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Entrevistamos a la artista argentina Roma Vaquero Diaz, que investiga la corporeidad como materia sensible a través de procesos de acción performativa, fotografía y la escritura, a propósito de la publicación de ‘Archivo para recuperarme’.
Por Angelo Nero | 7/11/2025
La obra de Roma Vaquero Diaz tiene una relación directa con el territorio, la memoria y la comunidad. A lo largo de su carrera, la performer argentina siempre buscó nuevos caminos en los cuáles expresarse con claridad y fuerza. Hace menos de dos meses, su quehacer artístico se transformó en “Archivo para recuperarme”, publicado en Argentina por La Balsa Editora. El libro es una novela performática, donde fluyen interconectadas la ficción, la recuperación de archivos y la producción y montaje de una serie de fotografías e imágenes que complementan y hasta dialogan con el texto.
Modo de uso: Esta novela performática tiene muchas capas y se construye a medida que se lee. ¿’Archivo para recuperarme’ es un artefacto quirúrgico que hurga en la memoria con ánimo de cicatrizar alguna herida, o pretende otra forma de narrar desde el cuerpo, a través de imágenes y palabras?
Archivo para recuperarme es una condensación de escrituras que intenta recuperar memorias sociales y personales para acontecer nuevas narrativas que suceden cuando se escriben, memorias que empiezan a existir al decirse. Cuando hablo de escrituras me refiero a que las fotografías, las historias clínicas, los dibujos son parte de esa grafía del decir. La escritura es siempre corporal, al escribir interviene nuestra respiración, el movimiento de la lengua, el vuelo de las manos, el sostenerme sentada, los aromas, los humores, las ideas, las emociones, el sonido de mi voz en la mente, todo lo que he vivido con otros y todo lo que viviré. Esa corporeidad que soy, esa que invento también, me interesó que estuviera en juego en esta novela.
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‘Esta hoja es un reflejo, te escribo para verme’. Este es un reflejo incómodo, como una epidemia de melancolía, que nos obliga a mirar hacia el abismo. ¿Escribes realmente para verte, más allá de la coraza de tu piel, y para que los que se sumergen en esta hojarasca de letras tengan delante, más que una historia cerrada, un relato que se va creando también en su interior?
Este te escribo para verme habla de la capacidad performativa de la escritura. Algo sucede cuando se escribe. Alguien que está velada, invisible, borrada, aparece con la escritura, y claro, con la lectura también, por eso la hoja, el libro es un reflejo donde poder vernos todos. Esta autoficción no es sólo mía, sino que está llena de otras voces, y en cada presentación de Archivo para recuperarme esas voces van creciendo con cada historia que me comparten o que circula.
La fotografía hospitalaria y la fotografía judicial de finales de siglo XIX fueron construyendo una mirada sobre los cuerpos, un disciplinamiento sobre los cuerpos que los despoja de su corporeidad y de sus propios deseos. Ciertas características de esas prácticas continúan vigentes hoy en día en la relación entre cuerpo y fotografía. Por eso mismo el verse del que habla la narradora está en relación a la identidad, a develar lo que las instituciones niegan. Ese verse es la toma de conciencia de que tiene derecho a existir.
‘Nunca vi lo que me faltaba hasta que otros me vieron’. La performance requiere ojos que la validen, que interroguen e incluso que se hagan preguntas a sí mismos. ¿Es este libro un lugar que busca sementar dudas haciendo equilibrios entre la ficción y la realidad, como un juego de sombras que dibujas con escenas inquietantes?
Cuando el personaje dice esto, un personaje que tiene algo de mí, pero mucho de ficcionalizado también –como sucede con los autorretratos y fotomontajes-, Nunca vi lo que me faltaba hasta que otros me vieron, se refiere a que esa falta es indicada por otros. No una falta que impida el vivir, sino una falta que la sociedad no soporta y que fuerza para cambiar a los personajes del relato. Casi como si aquellos que ven, ven lo que creen fallado en los personajes y eso lleva a todos los acontecimientos de opresión que suceden en la novela.
En cambio, en una performance, volviendo a tu pregunta, los ojos son cuerpo y encuentro. Una performance no es un acontecimiento para ser visto, sino para ser compartido.
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‘Todo lo que aquí comparto es un ir hacia atrás, un atajo creado, líneas de fuga hacia el origen’. En tu propio origen te acompaña la música y la danza, y este libro tiene mucho de corporal, y hasta me atrevo a decir que una cierta melodía. ¿Cuál es la génesis de este “Archivo para recuperarme”, tal vez la necesidad de convertir ese lenguaje artístico en palabras con las que llegar a otro público?
El libro comenzó en el 2020 con una carta escrita a una Amalia inexistente a la cual necesitaba decirle muchas cosas. Amalia nació también con la performatividad de imágenes a partir del uso de la foto de mi documento de identidad de los 8 años. En los noventa, en Argentina la primera foto para el DNI se realizaba a los 8 años -antes de esa edad el recuadro de foto estaba vacío-. Te sacaban una foto carnet y la pegaban allí. Y esta duraba hasta los 16 años, cuando lo renovabas.
