios les acaban de arrancar sus patrias, para adueñarse de todo, incluso de la historia.
En las últimas semanas Israel ha tenido que hacer frente a la disminución de sus reservas de municiones. El 26 de noviembre el propio Netanyahu afirmó que reponer el arsenal era una de las principales razones de la tregua.