Sé tú la violada

Del mismo modo que la abolición de la prostitución, sin encarar una renta básica universal o la derogación de la ley de extranjería pueden tensionar la vida de muchas mujeres, tampoco la regularización de la prostitución daría alternativa alguna para esas mismas mujeres más allá de alquilar su cuerpo

Por Daniel Seixo

«Si la prostitución se llega a considerar como un trabajo, eso tiene efectos sobre el imaginario simbólico que tiene la sociedad acerca de las mujeres. Es enviar el mensaje de que, de una forma u otra, todas somos prostituibles.“

Rosa Cobo

«Que te babee y te manosee un extraño te destroza como persona»

Amelia Tiganus

“La prostitución es la más horrible de las aflicciones producidas por la distribución desigual de los bienes del mundo.”

Flora Tristan

«La prostitución es una relación que afecta no sólo a la prostituta, sino también al prostituyente, cuya ignominia es todavía mayor»

Karl Marx

Sin duda el de esclavista es el oficio más antiguo del mundo. Y solo tras la aparición y el ejercicio de esta bárbara profesión al servicio del patriarcado, pudo surgir la prostitución.

Nuevamente, se abre en el estado español el bronco debate acerca de la prostitución. En esta ocasión, el guirigay se retoma con renovada vitalidad a tenor de la enconada admisión parlamentaria de la proposición de ley socialista que busca avanzar cara a la abolición de la misma, mediante la persecución del proxenetismo no coactivo, las sanciones a los clientes de prostitución y la recuperación de la tercería locativa. Esta última figura se recobra del Código Penal de 1973 –que el gobierno de Felipe González había despenalizado en 1995– otorgando las herramientas legales necesarias para lograr establecer penas de prisión de dos a cuatro años, multas de 18 a 24 meses y la posibilidad de clausurar los establecimientos de todos aquellos propietarios de locales en los que se ejerza la prostitución. A simple vista, todas ellas medidas que suponen una firme apuesta por el avance en materia abolicionista y que difícilmente podrían causar malestar alguno en el seno de la izquierda y el feminismo.

Pero enmarcado este debate en la resaca de las disputas políticas e ideológicas entre los socios de gobierno –fruto de la tramitación parlamentaria de la ley del «solo sí es sí»– y apenas transcurridas 24 horas desde que los socialistas decidieran presentar su propia propuesta de ley, alternativa y a su vez perfectamente complementaria al texto insignia del Ministerio de Igualdad, la discusión acerca de la abolición de la prostitución cobra de nuevo un cariz con altas dosis de cinismo, un claro matiz de oportunismo y no pocas pinceladas de ultraliberalismo burdamente camuflado entre formaciones políticas aparentemente progresistas. Admitámoslo, ciertamente resulta complicado llegar a confiar en la buena voluntad del PSOE para encarar firmemente una tarea como la abolición de la prostitución, cuando todas somos conscientes de que además de una flagrante violación de los más mínimos derechos humanos, la explotación sexual supone a su vez un lucrativo negocio que tan solo en el estado español mueve más de cinco millones de euros al día, mediante la coacción e impuesta enajenación de más de 45.000 mujeres. Obviamente, somos perfectamente conscientes de que el Código Penal en la actualidad ya persigue el proxenetismo coactivo y que incluso existen vías para castigar legalmente a quienes se lucren con la prostitución de otra persona, siempre y cuando medien condiciones gravosas y desproporcionadas. No se preocupen, lo sabemos, tal y como también somos perfectamente conscientes de que en esa mal llamada Piel de Toro, en la que existe un campo de concentración para mujeres explotadas sexualmente en cada carretera general, y en la que cuatro de cada diez hombres admiten ser violadores previo pago, apenas se persigue la policial o legalmente la explotación sexual.

