Cuando Daesh ingresó a Shengal, el genocidio ya estaba en marcha. Además de asesinar y saquear, los yihadistas secuestraron a más de 3.000 mujeres yezidíes. Después, las vendieron en mercados de esclavas sexuales. Roza fue una de ellas. Muchas otras siguen en las garras del Daesh.
los y las saharauis esperan desde hace 30 años que la ONU lleve a cabo un referéndum para que los propios pobladores del Sáhara Occidental decidan si están de acuerdo o no con la creación de un Estado independiente.
Aunque el Estado turco toma estas decisiones ilegales para complacer a sus partidarios nacionalistas y racistas, no puede erradicar la verdad de la existencia de Kurdistán y de la lengua kurda.
Mientras nos venden ese juego frágil de ajedrez donde compiten potencias mundiales y aliados regionales, los y las migrantes, entre ellos, cientos de niños y niñas, siguen mirando al cielo y rogando que en las noches el frío no se lleve otra vida.
Desde hace varios años, el gobierno de Erdogan dejó en claro –y lo repite públicamente- su plan para conquistar territorio ajeno y revivir el viejo sueño otomano.