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La ley Loreta

Por Daniel Seixo Tras el estallido de una guerra sin cuartel en el feminismo, la oportuna propagación de columnas de opinión directamente insertas en la propaganda pactada contra la disidente y frente a un amplio repaso

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Crónica triste de un mundo rural moribundo

Por Rubén Ruiz Fernández. Compañero de la CNT de Valladolid y del grupo libertario Sendero Negredo de Traspinedo. La población rural es el almacén del que la humanidad, cuando empieza a marchitarse, saca nuevas fuerzas

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Las colas del hambre

Por Víctor Arrogante Si hay algo que me produce ansiedad y provoca en mí un enojo exacerbado, son las imágenes de personas haciendo cola para recibir alimentos y productos de primera necesidad. Que eso ocurra en

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Omega

Detrás de cada testimonio existe un sufrimiento que sería ultrajado si se permite que caiga en el olvido al que van abocados, a menos que aboguemos por la responsabilidad común que le debemos a todas las víctimas. No sería justo que dentro de unos años únicamente se honrase a todas aquellas gentes anónimas, cuyos nombres no aparecerán jamás en los boletines, en los gráficos o en los periódicos, mediante un mero acto político, una insignificante placa o unos insuficientes minutos de silencio.

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27 de enero. Recordar hoy y por siempre. Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto.

Los deportados españoles son los grandes olvidados. Existe un desconocimiento generalizado de estas víctimas del franquismo y del nazismo. La mayoría vivieron la Guerra de España, partieron para el exilio en Francia y allí les sorprendió la Segunda Guerra Mundial. Estos hombres y mujeres, muchos de ellos héroes en Francia, para España son seres ignorados. Jamás ha existido un reconocimiento a nivel estatal a estos españoles que lucharon contra el fascismo y por la libertad. La ‘modélica transición’ y la ‘democracia’ cubrieron su lucha y su memoria con un velo de indiferencia.

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Victoriano Crémer en el recuerdo

Nos habían colocado contra una de las tapias del patio, uno al lado del otro, formando un friso de silenciosos fantasmas, de acongojados pre-muertos. (…) Y sonó la descarga… Y fue entonces, en esa rapidísima porción de tiempo, que no es ni tiempo siquiera, desde que sonó la explosión de los fusiles hasta la muerte prevista, cuando se me proyectó la estampa completa, agitada, de mi vida (…) La tragicomedia había terminado. Nos volvían a las celdas como resucitados…