‘Shorta’: cómo el capitalismo y su modelo migratorio fallido crea guetos y alimenta a la extrema derecha

Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid nos brindan un film que nos lleva a reflexionar sobre inmigración, marginalidad, delincuencia y abuso policial.

Por Oriol Sabata | 16/08/2024

Hace poco he tenido el placer de ver una película danesa que aborda una temática muy actual y a menudo muy silenciada por lo que podríamos llamar la corriente de lo políticamente correcto dentro del campo progresista. Shorta, el peso de la ley, rodada en 2020 y estrenada en España en 2021, es un film escrito y dirigido por Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid que nos habla de inmigración, marginalidad, delincuencia y abuso policial.

La trama del largometraje se desarrolla en el gueto danés de Svalegarden (nombre ficticio). El detonante es la muerte de Talib, un joven inmigrante supuestamente delincuente que muere a manos de la policía tras tratar de huir de los agentes. Un hecho que desencadena graves disturbios en el conflictivo suburbio. Un barrio sin ley, donde grupos criminales se han erigido como autoridad y donde la policía evita entrar lo mínimo posible para esquivar sus hostilidades.

Anders Ølholm y Frederik Louis Hviid muestran ante los ojos del espectador los estragos de un modelo migratorio multicultural fallido en el que la masividad y la falta de políticas de integración en la sociedad de acogida ha convertido a Svalegarden en un nido de pobreza y delincuencia sin futuro alguno para las generaciones más jóvenes.

Los cineastas daneses nos hablan también sobre el abuso y la violencia policial como única respuesta ante esta cruda realidad social. No es de extrañar, por ello, que en todo el largometraje no aparezca ni una sola figura relacionada con la política. A lo largo de toda la cinta, los dirigentes políticos, responsables directos de este modelo desastroso, permanecen ausentes, evadiendo sus obligaciones en este asunto. De manera que no hay ninguna respuesta estructural y política al problema del gueto, sino solo represiva. En esa misma línea, se nos dibuja a unos agentes frustrados, invadidos por el odio y desbordados por el contexto, que los lleva a asumir situaciones límite hasta el punto de poner en riesgo sus propias vidas y las de los residentes.

Nos equivocaríamos si pensamos que Shorta, el peso de la ley nos habla solo sobre Dinamarca. Por desgracia, la realidad que se describe en este film puede extrapolarse a toda Europa, donde el mismo modelo y los mismos ingredientes están creando un mapa cada vez mayor de guetos en las grandes ciudades del continente. Un panorama insostenible provocado por el modelo migratorio fallido impulsado por la élite política capitalista, siempre desde la comodidad de la lejanía al gueto. Un polvorín cuya violencia y represión estalla de manera cíclica y que actúa como una fuente constante de alimentación y crecimiento de la extrema derecha continental.

Sin duda nos encontramos frente a una película valiente, que se aleja de lo políticamente correcto y que nos invita a reflexionar sobre lo que será probablemente la cuestión central en Europa durante las próximas décadas.

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