Riqueza concentrada. La desigualdad es una lacra asociada a toda economía de mercado

Por Jaime Nieto

El libro ‘Por qué fracasan los países’ comienza ilustrando de manera muy gráfica la desigualdad en el mundo. En la introducción se dibuja el paisaje urbano de Nogales, un doble núcleo urbano con dos ciudades homónimas separadas por un muro entre EE.UU y México. De un lado, la opulencia del Norte y, del otro, la miseria de una zona del planeta (el sur de la frontera entre los dos países) en la que confluyen como en un lienzo los grandes conflictos del capitalismo global. Encaje de una industria sucia y de bajo valor añadido para suministrar a las industrias estadounidenses de alto valor añadido, miseria y migración van unidos de la mano. Su papel como último eslabón en la cadena de suministro de las drogas que consume su vecino del norte son la guinda de una realidad plagada de violencia.

La desigualdad es incómoda, ya que no es nada funcional al relato legitimador de la economía de mercado en su vertiente neoliberal. Los gurús de las corrientes hegemónicas tienden a minusvalorar o incluso ignorar la desigualdad en sus análisis porque la consideran irrelevante. Sin embargo, la desigualdad existe y, no solo revela situaciones personales dramáticas, sino que es sinónimo de sociedades desestructuradas. Así, las sociedades con mayores índices de igualdad son también aquellas que disfrutan de mayor bienestar y en las que sus instituciones se encuentran más legitimadas.

Si uno acude a los datos, se percibe una tendencia de V en la desigualdad. El pacto social de segunda posguerra contribuyó a reducir la desigualdad para después volver a incrementarse tras su ruptura en los años 80. La contrarrevolución neoliberal ha ido demoliendo el papel redistribuidor de los Estados por todo el mundo. Para observar las tendencias de la desigualdad debemos diferenciar, al menos, tres esferas. En primer lugar, cabe señalar que es importante distinguir entre la desigualdad en la renta y en la riqueza. La renta es un flujo monetario que puede (o no) acumularse como un stock de riqueza. Del mismo modo, el funcionamiento de toda economía produce una distribución de la renta primaria que se divide en rentas salariales y rentas del capital. La desigualdad que se deriva de esta primera distribución de la renta en una economía de mercado es inasumible para cualquier Estado moderno (es lo que teníamos, por ejemplo, en el siglo XIX). Por lo tanto, el Estado social redistribuye estas rentas a través de prestaciones y servicios públicos, lo conforma la renta disponible de los hogares y que es el principal indicador utilizado para medir la desigualdad.

Fuente: http://www.macleans.ca/economy/business/what-is-happening-to-labours-share-of-income/

Por ejemplo, en el gráfico superior se puede ver la participación de los salarios sobre el total de la renta en EE.UU. Todo lo que pierden los salarios lo ganan las rentas del capital y esta es una tendencia generalizada en casi todo el planeta. Si nos vamos a la renta disponible, la tendencia a un empeoramiento es evidente, como vemos en el gráfico inferior. En él vemos cómo entre 1980 y 2012 las rentas del 1% más rico han disfrutado de un fuerte empujón fruto de un diseño económico entregado enteramente a las élites. Se observa, por ejemplo que en EE.UU, el 1% más rico ya extrae 1 de cada 5 dólares que se generan en el país cada año. El 99% restante de la población estadounidense debe conformarse con el 80% de la renta. De hecho, el 10% más rico acaparaba en 2013 el 30.2% de la renta, lo que implica que el 90% de la población retiene el 69.8%. Si seguimos bajando, nos encontraremos con que el 10% más pobre en EE.UU tan solo recibía el 1.7% de la renta generada en su país.

Participación del 1% más rico en la renta nacional

En cuanto a la riqueza, es decir, las rentas del pasado que se logran transformar en patrimonio (empresas, edificios, vehículos de lujo, etc.) las cifras también son significativas. Como se puede ver en el cuadro inferior, se estima que 8.4% más rico ostenta el 83.3% de la riqueza, mientras el 68.7% de la población mundial tan solo posee el 3% de la riqueza mundial.De hecho, el 41% de la riqueza mundial estaría en manos de algo menos que el 1% o, lo que es lo mismo y el 91,6% de la población tiene una riqueza inferior a los 100.000 dólares, representando sin embargo tan solo 17% de la riqueza mundial.

Tabla 1. Distribución de la riqueza a nivel mundial

Por último, si atendemos al perfil sociometabólico de los países, se perciben desigualdades entre los países enriquecidos y los empobrecidos que son notables. En el Cuadro 2 se ven las enormes diferencias entre unas regiones y otras, que no dejan de ser un reflejo de todo lo mencionado anteriormente.

Tabla 2. Perfil sociometabólico por regionaes mundiales (año 2000).

Nota: CIE=Consumo Interior de Energía; CIM: Consumo Interior de Materiales. Fuente: Las citadas en http://revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n16/02_Carpintero-Riechmann.pdf

En definitiva, la desigualdad es una lacra asociada a toda economía de mercado, pero exacerbada en el mundo posterior a la contrarrevolución neoliberal. Estas tendencias no dejan de agravarse con el paso del tiempo y hacen del capitalismo global un sistema crecientemente inestable e insostenible. Las diferencias entre países, a su vez, denotan una economía mundial que se sostiene en el cumplimiento de diferentes roles por parte de los países, y articulada en torno al intercambio ecológicamente desigual. Lo vivido durante los años de crisis no ha hecho sino endurecer la ya de por sí línea dura del capitalismo, su versión menos amable. Sin embargo, las contradicciones internas que esto refleja no deben tardar en llegar a su límite.

NOTA: La Figura 2 y la Tabla 1 han sido tomadas del 178 Informe de Oxfam, que puede consultarse aquí: https://www.oxfamintermon.org/sites/default/files/documentos/files/bp-working-for-few-political-capture-economic-inequality-200114-es.pdf 

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