Semillas de Kivu, el fracaso de la humanidad

Las protagonistas, una pequeña muestra de las víctima de este capítulo de la guerra contra las mujeres, no son tan distintas a las que sufrieron esa misma violencia en Bosnia, en Tigray, en Sudán.

Por Angelo Nero | 5/01/2025

Néstor López y Carlos Valle iniciaron, en 2017, un ambicioso proyecto para visibilizar a las mujeres que son utilizadas como arma de guerra, en uno de los lugares del mundo donde esta lacra, tan generalizada en otros escenarios bélicos, parece haberse generalizado, la República Democrática del Congo. Para hacernos una idea de la magnitud de este crimen contra la humanidad, en Tigray, en los dos años de guerra, se estima que unas 120.000 mujeres y niñas han sufrido algún tipo de agresión sexual; en el Congo, en un período que comprende ya tres años de guerra continuada, un millón de mujeres corren riesgo de sufrir violencia sexual cada año.

Esta triste realidad, que no merece ningún titular en nuestros periódicos, ni en nuestros informativos, se conoce gracias a trabajos como el que han realizado estos dos directores, “Semillas de Kivu”, para lo que se desplazaron a la zona, en principio, para centrar su documental en el Premio Nobel de la Paz de 2018, el ginecólogo Denis Mukwege, fundador del Hospital Panzi en Bukavu, donde ha tratado a miles de mujeres violadas, desde 1998. “Pero después, cuando llegamos y empezamos a ver la realidad, nos dimos cuenta de que Mukwege nos daría el marco y el hilo conductor, pero que las protagonistas tenían que ser ellas, las mujeres, y su empeño de reinserción tras las atrocidades que han sufrido y tras haber tenido hijos fruto de esas violaciones”, explica Néstor López a El País.

Las protagonistas, una pequeña muestra de las víctima de este capítulo de la guerra contra las mujeres, no son tan distintas a las que sufrieron esa misma violencia en Bosnia, en Tigray, en Sudán, todas ellas comparten las mismas heridas, los mismos traumas, y, a menudo, el rechazo de su propia comunidad, a los que los hijos nacidos de esa violencia les trae el recuerdo de aquellos que entraron en sus pueblos a sangre y fuego, cebándose siempre en los más débiles, en los civiles desarmados, casi siempre mujeres y niños. “Ellas son las que impactan e impresionan. De ahí el título. Ellas son las semillas de esperanza, seres humanos que luchan por salir adelante y por recuperar su lugar en la sociedad”, señalaba López entrevistado por el diario madrileño.

El documental certifica el fracaso de la humanidad, el olvido de la comunidad internacional ante la utilización del cuerpo de las mujeres como arma de guerra, sobretodo cuando las cifras no dejan de crecer. Según un informe de Amnistía Internacional, “Todas las fuerzas armadas que combaten en el conflicto de la República Democrática del Congo han cometido violaciones y actos de violencia sexual, incluidas las de los gobiernos de la República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi y Uganda. Se ha violado a niñas de tan sólo 6 años y a mujeres de más de 70. Y es habitual someter a violencia sexual a las mujeres enfermas, embarazadas o con alguna discapacidad, que no pueden, por ello, huir de sus agresores.”

“Semillas de Kivu” es un viaje al corazón de las tinieblas, al horror que miles de mujeres sufren por su simple condición de mujer, pero es también un viaje necesario, para no olvidar que detrás de las cifras hay historias como las de una joven que narra ante las cámaras: “Tenía 12 años. Oí disparos y los hutus ruandeses entraron en mi casa. Golpearon a mi padre, que murió en el acto por un machetazo. Violaron a mi madre delante de todos nosotros, luego llegó el turno de mi hermana, después el mío.” Porque el mundo debe de dejar de mirar hacia otro lado, debemos horrorizarnos una y otra vez, y exigir a la comunidad internacional que detenga este genocidio larvado.

El documental, estrenado en la Seminci de Valladolid, está nominado al Goya en la categoría de Mejor cortometraje documental.

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