Taburete y el individualismo

Por Carmen Romero

El individualismo suena a Taburete

Al pensar en música con cierto carácter ideológico se tiende a pensar en grupos con un discurso progresista o de izquierdas: Los Chikos del Maiz, Tribade, La Raíz, Habeas Corpus y un largo etc. Esto pasa porque la lucha de clases suele notarse cuando viene de abajo. Cuando los de arriba son los que dan hostias con su retórica, parece ser de orden natural. Que Taburete se pase las medidas contra el COVID por los cojones y en mitad de un concierto digan “fuera mascarillas”, es ideología. Es individualismo y es una victoria más del capitalismo.

Taburete, el grupo liderado por Willy Bárcenas, convocó a sus seguidores en el festival Starlite. Ninguna de las personas asistentes al evento lleva mascarilla en ninguno de los videos realizados para redes sociales. De hecho, uno de los componentes de la banda grita “Ni una puta mascarilla” en mitad de la euforia de una canción.

De esta saldremos mejores

Durante el confinamiento, las redes sociales se llenaban de mensajes tipo: “De esta saldremos mejores, “saldremos unidos” y demás bazofia neoliberal que dura dos días en un post de Facebook. Vimos a jóvenes voluntarios haciendo la compra a sus vecinos enfermos; médicos jubilados haciendo turnos; DJs de azotea animando a sus vecinos; etc. Fue casi una ruptura contra ese individualismo salvaje. Casi una ruptura contra ese “el hombre es un lobo”. Pero no fue más que eso: un post de Facebook haciendo buenas obras que terminó justo cuando terminó ese confinamiento mientras el yoísmo, de nuevo, se habría paso.

Ir a una sala con cientos de personas más con facilidad para propagar el virus puede denominarse hasta deporte: yoísmo. Practicar el yoísmo es el deporte favorito del joven neoliberal medio. Es el deporte favorito del típico chaval que escucha el indie comercial de Taburete, viste como un skater canallita de barrio bien y a la hora de entablar conversación sobre cualquier cuestión política parece estar leyendo un texto de Mr. Wonderful: “Harás lo que te propongas”. En este caso, lo que te propongas es ir a una sala llena de peña, sin mascarilla, a contagiar al resto porque has pagado una entrada de 100 pavos y tu yoísmo no te permite darte la vuelta, tirar para casa y criticar a la organización del concierto. Vas de indie canallita y eres un canalla.

Lo de ser un canallita en España hay quien dice que es de orden natural. Como cuando el PP roba: “Es que en España somos así, eso es cultural, en otros países de Europa no pasa”. El comodín del orden natural no es mas que propaganda para justificar el estado actual de las cosas y el orden social y económico que lo sustenta: el capitalismo. Por si no fuera poco, lo natural ha sido siempre el argumento más usado por la derecha reaccionaria para frenar avances y derechos. No, no es de orden natural que los jóvenes fans de Taburete se pasen las medidas por los cojones, es ideología dominante y, justo por eso, no pasará nada.

Colonizar la cultura

Como define Hobsbawn a la nueva cultura juvenil en su Historia del siglo XX, se trató de una masa que asumía y consumía los productos del mercado de una manera mucho más rápida que las generaciones anteriores.

La expansión del consumismo como cuestión central existe, en parte, por un componente social que ayudó a que esa cultura del consumo se generalizara en sectores populares, a pesar de las contradicciones que esto supone.

Justamente es ese sector joven, al que se enfoca el mercado cultural y del entretenimiento, el que sufre mayor precariedad laboral. Por si no fuera poco, en estos sectores juveniles se ha implantado una cultura centrada en el consumo y en lo individual. Precisamente ese individualismo es la clave que sustenta esa salsa contracultura del indie comercial.

El individualismo colonizador de aspectos culturales (entendiendo cultura como comportamientos sociales y costumbres) tiene su origen: la ofensiva ideológica, política y material que en las últimas décadas se lanzaron desde los sectores dominantes con el objetivo de destruir toda conciencia y expresiones culturales obreras y organizativas. El triunfo de la cultura capitalista. La colonización de la cultura a través del pensamiento único, del “tú puedes si te esfuerzas” y del “eres un perdedor si no lo intentas”. Mientras, la madre de ese chaval de barrio cobra tres euros la hora limpiando casas y su hijo tiene que dejar de estudiar a los 16 para llevar un sueldo más.

Al comienzo del escrito puede que pareciera una locura hacer un símil entre un grupo de música y el comportamiento de su público, pero no es casualidad. Es la hegemonía neoliberal del “sálvese quien pueda”, aspiraciones individualistas que nos hacen perder el sentimiento colectivo. Si estoy infectado yo, que se joda el resto.


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