En el libro, esa misma foto de DNI aparece en otros cuerpos, con la intención de que esos cuerpos den cuenta de las memorias corporales, inquietantes e infinitas que alguien porta. Luego sumé los autorretratos donde pongo mi corporeidad en servicio de los gestos de otros cuerpos. Al mismo tiempo, desarrollaba la historia clínica de Ofelia (el único personaje que tiene una historia clínica clara a lo largo del libro) y la antihistoria clínica que despliega el relato y las vivencias de todos los personajes.
‘Algo de todas ellas es parte de mi cuerpo’. La identidad, la pérdida y la memoria están muy presentes en esta novela, también los vínculos que se crean en espacios cerrados, donde se comparten las sombras. ¿Esos hilos que unen a los personajes de tu libro están cosidos a su piel o son frágiles como alas de mariposa?
Me interesa relatar la complicidad y la ternura que sostiene las relaciones en situaciones de internación. Una información que muchas veces no aparece en las historias clínicas y que son parte fundamental del devenir allí. En la novela, la narradora habla de este grupo como familia, un grupo vincular institucionalizado lleno de luces y sombras, pero también de cierta lealtad y entendimiento. Estas relaciones la conforman y habitan su cuerpo.
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‘Hoy le dije a la Dra. Bárbara que quiero escribirte, que quiero escribir sobre todas nosotras’. Los informes clínicos, las fotografías en blanco y negro, es otra forma de narrar que cuentan otra historia, la que no puede ser contada solo con palabras. ¿De qué baúl salieron estos recuerdos que pueblan, a veces de una forma incómoda, el libro?
En el libro hay archivos intervenidos del Hospital de Mujeres Alienadas en Buenos Aires, del Hospital La Salpêtrière en tiempos de Charcot, y archivo personal y familiar. Pero también hay mucho archivo creado. Me interesa esa combinación de materiales donde no se puede distinguir entre archivos públicos, archivos personales, fotografías que realicé en este proceso, si son analógicas o digitales. Y por esta razón me pareció fundamental trabajar con La Balsa Editorial, por un lado, porque la impresión en risografía permitió construir una materialidad fuera del tiempo, donde iguala las imágenes y les brinda un cuerpo de tinta que se toca al voltear cada una de las páginas; por otro, porque junto a Federico Paladino trabajamos a la par en la impresión de cada pliego y proceso de arte impreso reforzando el carácter híbrido y performativo del libro.
‘Alguna vez también fui un pequeño monstruo’. Yo siempre he afirmado que el que dice que la única patria del hombre es la infancia es porque nunca sufrió el infierno del patio de un colegio. ¿Es para ti la infancia un territorio que también puede antojarse hostil?
Totalmente, en la infancia tenemos la posibilidad de descubrir el mundo, de aprender jugando y de ser cuidados y queridos, pero no siempre sucede así o sucede con mixtura de situaciones. En la infancia dependemos de otras personas para cubrir nuestras necesidades y derechos, poder sentirnos seguras, protegidas, alimentadas, con espacio para nuestros deseos y autonomía; y a veces esos derechos se ven terriblemente vulnerados. Cuando en las instituciones de salud se infantiliza a los pacientes, esta situación se repite.
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‘Siempre me siento incorrecta’. La performance es un instrumento artístico provocador que busca revolvernos en nuestros asientos, y que cuando se acaba sigue removiéndose en nuestro estómago. ¿Buscas también la incorrección para que provocar también esa sensación entre los lectores de ‘Archivo para recuperarme’?
No lo sé. Sí sé que me interesa que podamos pensar y sentir juntes con el trabajo. No creo en incorrección, sino vida. Un poco como sucede cuando en el patio se van expandiendo las ramas de las plantas y no sabés dónde empieza una y dónde termina otra -muy distinto a lo que sucede en un jardín podado y organizado-.
‘Cuando te llevaron al cuarto azul nosotras entramos y te cantamos por horas’. Esta novela performática está dedicada a las incorrectas, las raras, las rebeldes, las calladas, a todas las huérfanas… ¿crees que encontraremos muchas entre las lectoras de Nueva Revolución?
¡Espero que sí!
Por último, en Madrid presentas del 12 al 18 de noviembre de 2025 la exposición ‘Traducciones sobre un cuerpo de humus’ donde exploras los vínculos entre experiencia, memoria y lenguaje a través de performance, fotografía y escritura. ¿Qué se va a encontrar el público que entre en este pequeño universo de Roma Vaquero Diaz?
En la exposición se encontrarán con un universo que intenta acortar la distancia entre el vivir y el decir, donde el cuerpo habita los gestos subconscientes de los espacios que recorre he intenta traducirlo –trasladarlos al lenguaje- para compartir con otros. Esta exposición condensa la investigación artística que realicé en distintas residencias entre Argentina (Buenos Aires, Santa Fe, Catamarca, Patagonia) y España (Alicante, Madrid)
El miércoles 12 a las 19:30 horas comienzo con una performance duracional “25 acciones para escuchar voces de otros mundos”, para sumergirnos en el territorio sonoro mediante el gesto.
Y el sábado 15 de noviembre a las 18:30 horas presento “Archivo para recuperarme” con una performance situada en el barrio de Malasaña junto a dos artistas fantásticas: Maritza Vélez Sampedro y Ana Beltrán Porcar. Finalizamos la presentación con Romina Casile, artista argentina que escribe el epílogo y la contratapa del libro, y María Lightowler, que es la comisaria de la exposición.
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