Seamos Insurgencia

Por Daniel Seijo

“Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades…¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero -le repito- a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante”

Buenaventura Durruti

“Los artistas son los verdaderos arquitectos del cambio y no los políticos o legisladores que aplican el cambio luego de que sucedió.”

William Burroughs

 

Admito que la primera vez que escuché hablar de La Insurgencia, su nombre venía acompañado en los medios digitales de una batería de adjetivos que parecían presentarme a un veterano conjunto de guerrilleros FARC o a los mejores discípulos la banda Baader-Meinhof más que a un colectivo internacional de rap reivindicativo. Por desgracia, supongo que esto es algo normal en un contexto en el que en un mismo programa/periódico –sinceramente cada uno ponga aquí el nombre que le parezca– debe tratar la actualidad política, la última estafa de la mafia del cartón, la “dictadura” en Venezuela o cualquier otro país que no comprometa excesivamente la publicidad del medio, el color de las bragas de la famosa de turno o la crisis catalana, y todo se debe hacer en espacios cada día más precarizados y recluidos entre la presión de las notiicas trending topic –por estúpidas que estas sean– y las audiencias de los reallity más disparatados. Dudo mucho que la mayoría de los periodistas o tertulianos –esa figura que todo lo sabe, pero nada entiende– se molestasen en dedicar un par de horas a escuchar la música de los componentes de La Insurgencia, porque precisamente ese es el motivo por el que esos 12 raperos se enfrentan a penas de prisión: por su música, por sus palabras.

Escuché hablar tarde de La Insurgencia, seguramente debido a que hacía ya bastante tiempo que Eskorbuto o Silvio Rodríguez ocupaban más horas en mis reproductores que lo que podía hacerlo la música rap, Tupac, Public Enemy o Run- DM.C. hablaban de otras realidades muy lejanas, y por desgracia la mayoría de los raperos españoles de aquel entonces se empeñaban en imitarlos, pero cuando el “No tenemos nada que perder” de Pipe Díaz comenzó a sonar en los altavoces, enseguida comprendí el motivo por el que la Fiscalía de la Audiencia Nacional acababa de pedir una pena de dos años y un día de cárcel para doce raperos de La Insurgencia.  Nadie en su sano juicio puede creerse que Pipe, Saúl, Inessa o Lokutor, supongan una verdadera amenaza violenta para el estado español por mucho que en sus letras llamen a la lucha armada, al igual que por mucho que la justicia española se empeñe en sacar frases de contexto –que lo ha hecho– nadie debería ver enaltecimiento del terrorismo en una música que al lado de las catarsis entre esvásticas del RAC sigue pareciendo cuanto menos inocente, aunque no del todo inofensiva para el estado.

Cuando La Insurgencia canta contra el estado, contra la precariedad laboral, la Constitución, el franquismo, el empresariado, los GAL, la policía…. Cuando en definitiva La Insurgencia canta revolución o nada chico, el rap pasa a un segundo plano. Para el estado poco variaría ver a Pipe o Sául cantando chirigotas o exponiendo su mensaje en Arco, cuando el arte es revolucionario, el artista se convierte en un enemigo para el sistema, y en las democracias menos asentadas esto suele acarrear los más variados intentos por acallarlo.

En Nueva Revolución también sabemos lo que es la censura, también conocemos el precio que deben pagar quienes no dan finalmente su brazo a torcer, por eso nosotros también somos La Insurgencia

En un contexto de represión económica y política del estado español contra las clases sociales más desfavorecidas, la torticera y extremista interpretación de nuestras leyes por parte del gobierno del Partido Popular –y de las instituciones que de una u otra forma este controla– parecen pasar más desapercibidas para el conjunto de la población que durante la propia dictadura. Tan solo así podemos explicar la complacencia y pasotismo de nuestra población con un sistema que presiona a los medios de comunicación, manipula impunemente los contenidos o se atreve incluso a secuestrar publicaciones como en los peores momentos del franquismo. Es por eso que el estado actúa con innegable desmedida contra el colectivo de La Insurgencia, contra Valtonyc o Contra Pablo Hasel, la ignorancia y la pseudocultura suponen una utopía para sus intereses, y no puede permitir que un grupo de raperos venga a intentar removerlo todo.

No tengo mucho más que decir, supongo que a quienes os interese realmente el caso en cuestión entenderéis que en esta ocasión os remita  a vuestro propio esfuerzo buceando un rato por la red para que podáis buscar los detalles de la causa contra La Insurgencia, la Operación Araña, la censura creciente en Twitter o tantos y tantos otros casos de censura y persecución ideológica en nuestro país, quizás entonces os daréis cuanta de lo peligroso de limitar nuestro derecho a una información digna y plural, un derecho que hoy desgraciadamente vuelve a estar limitado en España. Aprovecho también para anunciaros que los chicos de La Insurgencia comenzarán este mismo viernes a escribir habitualmente con nosotros en el espacio que Nueva Revolución tiene en El Salto, y os invito en nombre del colectivo a acudir al concierto que el próximo 3 de febrero ofrecerán en A Coruña – Galiza. En Nueva Revolución también sabemos lo que es la censura, también conocemos el precio que deben pagar quienes no dan finalmente su brazo a torcer, por eso nosotros también somos La Insurgencia.

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