Raúl Guillamón: ‘Impresiona el peso que tuvieron las mujeres saharauis al organizar los campamentos y, más aún, cómo han logrado mantener su voz en la organización política actual’

Entrevistamos a Raúl Guillamón, director del documental ‘Niñas de arena’, que aborda la realidad de la infancia y de las mujeres saharauis.

Por Angelo Nero | 28/03/2025

Son muchas las veces que hemos dirigido nuestra mirada hacia el Sáhara, hemos profundizado en las raíces del conflicto, agudizado desde que, en 1975, el gobierno español decidiera abandonar a su suerte a este pueblo, sin completar la descolonización, hemos indagado en los retos que afrontan los saharauis en la actualidad, desde la óptica política, social y cultural, desde la diplomática y la militar, pero todavía nos quedan muchas claves por descubrir sobre el Sáhara Occidental, sobre su sociedad y sus gentes. El documental “Niñas de arena” nos conduce, desde la diáspora y desde el corazón de los campamentos, hacia la realidad de la infancia y de las mujeres saharauis, y les da voz, para que sean ellas las que nos hablen de sus sueños, de sus problemas y de sus expectativas de futuro.

Hablamos sobre este precioso e interesante documental con su director, Raúl Guillamón, al que le preguntamos, primeramente, ¿cómo surge el proyecto de ‘Niñas de arena’, y con que fuentes de financiación habéis contado para llevarlo a buen término?

“Niñas de Arena” surge como un proyecto de Visual Lives, la ONG desde la cual creamos piezas para visibilizar problemáticas sociales. Un día publicamos en nuestras redes sociales sobre el conflicto saharaui y etiquetamos el perfil de Instagram @vivenciasdeunniñosaharaui. Benda, quien está detrás del proyecto, nos respondió comentando que le encantaba lo que hacíamos y que ojalá algún día pudiéramos colaborar.

Sin pensarlo demasiado, le propusimos una reunión para conocernos y explorar la posibilidad de crear algo juntos. Así fue. Recuerdo haberle preguntado: «Si hiciéramos un documental sobre el conflicto saharaui, ¿de qué trataría?». Ella respondió rápidamente: «Sobre la infancia y la mujer». En unas semanas ya teníamos un boceto y una propuesta formal en la que queríamos que ella fuera la protagonista.

En un principio pensé en hacer un cortometraje, ya que no contábamos con financiación inicial y era mi primer trabajo cinematográfico. Sin embargo, nos lanzamos a la piscina casi sin agua con el largometraje. El presupuesto ha sido muy ajustado, como el de muchos proyectos independientes. Contamos con la ayuda del Ayuntamiento de Rubí para los gastos del viaje, además de donaciones voluntarias y aportaciones del equipo.

Con muy pocos recursos conseguimos un documental muy digno, y así se está demostrando por el reconocimiento que está logrando. Es algo de lo que, personalmente, estoy bastante orgulloso.

A pesar de que declaráis que ‘La película deja lo político para centrarse en los sueños y drama de un pueblo determinado en su lucha por volver a casa’, lo primero que hacéis es poner en contexto como comienza la lucha del pueblo saharaui contra la invasión marroquí y mauritana, y el papel de las mujeres en los primeros momentos de esta. ¿Cómo fue de determinante el papel de las saharauis, cuando la mayor parte de este pueblo tuvo que organizar el exilio en la hamada y la lucha contra los nuevos colonizadores?

Sí, el enfoque del documental no es político. Desde Visual Lives tenemos una perspectiva humanista no politizada, basada en los derechos humanos como referencia y pilar fundamental. Sin embargo, en un trabajo documental es imprescindible proporcionar contexto, y cuando hablamos de personas, especialmente en situaciones de conflicto, lo político suele ser inevitable como marco contextual.

Históricamente, en tiempos de guerra, las mujeres suelen asumir la responsabilidad de mantener la economía y realizar tareas que tradicionalmente han sido desempeñadas por los hombres. Sin embargo, este rol suele ser temporal, como quien hace el recado al marido, y una vez restaurada la paz, los roles de género habituales tienden a reestablecerse.

