«A través de la revolución, aprendimos cómo una mujer se protege, cómo llega a conocer su historia y cómo recupera su identidad»
Por Sorkel Sheikho | 6/08/2026
Rojava representa algo más que la parte más pequeña de un Kurdistán dividido por fronteras impuestas; es una tierra nutrida por la sangre de miles de combatientes que vinieron de diversas partes de la tierra, junto con combatientes internacionales que lucharon a su lado en la batalla para defenderla.
Desde el estallido de la revolución del 19 de julio de 2012 en la ciudad de Kobane, la región ha pagado un alto precio, con decenas de miles de milicianos y milicianas que se convirtieron en mártires, sentando las bases de un proyecto político y social que continúa hasta el día de hoy, mientras que las generaciones posteriores han asumido la responsabilidad de proteger lo logrado y continuar el camino que iniciaron los mártires.
Sidar Ma’sum Khalaf, administradora general de la rama femenina de las Fuerzas de Seguridad Interna (FSI), es una de las figuras que ha vivido las distintas etapas de la revolución. En 2016, conmovida por el martirio de su hermana Berivan, dejó la escuela y se unió a las FSI, iniciando un camino que la llevó desde los frentes de Raqqa, Deir ez-Zor y el campamento de refugiados de Al Hol, hasta la fase actual de reestructuración de las FSI en virtud del acuerdo del 29 de enero entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y el gobierno interino sirio.
La revolución cambió el significado de la vida y el camino de las mujeres
Sidar afirmó que el cambio de la escuela y el hogar a portar armas no fue fácil, pero le dio un nuevo sentido a su vida. Explicó que la revolución fue el punto de inflexión que le hizo comprender el motivo de su lucha y su identidad.
“Después de ver a mis familiares y amigos unirse a las Fuerzas de Seguridad Interna, yo también sentí la necesidad de unirme a ellas y formar parte. Antes de eso, no veíamos ni sentíamos otra vida más allá de la escuela y el hogar. Pero una vez que formé parte de esta revolución, comprendí por qué vivo y cómo conocerme a mí misma”, explicó.
Sidar añadió que la diferencia entre la vida tradicional y la de una mujer involucrada en la revolución se asemeja a una lucha entre dos formas distintas de conciencia y dos culturas diferentes. Para la miliciana, la revolución abrió la puerta para que las mujeres aprendieran su historia, se defendieran y recuperaran su identidad.
“No cabe duda de que la vida familiar y la vida dentro de las Fuerzas de Seguridad Interna son completamente diferentes: son como una lucha entre dos formas distintas de conciencia, dos mentalidades, dos culturas. A través de la revolución, aprendimos cómo una mujer se protege, cómo llega a conocer su historia y cómo recupera su identidad”, expresó.
Sidar aseguró que “para una persona encontrarse de repente con que había dejado atrás su hogar y sus libros para portar un arma, y que la responsabilidad de proteger la seguridad de toda una comunidad recayera sobre sus hombros, no es fácil. Hubo dificultades, pero también adquirimos experiencias muy valiosas que nos ayudaron a forjar nuestros personajes”.
La miliciana subrayó que el pueblo de Rojava no esperó a que otros vinieran a defenderlos. Por eso, tomaron las armas en defensa del pueblo, se enfrentaron a ISIS y a la ocupación turca, y participaron en decenas de operaciones de seguridad para proteger a la comunidad.
De un sueño de medicina al camino de la lucha
Sidan indicó que las mujeres kurdas se negaban a someterse o aceptar la vida de subyugación y servidumbre que las organizaciones extremistas intentaban imponerles. Añadió que la lucha no solo era en defensa de la tierra, sino también de la dignidad, la identidad y el derecho de las mujeres a gestionar sus propias vidas y su sociedad. La miliciana señaló que las mujeres habían trascendido los roles tradicionales, optando en cambio por el camino de la lucha, el conocimiento y la investigación histórica.
Sidar reveló que su sueño de infancia era ser cardióloga, pero las condiciones que sufrían los kurdos en Siria, al verse privados de sus derechos e identidad, y luego el estallido de la revolución, cambiaron por completo el rumbo de su vida. Ante esa situación, contó, que lo que más les dio fuerza fueron las palabras de las mujeres liberadas que afirmaban haberse despojado del “manto de la servidumbre” y haber recuperado su libertad, considerando la recuperación de la identidad kurda y la liberación de las mujeres de la subyugación como el mayor logro alcanzado.
“Tenemos derechos que deben ser reconocidos”
Al hablar sobre el futuro de Siria, Sidar criticó el desprecio por la voluntad de las mujeres durante la fase de transición, afirmando que los derechos de las mujeres no son un favor otorgado por ninguna autoridad, sino derechos inherentes que deben estar consagrados en la Constitución, independientemente de si las mujeres participaron o no en el combate.
“Tras quince años de guerra contra el terrorismo y los ocupantes, y con el cambio de gobierno en Siria, no reconocer la voluntad de las mujeres es una política deliberada -advirtió-. Continuaremos nuestra lucha hasta que nuestros derechos estén consagrados en la Constitución. Pero no esperaremos, ni nos haremos dependientes del gobierno interino para que reconozca nuestros derechos constitucionales, porque estos derechos ya son nuestros derechos fundamentales”.
Sidar aseveró que “un gobierno que no acepta la presencia de las mujeres en puestos de toma de decisiones, en la realidad de su propia conciencia, tampoco reconoce a la madre, la hermana y las hijas de su sociedad”.
A esta reflexión, agregó que las mujeres que lucharon y se sacrificaron no volverán a la “vestidura de la servidumbre”, y enfatizó en que el verdadero Islam aboga por la justicia y la igualdad, mientras que los grupos extremistas utilizan una interpretación radical de la religión para restringir a las mujeres y excluirlas de la vida pública.
Sidar manifestó que Siria está entrando en una nueva etapa y que no se puede construir un nuevo Estado con una mentalidad obsoleta que excluye a las mujeres. La igualdad entre hombres y mujeres, dijo, es el imperio de la justicia, y la garantía de los derechos de las mujeres en la Constitución deben ser pilares fundamentales del futuro del país, ya que las mujeres fueron socias esenciales en la lucha y también deben serlo en la construcción del Estado.
La miliciana alertó sobre el peligro de repetir el error histórico que siguió a la Primera y la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres participaron en los combates solo para ser posteriormente excluidas de las mesas de negociación y de la búsqueda de la paz. “Las mujeres de Rojava no aceptarán que se repita este escenario y no permitirán que los sacrificios de quince años se reduzcan a decisiones tomadas únicamente por hombres”, remarcó.
Sidar finalizó diciendo que las mujeres exigirán ser socias de pleno derecho en la configuración del futuro de Siria, en la toma de decisiones y en la determinación del destino de los pueblos, ya que los sacrificios realizados durante los años de la revolución les otorgan este derecho, “uno que no puede ser ignorado ni arrebatado”.
*Publicado en la agencia de noticias JINHA / Traducción y edición: Kurdistán América Latina


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