Solo hay un imperio

Por Carlos Martínez

Una de las tesis de la izquierda occidental postmoderna es que el mundo ha cambiado tanto que no hay solo un poder imperial sino que hay varios y, básicamente, apenas se diferencian entre ellos. Se suele apuntar como potencias imperiales a Rusia, China e, incluso, a Irán. Nada más alejado de la realidad, desde la rendición del bloque soviético el poder de Estados Unidos es cada vez mayor y más incontestado. No es una opinión, veamos los datos.

La principal moneda mundial es el dólar, el 88 % de las negociaciones de divisas se realizan con dólares, ejerciendo una hegemonía en la economía mundial.

Las 12 principales compañías del mundo tienen pasaporte norteamericano. Cincuenta y seis empresas del top 100 del planeta tienen nacionalidad USA. De las doscientas mayores multinacionales, 109 son usamericanas. Además, muchas de las empresas japonesas o europeas, gran parte de su capital es de origen estadounidense.

El gasto militar norteamericano se acerca a la mitad del gasto mundial bélico. Estados Unidos mantiene bases militares en 70 países alrededor de todo el mundo. Este mismo país  es el en que más guerra ha intervenido y provocado.

El inglés es la actual lengua franca​ o lengua vehicular en todo el mundo. La industria de Hollywood domina el mercado mundial audiovisual.  La agencia de prensa más importante e influyente es Associated Press de Estados Unidos, que cuenta con 4000 periodistas repartidos por todo el orbe, aunque todo se dirige desde Nueva York. Sus noticias llegan a 12 000 medios, lo que supone la mitad de la población mundial.

Dentro del imperio es imposible implementar políticas auténticamente transformadoras e igualitarias.

EE. UU. tiene derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero no ha ratificado ningún tratado internacional por el que pudiera ser juzgado algún ciudadano suyo por crímenes de guerra, de genocidio o contra el derecho de gentes.  De hecho entorpece la justicia penal internacional, puesto que si la hubiera, serían ciudadanos estadounidenses los que coparían los banquillos de acusados.

Las leyes penales y sancionadoras estadounidenses así como sus tribunales ejercen un imperialismo legal y judicial, imponiendo sanciones extraterritoriales a terceros países sin ajustarse al derecho internacional. Ejemplo de ello son, por ejemplo, la Ley Helms-Burton de sanciones al estado cubano y a todos los que tengan relaciones comerciales con este. En la actualidad el régimen de Washington mantiene sanciones unilaterales e ilegales contra los países de Venezuela, Rusia, China, Corea del Norte, Irán y con los gobiernos, particulares o empresas que tengan determinadas relaciones comerciales con ellos.

El régimen de Trump, actúa como un dictador justiciero. Se ha retirado del tratado con Irán sobre energía nuclear y del que limitaba las armas nucleares con Rusia.  

Internet está controlada también por el gobierno yanqui. El registro de nombres y su asignación es competencia de una corporación pública usamericana, el ICANN. Además, desde la promulgación de la “Acta Patriótica” la NSA, CIA y demás organismos de inteligencia del régimen de Trump ejercen un espionaje total sobre las telecomunicaciones mundiales.

Podríamos continuar con muchos más datos que incontestablemente señalan a USA como una potencia imperial que ejerce una dictadura sobre el resto del mundo. Nadie podrá negar que el entramado militar/mediático de USA es el que sostiene el sistema capitalista mundial. La OTAN es el brazo armado del gran capital.

Las leyes penales y sancionadoras estadounidenses así como sus tribunales ejercen un imperialismo legal y judicial.

Cierto es que el imperio no es uniforme. Como en el Imperio Romano, hay estados de primera, de segunda y de tercera. En los países de segunda categoría y aliados de USA, la clase trabajadora tiene nivel de vida aceptable y hay una burguesía abundante y adinerada. Estos estados de segunda categoría, que básicamente lo forman Europa Occidental, Japón, Australia y Nueva Zelanda, mantienen un Estado social y de derecho, que permiten una paz social. Pero la mayoría de Estados que están sujetos a la dictadura de Washington son pobres o muy pobres, como lo son los de casi toda África, Latinoamérica y gran parte de Asia. Y, por último, hay unos pocos Estados muy ricos y muy dictatoriales, como por ejemplo Arabia Saudita y muy violadores de los derechos humanos, como es Israel. A pesar de ello, EEUU no duda en atacar, bombardear y/o invadir países que intentan romper con la política dictada desde Washington, justificando la muerte y destrucción en valores como la democracia y los derechos humanos.

Como dijo en su blog Silvio Rodriguez: La izquierda se identifica (y falta mucho para que eso cambie) por el antiimperialismo. No todo el antiimperialismo pudiera ser de izquierda, pero para ser de izquierda es imprescindible ser antiimperialista. Para mi eso es básico. Y eso no quiere decir antinorteamericano ni anti Estados Unidos. Eso quiere decir en contra de las políticas imperiales hegemónicas de dominación global y regional”.  

Dentro del imperio es imposible implementar políticas auténticamente transformadoras e igualitarias. Solo desde la soberanía económica e independencia real se pudiera emprender el camino hacia el socialismo y la igualdad. Y todos debemos saber que esa soberanía real solo puede alcanzarse desde el acuerdo y la unión de los trabajadores de diferentes territorios, formando estados fuertes que tengan la dimensión y fortaleza suficiente para resistir las agresiones del imperio.


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