No parece que, por ahora, los llamamientos a la paz tengan mucha suerte de arraigarse ni en el gobierno de Abiy ni en la coalición rebelde liderada por los tigriños.
Ahmed, el martes dos, declaró el estado de emergencia en todo el país y pidió a sus efectivos que multiplicarán su esfuerzo en defensa de la capital e incluso llamó a los abisinios a que: “Utilice cualquier tipo de armas para bloquear la embestida rebelde, derribarlos y enterrarlos”.
Los aprietos en los que está implicado el gobierno etíope no quedan aquí, el Ejército de Liberación Oromo (OLA), que hace unos meses ha firmado una alianza táctica con el TPLF, ha anunciado, en unas declaraciones de su líder, Jaal Marroo, que han tomado varias ciudades de la Oromía.
A pesar de que el hambre se extiende por amplias zonas de Etiopía, donde la ONU estima que ocho de cada diez mujeres embarazadas y lactantes sufren ya malnutrición.
Amnistía Internacional ya viene denunciando, a lo largo de todo este año que “soldados y milicianos sometieron a las mujeres y niñas de Tigray a violación, esclavitud sexual y otras formas de tortura».
Trabajadores humanitarios han denunciado que el gobierno de Addis Abeba está haciendo todo lo posible para impedir que la ayuda llegue al norte, en donde los graneros están vacíos y hay escasez de gasolina y medicinas.
El objetivo de esta guerra era eliminar a los Tigrayanos de una vez por todas, aunque lo llamaron “operación policial”. Usaron todas formas de armas para llevar a cabo el genocidio.