Se aproxima la última gran crisis económica global (II)


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ROBINSON DEVIA G.
Movimiento La Voz de la Consciencia

Después de evidenciar dos grandes terremotos financieros mundiales, en 1907 y en 1929, y más recientemente tres del mismo tipo, sectorizados en Iberoamérica, es decir, en Argentina, España y Venezuela, es totalmente válido que reflexionemos con la siguiente pregunta: ¿ESTÁS PREPARADO PARA UN TERREMOTO FINANCIERO?

Los movimientos telúricos siempre han sacudido al planeta; con el paso del tiempo la humanidad se ha venido adaptando y tomando medidas preventivas frente a estos; sin embargo, siempre nos terminan tomando por sorpresa y es cuando el caos se apodera de todo, el instinto de supervivencia se dispara y la adrenalina sube a su máximo nivel, todos corren, gritan, lloran, llaman, muchos quedan estupefactos porque en cuestión de segundos ven como las realidades cotidianas se transforman en una sombría y dolorosa experiencia, donde literalmente ven como todo se derrumba.

Quizás muchos ni recuerden los famosos simulacros de “Qué hacer en caso de terremoto” …pues hasta hoy ese tipo de movimientos, que estremecen la tierra, son sectorizados, es decir, jamás se han manifestado en los cinco continentes a la vez y en sus respectivas extensiones al mismo tiempo.

Pensando en lo anterior, reflexionaba sobre si existe alguna iniciativa en el planeta que nos prepare para afrontar un terremoto financiero de grandes magnitudes, el cual podría afectar a todas las regiones del planeta donde la gran mayoría de los seres humanos son totalmente dependientes del sistema económico mundial. Esa es la realidad futura que mi buen amigo Manuel López nos plantea inteligentemente en su artículo SE APROXIMA LA ÚLTIMA GRAN CRISIS ECONÓMICA GLOBAL”; la ventaja de los terremotos financieros frente a los telúricos es que los primeros se pueden predecir, mientras los segundos no. Es decir, ambos son terriblemente catastróficos y cobran vidas, pero los financieros pueden ser previstos por los más apercibidos y de allí tomar medidas de manera anticipada que nos ayuden a minimizar los efectos colaterales de los mismos.

¿Pero cómo hacer para enfrentar una grave crisis telúrico-financiera mundial, donde el mercado bursátil se desplome, el dólar quede como el marco alemán después de la post-guerra en 1920 y el mundo financiero se resquebraje frente a los ojos de los crédulos e incrédulos?

Existen antecedentes históricos que este tipo de movimientos sísmico-financieros bien marcados, preceden algo mayor. Veamos:

En el año 1907, el señor J.P. Morgan por medio del empeño de grandes sumas de su propio dinero convenció a múltiples banqueros para que lo apoyaran en generar un pánico financiero que terminó en la gran crisis económica de ese año. De esta manera se creó la condición para que a través del intervencionismo del presidente Theodore Roosevelt se diera nacimiento a una de las más grandes estafas a nivel mundial, bautizada con el nombre de Reserva Federal de los Estados Unidos de Norteamérica.

Otro hito histórico, comparable solo con el megaterremoto de magnitud 9.5 Mw vivido el 22 de mayo de 1960 en Chile, es el famoso crack financiero de 1929 que tuvo sus orígenes en Europa y en EEUU. En el año 1927 el mercado de valores de Alemania experimentó una estrepitosa caída, un efecto dominó que en 1928 se repitió en Gran Bretaña, y posteriormente en el segundo mes de 1929 se hizo sentir en Francia. El capitalismo mundial se tambaleaba cual borracho después de una noche de farra e intoxicación etílica. La economía mundial se vino al suelo, pero a diferencia del terremoto chileno, nunca se supo a ciencia cierta cuántas víctimas dejó esta gran depresión económica en todo el planeta; lo que sí quedó claro, es que se dejaron las heridas abiertas para que una década después apareciera sobre el escenario la segunda guerra mundial, algo muy parecido a lo sucedido después de la crisis de 1907 que estableció las condiciones para la primera gran guerra.

Lo anterior indica serios antecedentes que dan un nivel de certeza a las vaticinadoras palabras de Manuel en su artículo; pero mirando el contexto iberoamericano podemos presenciar tres terremotos financieros sectorizados con sus respectivas réplicas en los países circunvecinos: el famoso y renombrado caso argentino en el año 2001, aquel fatídico 3 de diciembre de ese año, cuando el presidente de turno de aquel momento, Fernando de la Rúa, decretó lo que se llamó el corralito financiero; este se origina gracias a que las capas tectónicas financieras sufren un gran revés y remezón debido a la gigantesca deuda de 100 millones de dólares que actuó como epicentro y trajo consecuencias como la falta de liquidez, que a su vez abrió sendas brechas por donde se lograron escapar grandes capitales. Un terremoto financiero que despertó en los argentinos un gran temor, desesperanza y angustia pero que, con el tiempo y con su inteligencia, desarrollaron alternativas admirables de moneda social que los ayudaron a ir superando la crisis; sin embargo, la élite del sistema global por más que seguía apretando con réplicas dirigidas al sistema económico argentino, sin querer favoreció el desarrollo de estrategias sismo-resistentes que permitió a gran parte de los argentinos sobrevivir sin el sistema opresor y lograr de este modo una autonomía que les daría una verdadera soberanía.

