Están llegando las viejas aporías
España no puede permitirse claudicar frente a la voracidad inmobiliaria de los fondos buitre, el negocio bancario, el proseguir con el sostenimiento de la Iglesia Católica y la política de contrataciones públicas con sus sospechosos sobrecostes. Ya no, entre otras razones, porque de modificar esos privilegios depende nuestra sanidad y educación públicas, las pensiones, la dependencia y la economía de la ciudadanía que, paradójicamente son quienes los financian.