En el ciclo de conferencias sobre religión, socialismo y anticlericalismo que organizaron las Juventudes Socialistas en Madrid en el otoño-invierno de 1909-1910, en pleno desarrollo de la Conjunción Republicano-Socialista, estudiamos la conferencia de Daniel Anguiano, socialista destacado y protagonista de momentos decisivos del socialismo español, además de masón. Debemos recordar que, en el otoño de ese año, a raíz de su participación en el mitin contra la guerra que se celebraría el 23 de octubre en el madrileño Teatro Barbieri, sería encarcelado durante tres meses.
Anguiano planteó su conferencia desde la dualidad entre progreso y reacción en la evolución de las sociedades. Según su opinión iba venciendo el primero, aventurándose a afirmar que en un cuarto de siglo el clericalismo sería ya Historia y no una realidad, en una suerte de intenso optimismo.
A continuación, afirmó que la afirmación de que la expresión anticlericalismo socialista tenía tan poco sentido como la del socialismo católico.
Anguiano se refirió el opúsculo Estudios de la Edad Media de Pi i Margall (1851) para referirse a que lo que había impedido el establecimiento de la fraternidad entre los hombres predicada por el Evangelio había sido la creación de un cielo exterior a la vida terrena. En este sentido, debemos recordar que el intelectual republicano se preguntaba en esta obra que, si se colocaba en el cielo la vida eterna, ¿qué era, por lo tanto, la vida? Entonces, la existencia tenía que ser una continua preparación para la muerte. Siguiendo el razonamiento no habría, por lo tanto, verdaderos intereses colectivos. Si no los había, había que preguntarse si eran legítimas las revoluciones sociales, y si era un bien el progreso. En conclusión, la desigualdad se había presentado como algo necesario y, por lo tanto, la justicia, el bien y la felicidad como imposibles.
Volviendo a nuestro conferenciante, diremos que intentó demostrar que los católicos eran unos fariseos e hipócritas, que ya habían sido tratados con dureza por Cristo en la época en la que predicó.
Para nuestro protagonista el socialismo había hecho más que Cristo, ya que, mientras éste había proclamado: “amaos los unos a los otros”, aquel proclamaba, por su parte, que para que los hombres no pudieran hacer otra cosa que amarse los unos a los otros tenían que cambiar el orden establecido de las cosas.
Concluyó parafraseando a los Evangelios expresando a los trabajadores que cuando con su unión pudieran hacer que reinase en el mundo la justicia suprema, que no era otra cosa que el triunfo del trabajo, habrían conseguido que reinase el amor sobre la Tierra.
Así pues, más que un ataque a la Iglesia, Anguiano hizo un canto al poder redentor del socialismo frente a la religión.
Hemos consultado el número 1245 de El Socialista (21 de enero de 1910), y sobre la obra de Pi i Margall, el estudio preliminar de Ramón Maíz a Las Nacionalidades. Escritos y Discursos sobre Federalismo, publicado por Akal en 2009, página 22.
Por otro lado, no olvidemos la consulta de las siguientes obras: V. Arbeloa, Socialismo y anticlericalismo, Madrid (1973); L. Gómez Llorente, Aproximación a la historia del socialismo español hasta 1921, Madrid (1976); y Mate y V. Arbeloa, “La crítica de la religión en el socialismo español”, Sistema, 31 (1979).
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