Sin velo

Por Zahira Daoudi

Como todos sabéis, mi origen es marroquí, nací en Larache, musulmana, pasé mi infancia en Marruecos colmada de buenos recuerdos. Llevar el hiyab formaba parte de mi día a día, lo veía como algo normal, natural, propio de mi cultura, pero una vez llegué a España veía las niñas de mi edad sin esta prenda, no se cubrían el cabello. Me quité por fin el hiyab cuando llegué a la Universidad, mi pensamiento había evolucionado, quizás de estudiar tan lejos de casa y rodearme de otro entorno.

A comienzos de 2019 promoví el hashtag #SinVelo, que tuvo su auge un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en aquel lejano 2019 donde nadie pensaba que una pandemia nos obligaría a estar encerrados en casa, usar mascarillas, ponernos guantes o que una tercera persona decida a que hora se puede estar en la calle y en qué preciso instante debemos volver a casa.

Se acerca nuevamente el 8 de marzo, día muy especial para las mujeres, para todas las mujeres, incluidas las más jóvenes, donde entre otras cosas se reivindica, guardando las medidas de seguridad, el feminismo, entendido como libertad e Igualdad para la mujer con respecto al hombre, con el único objetivo de llegar a ser iguales. En lo que a mí respecta, el 8M significa además luchar a favor de la Igualdad, la libertad y el empoderamiento de la mujer musulmana, en España.

Es en estos tiempos que corren, de pandemia, donde más pienso en el hiyab y en seguir haciendo campaña contra el velo, en cualquiera de sus formas (hiyab, niqab o burqa) intentaré hacer un símil para que entendáis mi postura. Hoy, marzo de 2021, es obligatorio salir a la calle con mascarilla, el contacto entre personas está limitado al del ámbito estrictamente familiar, nada de besos, abrazos, reuniones o fiestas multitudinarias, etc. ¿Os imagináis toda la vida así? Con un pañuelo o túnica que nos cubra cada vez que salgamos a la calle, algunas veces incluso con guantes y en otras ocasiones el único contacto con el mundo externo es una rejilla que nos permite ver al exterior. ¿Os imagináis que siempre debamos guardar una compostura diferente a la de una mujer occidental a la hora de saludar, hablar o ir a tomar un café con un hombre? Pues nuestra pandemia, nuestro velo, se tiene que eliminar.

Ya no lucho para que la mujer musulmana decida libremente («me río yo del libremente») si ponerse o no ponerse hiyab o cualquier otra prenda islámica, exijo que el feminismo se movilice para que la mujer musulmana tenga exactamente los mismos derechos que la mujer occidental, que no tenga que tapar su cabello, su rostro o su cuerpo cuando salga a la calle, porque el Corán no lo exige, y si lo exigiera, se tendría que adaptar, como lo hacen las Constituciones, al momento actual on el que vivimos.

Reto a los partidos políticos, a los colectivos feministas, a las comisiones Islámicas, a los periodistas e incluso a las ONG a que luchen por la mujer musulmana, por su integración, por su empoderamiento, por la igualdad plena frente a la mujer musulmana, contra el machismo que se ejerce desde el islam más conservador, ejercido por el hombre. La revolución islámica se iniciará cuando la mujer musulmana se integre en plenitud en la sociedad que tanto les debe.

 

Zahira Daoudi, musulmana, feminista y #Sinvelo

 

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