No nos engañemos, las leyes parlamentarias en una democracia burguesa son totalmente incapaces de conseguir por sí mismas la abolición de la prostitución. Debemos ser plenamente conscientes de ello y depositar en los preceptos allí surgidos únicamente la esperanza de una utilidad momentánea capaz de otorgarnos una ventaja, quizás definitiva, en el inmenso trabajo social que sin duda requerirá el largo camino hasta la abolición de la explotación sexual. Quizás esta ley sacada adelante con 232 votos a favor, 38 en contra y 69 abstenciones, no tenga utilidad a la hora de conseguir el cierre de todos esos campos de concentración para mujeres transformados en clubs de recreo para los nuevos bárbaros del patriarcado, puede que resulte complicado llegar a focalizar y responsabilizarlos mediante sanciones económicas y que incluso resulte sumamente complicado hacer entender entre nuestras propias filas que el consentimiento a la explotación sexual previo pago, no deja de suponer una violación. Puede que en el peor de los casos esta ley no sirva para nada de todo esto, pero en sus mínimas posibilidades ya ha logrado evitar la normalización de la visión de la prostitución como un simple trabajo más, impidiendo con ello la puesta en marcha de una nueva lógica regulacionista por parte de la llamada nueva izquierda, que en última instancia únicamente pretende avanzar mediante el pacto con el proxenetismo en la elaboración de un marco laboral y social para la supuesta funcionalidad de la explotación sexual en nuestro tejido social.

Pocas podrán sorprenderse a estas alturas contemplando como desde Podemos se intenta avanzar en la vía de la normalización de la explotación sexual. El partido morado, liderado ideológicamente en la sombra por quién tras el Salón erótico de Barcelona decidió poner «rodilla en tierra» con la actriz porno Amarna Miller y hace apenas unas semanas manipuló las intenciones de una multitudinaria concentración abolicionista para intentar desprestigiarla, ha jugado siempre a la equidistancia y al dejarse querer con la industria de la explotación sexual, cuando no la ha abrazado firmemente de la mano de su filial catalana comandada por la extremadamente cínica autoproclamada feminista Ada Colau.

Tampoco nos debe sorprender a estas alturas la postura del ultraliberalismo de Ciudadanos capaz de apoyar el alquiler de vientres o incluso la venta de órganos humanos si resultase necesario para el correcto desarrollo del mercado capitalista, pero la ignominia del quintacolumnismo más atroz comienza a hacer acto de presencia en el triángulo de la Jonquera parlamentario, en el que las formaciones catalanas excusan o directamente apoyan la explotación sexual. Especial mención llegados a este punto a las palabras de la diputada de la CUP, Mireia Vehí, quién inexplicablemente desde el marco de la izquierda ha llegado a asegurar que no existe consenso internacional acerca de que la prostitución sea igual a la violencia machista…

Y este es el marco real en el que se juega la tímida baza de la legislación del parlamentarismo burgués por parte de un partido tan poco fiable como el PSOE. Una situación política y social en la que determinadas formaciones pretenden ganar rédito electoral normalizando la industria del porno, incluso catalogando a unas de sus subcategorías como «porno feminista», pero nada te dicen esas mismas formaciones políticas de los numerosos suicidios en la industria de la violencia sexual televisada, ni se atreven a cotejar en público la lista de tendencias de esas páginas web pornográficas en las que la violencia con mujeres racializadas, embarazadas o incluso refugiadas políticas, excita e inicia en la vida sexual a generaciones muchachos que ven respaldados esos actos por la gracieta en redes sociales del líder político progresista de turno. Un parlamento en el que políticas aupadas a la vida acomodada por el voto de miles de compañeros y compañeras de izquierda, se dedican ahora a defender el trabajo sexual para otras, para las obreras. Nunca una parlamentaria alquilando su cuerpo como orificio de entrada del patriarcado más brutal, nunca una Ministra de Igualdad ejerciendo como campo de experimento para que un putero tras otro perfeccionen la última práctica de sadismo aprendida en su página porno favorita. La libertad para ser putas defendida para aquellas que no llegan a final de mes, para las más jóvenes e influenciables, para aquellas que víctimas de la violencia sexual alimentada por el porno deciden al menos poner precio a su sufrimiento. Y tampoco veremos a muchos parlamentarios de esos partidos que dicen defender la prostitución destaparse como puteros. Porque obviamente en un estado en el que cuatro de cada diez hombres son explotadores sexuales, el progresismo defiende la idea de una prostitución sin puteros. Ellos siempre permanecerán ocultos, siempre en la sombra. Solo así resulta asumible vender tus principios y regularizar la esclavitud de la mujer.

