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Para el político republicano no era cierto que el socialismo internacional fuera un movimiento “egoístamente obrerista que, respondiendo a un estrecho interés de clase” se preocupase solamente de jornales y jornadas y de obtener ventajas materiales para los trabajadores.
Por Eduardo Montagut | 26/11/2025
“Al Socialismo nada humano no les ajeno”.
Al republicano Luis de Zulueta hemos recurrido en varias ocasiones para conocer su opinión sobre el laborismo en el poder en 1924, sobre el papel de la mujer en la política, etc. En el presente trabajo queremos reflexionar con él sobre la relación entre el obrerismo y el humanismo, dos cuestiones que, al menos, en el pasado, parecían antitéticas, al considerar, especialmente los enemigos del movimiento obrero que era imposible conciliar las preocupaciones obreras, especialmente si estaban vinculadas al materialismo histórico, con el humanismo, algo que muy bien desarticuló en nuestro país Fernando de los Ríos, al que bien conocía el propio Zulueta, llegando a reseñar el famoso libro del intelectual y socialista andaluz sobre el sentido humanista del socialismo.
En el primero de mayo de 1930, en ese intenso período histórico que va desde la caída del poder de Primo de Rivera y la proclamación de la Segunda República, Luis de Zulueta reflexionó en las páginas de El Socialista sobre obrerismo y humanismo.
Para el político republicano no era cierto que el socialismo internacional fuera un movimiento “egoístamente obrerista que, respondiendo a un estrecho interés de clase” se preocupase solamente de jornales y jornadas y de obtener ventajas materiales para los trabajadores.
Al socialismo nada humano le era ajeno, y para ello aludía al llamamiento que desde Zúrich había realizado la Internacional Obrera Socialista. Es verdad que hablaba de las ocho horas, de la concesión de pan y trabajo para los parados o de la unificación del movimiento obrero, pero también aludía a otros temas.
En primer lugar, realizaba un llamamiento a los trabajadores de todos los países para que se manifestasen en favor de la libertad y de la democracia, en favor de la liberación de todos los presos políticos, contra el fascismo y la dictadura, así como contra la carrera armamentística y contra el militarismo, por la paz y el desarme.
Esos deseos que expresaba el socialismo eran comunes a todos los “espíritus liberales”, a todas las “izquierdas del mundo”. De ese modo, el obrerismo contribuía a la causa de la Humanidad.
Además, la Humanidad no podía desentenderse e la causa obrerista. Para Zulueta todos los espíritus liberales debían interesarse por las reivindicaciones obreras, es decir, que tampoco debía serles ajeno nada humano, y el humanismo, si no se basaba en la justicia se quedaba en literatura.
Así pues, en conclusión, cuando los obreros del mundo clamasen en el primero de mayo por la libertad y por la democracia, todos los liberales sinceros, todos los demócratas debían responder con el mismo entusiasmo, “¡Por la Justicia social!”.
Hemos trabajado con el número 6623 de El Socialista del primero de mayo de 1930.
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