Otro reciente ejemplo es Venezuela, que por los años ochenta y noventa se consideraba la Miami de Latinoamérica, con su gran bonanza petrolera y un bolívar muy bien posicionado en la época, que valía diecisiete veces más que el peso colombiano, sin embargo, hoy vive un sismo de magnitudes progresivas que poco a poco está dejando en la quiebra al país de Bolívar y Sucre, generando un éxodo masivo de venezolanos, porque ellos jamás creyeron y por ende no se prepararon para un terremoto de esta índole, que se agrava aún más, porque las réplicas van en aumento y no se ve una esperanza a la vista. ¿O será que debe conformarse un ejemplo para que a ningún otro país se le ocurra pensar en autonomía y soberanía?

Y nuestro último ejemplo es la crisis económica que vivió España, la que dio sus primeros coletazos en 2008, aunque no es hasta un año más tarde, cuando se manifiesta como todo un movimiento telúrico de crudeza inesperada. El desempleo se convirtió en la consecuencia más visible del sismo financiero, trayendo como consecuencia profundas reformas al mercado laboral y a las pensiones. Así España entre 2008 y 2014 también sintió el estremecer de sus cimientos financieros, todo aparentemente transcurría en calma y España se veía sólida frente al concierto mundial para poder resistir esos movimientos que estaba viviendo Estados Unidos con sus hipotecas-basura y los hedge-funds, más conocidos como fondos de alto riesgo, que intentan acumular altísimas rentabilidades y, en consecuencia, arriesgan más que los demás.

España terminó viviendo, en las raíces de su estructura económica, las consecuencias de lo que parecía lejos de llegar al país. Todo comenzó en el 2008 con el estallido de la burbuja inmobiliaria y la construcción que, con 23,7 millones de viviendas, se pudo evidenciar que no existía la demanda suficiente para esa enorme oferta. A esto se le suma la apresurada reforma laboral, la reducción de créditos y el desmedido incremento de la tasa de paro forzoso con 4,6 millones de desempleados; era inevitable, ya todo se tambaleaba; el terremoto lejano, se había acercado de manera abrupta y con gran fuerza. En el 2010 se despierta la alarma y los mercados financieros internacionales determinan que se necesita un rescate.

Generalmente, cuando hay un terremoto en algún país, las noticias siempre están informando sobre el número de víctimas fatales a causa del sismo. No ocurre lo mismo cuando se configura un terremoto financiero: nunca se sabe cuántos se quebraron, cuántos perdieron sus casas, sus hogares, cuántas empresas dejaron de existir, cuánta gente terminó en una clínica de reposo o, peor aún, suicidándose; esto nos debería hacer pensar que quizás los terremotos financieros dejen más víctimas que los terremotos telúricos.

Entonces, después de evidenciar dos grandes terremotos financieros mundiales, en 1907 y en 1929, y más recientemente tres del mismo tipo, sectorizados en Iberoamérica, es decir, Argentina, España y Venezuela, es totalmente válido que reflexionemos con la siguiente pregunta: ¿ESTÁS PREPARADO PARA UN TERREMOTO FINANCIERO? En esta primera entrega, quiero dejar un panorama de la realidad mundial que nos demuestra que los terremotos financieros sí existen, son predecibles y siempre detrás de ellos existen orquestados movimientos de ajedrez, imperceptibles a la gran mayoría, donde si se sacrifica la dama, es porque en las dos siguientes jugadas vendrá el Jaque Mate, no al Rey en sí, como en el juego, ya que esto no lo es, sino a los peones que, inocentes, defienden un sistema que termina siendo su propio verdugo.

Comprendiendo y comprobando esta realidad, en el próximo artículo me aventuraré a plantear no la solución, pero si una fuente de inspiración utópico-realista de cómo organizarnos para sobrevivir a ese gran sismo económico que se avecina sobre el mundo de las monedas, los billetes y el dinero digital, donde el dólar y el euro se tambalearán, caerán y arrastrarán al resto de monedas hacia el precipicio financiero.

Para ello es necesario derribar los viejos edificios de conceptos, los templos de barro sobre los cuales se establecen los falsos paradigmas del mundo financiero; esos terremotos mentales, muy necesarios que ocurran para poder comprender cuales son los cimientos que debemos tener para poder superar esta crisis global que se avecina. Para ello deberíamos inspirarnos en lo intangible y en la lógica de la naturaleza, tal y como veremos en los próximos artículos.

 

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One thought on “Se aproxima la última gran crisis económica global (II)

  • 25/08/2019 at 10:59 pm
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    Muy interesante artículo, les felicito y gracias por su trabajo. Considero, sin embargo, que el paso de la fase centralizada a la economía social será “aderezada” con una guerra mundial, que puede poner las cosas muy difíciles a esa economía social por la que, de todas formas, tenemos que luchar

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