¿Y acaso que pretenden quienes abogan por regularizar la prostitución en España? ¿Ofertas de sexo, cerveza y perrito caliente por 55 euros como en Alemania? ¿Escaparates de la vergüenza como en Amsterdam? ¿Derechos para los consumidores en caso de que una mamada no sea lo suficientemente satisfactoria? ¿Poder acudir a Facua? ¿Ofertas en la oficina del paro para que las mujeres precarias o jóvenes y sin experiencia puedan engancharse al mundo laboral? ¿Pretenden que aprovechemos nuestra crisis migratoria para importar trabajadoras «cualificadas» capaces de satisfacer a nuestros puteros por un permiso de residencia? ¿Qué pretenden cuando dicen pensar en las víctimas de la explotación sexual? ¿Perpetuar la mera reducción de millones de mujeres a meros objetos de consumo?

Porque ese es centro real del debate. No, la prostitución no es un trabajo. No supone vía de autorrealización alguna para las mujeres que se ven impelidas a ejercerla, ni tampoco supone la venta de la fuerza de trabajo de la mujer, sino que esta se ve apartada de esa posibilidad y abocada por tanto a alquilar su propio cuerpo por horas como mera mercancía en manos del putero. Y eso es lo que nunca se atreve a mencionar un regulacionismo totalmente alienado en las más cínicas y profundas lógicas del capitalismo, avanzar cara a la regularización de la prostitución, normalizar la concepción de la mujer como mero objeto de consumo para los hombres y enmascarar la explotación sexual mediante una lógica laboral, abre la puerta a la normalización y reproducción social de todas esas preguntas que hace apenas segundos han debido escandalizar a cualquier persona con un mínimo respeto por los derechos humanos. Institucionalizar las relaciones de dominación presentes en la prostitución supone dejar definitivamente en manos de las dinámicas del mercado el futuro de las víctimas de explotación sexual.

Si bien es cierto que la tercería locativa sin un escudo social fuerte y una política de vivienda adecuada puede causar disfunciones sociales fuerte en el acceso a la vivienda entre las mujeres víctimas de la prostitución, no lo es menos que esa supuesta regularización puede someter a dinámicas de explotación extrema a mujeres precarias que pueden verse arrastradas a alquilar su cuerpo por una habitación o a convertir la búsqueda de vivienda en una condena permanente en un piso convertido en prostíbulo. Del mismo modo que la abolición de la prostitución, sin encarar una renta básica universal o la derogación de la ley de extranjería pueden tensionar la vida de muchas mujeres, tampoco la regularización de la prostitución daría alternativa alguna para esas mismas mujeres más allá de alquilar su cuerpo por un permiso de residencia o un salario fruto del sexo sin deseo, sexo por tanto enmarcado en la violencia. Desengañémonos, debemos ser conscientes de que la abolición de la prostitución es una larga senda que va intrínsecamente ligada a la abolición del sistema capitalista, pero del mismo modo que ninguna persona en su sano juicio se opondría a las diferentes legislaciones laborales progresistas por verse inmersas en el marco del trabajo asalariado o tampoco dudaríamos a la hora de negarnos en redondo a la hora de retomar la concepción del ser humano como mera mercancía en manos de la burguesía mediante la rehabilitación del sistema esclavista, hoy resulta indigno escudarse en un supuesto regulacionismo para defender la vigencia y normalización de la explotación sexual de la mujer en el sistema prostitucional.

Quedan muchas cosas por cambiar, mucho por avanzar y mucha recorrido para poder hacerlo. Por eso resulta vital comenzar a dar pasos firmes en la senda de la abolición.

4 Comments

  1. Qué podemos esperar del capitalismo? Una ideologia que mercantiliza todo para sacar beneficios económicos,jamàs verá a las personas como algo más que productos al servicio del sistema.

  2. Artículo impecable. Hay que denunciar a esa llamada «izquierda» que está atravesada por el liberalismo. Abolición o barbarie.

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