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La señora Yolanda Díaz contribuye a lavarle la cara a una iglesia con su prestigio degradado por miles de casos de pederastia en sus filas.
Por Lucio Martínez Pereda | 4/02/2024
Yolanda Díaz no para de reunirse con el Papa. Salvando las indudables distancias históricas es como una reedición de la antigua política del Matrimonio del Trono y el Altar. Es un fenómeno de apoyo bidireccional: la señora Díaz contribuye a lavarle la cara a una iglesia con su prestigio degradado por miles de casos de pederastia en sus filas y ella recibe una sanción que parece legitimar la imagen de su política laboral últimamente cada vez más criticada por los votantes de izquierdas exigentes con los resultados prácticos.
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También hay en estas reuniones otra virtualidad política. La derecha tiene su propio centro, pero la izquierda también. No hay un solo centro, hay dos. Y ese doble centro no está desaparecido, está en estado latente, pendiente de ser activado cuando haga falta. Desde el “ centro de izquierdas”, con ligeras modificaciones, se puede intentar pescar apoyos en dos direcciones. La señora Díaz usa Palestina para atrapar a los seguidores de Podemos y usa al Papa para atrapar a los afines al PSOE.
Antes de finalizar me gustaría compartir con ustedes una extrañeza: echo en falta que los dos periodistas palafreneros de la señora Díaz no hayan acudido con urgencia sumisa a hacernos un encomio de esta visita a Su Santidad.
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