Sueño contigo, una pala y cloroformo


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Ramón Rey


«Quizá no haya ninguna otra relación humana como las relaciones entre los sexos en la que se manifieste con tanta intensidad el individualismo grosero que caracteriza nuestra época. Absurdamente se imagina la persona que para escapar de la soledad moral que le rodea le basta con amar, con exigir sus derechos sobre otra alma. Únicamente así espera obtener esa rara dicha: la armonía de la afinidad moral y la comprensión entre dos seres. Nosotros, los individualistas, hemos echado a perder nuestras emociones por el constante culto de nuestro "yo". Creemos todavía que podemos conquistar sin ningún sacrificio la mayor de las dichas humanas, el "amor verdadero", no sólo para nosotros, sino también para nuestros semejantes. Creemos lograr esto sin tener que dar, a cambio, los tesoros de nuestra propia alma.» 
Mujeres y lucha de clases, El viejo topo, p. 107

La cita anterior de Alexandra Kollontai en su escrito “Las relaciones sexuales y la lucha de clases” de 1911 podría describir a la perfección no sólo la situación actual del individuo en la sociedad neoliberal en relación con las dinámicas interpersonales, sino también el principal dilema al que se enfrenta la protagonista de la novela Sueño contigo, una pala y cloroformo (Patricia Castro, Apostroph, 2019). Alexandra es una joven veinteañera de la periferia de Barcelona que se encuentra atrapada en la mediocridad de una vida precaria cualquiera de la generación millennial en nuestro tiempo. Entre  su relación con un novio distante, un trabajo rutinario y unos estudios que no le proporcionan entusiasmo alguno aparece Júlia. A partir de ahí la autora desarrolla una historia de desamor y anhelos románticos imposibles entre una mujer de inequívoca conciencia de clase obrera y profundas convicciones políticas que intenta aplicar con escaso éxito —y no exenta de multitud de incoherencias— a una perspectiva romántica del amor en la que busca una conexión única, profunda, honesta y libre con alguien incapaz de proporcionar más que una imagen especular de todos los deseos de la protagonista, que utiliza a los demás para satisfacer su vacío posmoderno a través de un mercado de los afectos tan propio de la era Tinder y el poliamor.

La narración en primera persona emerge desde la primera frase con una rabia incontenible, con la frustración de quien ha tenido todo lo que le pedía a la vida al alcance de la mano y se lo han arrebatado. La estructura de la novela ayuda a establecer inicialmente una reacción primaria ante la pérdida, con una violencia soterrada en su estilo sucio y digresivo, que expresa sin tapujos el enfado con el mundo de la autora. Porque aunque es una historia de amor, nadie se salva de la incisiva mirada, la crítica feroz y el cuestionamiento de lo establecido según avanza el relato. Los círculos sociales, políticos y culturales de su entorno reciben buena parte de los ataques directos que Alexandra dedica a la hipocresía, la falta de principios, el elitismo de nuestra época y el capitalismo en general, sin eludir sus propias contradicciones desde un ejercicio constante de distancia irónica autoconsciente que impregna sus actos y reflexiones. Alexandra se sabe un ser patético dentro de un mundo en el que los demás parecen disimularlo o no querer aceptarlo como realidad. Algo que la obliga —como ella misma expresa en cierto momento— a ser la que señala, la contestataria, la que se queja de todo porque nadie más lo hace.

En Sueño contigo, una pala y cloroformo se integra de manera natural conversaciones de WhatsApp, sin las que hoy en día sería imposible entender cómo interactuamos con los demás ni desarrollamos nuestra vida social. Lo hace con un formato sencillo pero que transmite bien esa idea de flujo de conversación e inmediatez que trasciende el espacio y el tiempo de sus personajes. Además, los diálogos reflejan perfectamente el uso idiomático propio de quienes manejan distintas lenguas para comunicarse. Algo que añade especificidad no sólo a la historia sino a cada conversación y las sutilezas de cómo cada uno expresa sus emociones según el contexto y el interlocutor que tiene delante.

Si la primera parte del libro es una reacción, la segunda parte resulta casi en un lamento amargo que aún y todo continúa de forma consistente con el tono canalla que establece desde el principio. A golpe siempre de cliffhanger emocional al final de cada capítulo, la autora maneja muy bien las expectativas del lector para dotar al conjunto de un atractivo envoltorio de tragedia romántica folletinesca hasta el punto de adelantar sin ningún tipo de reparo acontecimientos futuros o interpelar a sus lectores por las auténticas intenciones que pudiéramos tener al interesarnos por la historia de dos mujeres jóvenes y sus hipotéticos encuentros sexuales descritos explícitamente en el texto.

Las referencias a la cultura popular —el cine, la televisión, la música y la literatura—, lejos de ser gratuitas aportan una ambientación simbólica concreta y permiten capturar mucho de la personalidad de Alexandra y del universo mítico en el que se mueve Patricia Castro. Desde Godard a Zygmunt Bauman, pasando por Nirvana o Mad Men, las citas permiten elaborar su visión de las cosas, explicar su postura en cuestiones filosóficas, políticas o amorosas, tocando muchos temas para darle un sentido global casi cosmológico sin perder nunca el sentido del humor. Algo que la escritora refleja constantemente en sus publicaciones de artículos de opinión y ensayo en los distintos medios digitales en los que colabora. Todo con el mismo ímpetu con el que se la conoce a través de Twitter y sus videos de Youtube. Para qué negarlo, su personalidad, imagen y persona pública están muy presentes en esta primera novela que de alguna manera refleja sus inquietudes vomitando emociones y juicios sin filtro, dejando de lado las convenciones o la tradición al aproximarse a la escritura de una novela. Sin querer comparar, pero ubicando con cierta responsabilidad su contenido y sus formas, estamos ante una digna heredera de la generación Kronen en clave actual (comunista, LGBT y feminista) al servicio de la deconstrucción de un personaje y su psicología que representa un idealismo demodé al afrontar el amor queriendo huir de las construcciones sociales tradicionales y evitar esa mercantilización de las relaciones y la cosificación del otro imperante en la actualidad.


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