En el caso de las saharauis, la situación es diferente y destacable. Impresiona el peso que tuvieron las mujeres al organizar los campamentos y, más aún, cómo han logrado mantener su voz en la organización política actual. Quiero destacar las palabras de Fatimetu, inspectora de educación, a quien entrevistamos para la película. Dice: “La mujer saharaui es todo: es profesora, es madre, es ama de casa, es periodista, es funcionaria… La mujer saharaui está en todos los sitios”. Este mensaje es algo que hemos querido reflejar fielmente en la película.

El documental no elude la responsabilidad del gobierno español, y la traición histórica de gobernantes como Felipe González, que en 1976 declaró en el Sáhara, ‘Sabemos que vuestra experiencia es la de haber recibido muchas promesas nunca cumplidas. No prometeros algo sino comprometerme con la historia. Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final’. ¿Sigue el gobierno español, eludiendo el compromiso como potencia colonial, traicionando al pueblo saharaui?

Durante el proceso creativo del documental, las declaraciones de Pedro Sánchez me sorprendieron profundamente. Con su posicionamiento cerró un ciclo que comenzó en 1975, cuando España abandonó al pueblo saharaui. Poco después, en 1976, el joven candidato Felipe González alzó la mano, viajó a los campamentos y se posicionó claramente a favor del pueblo saharaui. Citando a la Gobernadora Marian Salek Ahmada, en el documental: “Teníamos muchas esperanzas en el partido socialista”, pero con el tiempo esas esperanzas se congelaron. Hasta que Pedro Sánchez se posicionó a favor de la propuesta marroquí de autonomía como una solución valiosa tras medio siglo de conflicto estancado.

Según Naciones Unidas, España sigue siendo, a día de hoy, la potencia administradora. Como país, seguimos teniendo la responsabilidad de liderar una descolonización justa y razonable. Sin embargo, no debemos ser ingenuos: en política internacional no existe la moral, únicamente, los intereses del poder. Estos intereses, sumados a la cercanía de España con Marruecos, hacen que los gobiernos prefieran mirar hacia otro lado. Desde su prisma político, los saharauis no generan molestias. Basta con mantener la ayuda humanitaria y actuar como si no hubiese pasado nada. Basta con no informar a la ciudadanía sobre esta realidad, no incluirla en los libros de texto, añadir distracciones varias y seguir adelante como si nada.

Quiero matizar que no se trata de acusar exclusivamente al gobierno actual o al partido socialista. Este es un problema del sistema partitocrático que tenemos instaurado, que se protege y no afronta las deudas históricas desde una perspectiva humana. Al final, somos personas con derechos fundamentales, derechos que desde occidente nos vanagloriamos de defender. Debemos entender que, si no actuamos para hacerlos extensibles a todos los rincones de nuestro planeta, jamás alcanzaremos la paz.

La protagonista principal es Benda Lehbib, ‘una joven saharaui en la diáspora se pregunta sobre el futuro de la infancia y las mujeres de su pueblo’, ¿por qué elegisteis como hilo conductor a una mujer de la diáspora, para hablar del presente y de la historia de las saharauis?

Como mencioné antes, Benda ha sido una guía en todos los sentidos para “Niñas de Arena”. Personalmente, contar con ella fue la inspiración para crear toda la narrativa documental. Todo gira en torno a su figura, pero dejando espacio para que otras voces de mujeres y niñas también se escuchen. Que fuera ella el hilo conductor me parecía clave para conectar más con la población española. Al fin y al cabo, Benda también es española, y su perspectiva puede acercarnos al conflicto de una manera más cercana, permitiendo empatizar con ella a través de sus dudas, reflexiones y anhelos.

Recuerdo especialmente cuando Benda dice en la película: “Me gusta reivindicar que con esta melfa (prenda saharaui tradicional que cubre el cuerpo menos la cara) soy mujer saharaui, y me gusta reivindicar sin melfa también. Son dos contextos diferentes”. Creo que sus palabras explican perfectamente lo que quería transmitir.

La historia desde la diáspora es también parte esencial de la historia de las saharauis. Tener que decidir entre quedarse en los campamentos, con un futuro muy limitado, o buscar una vida lejos de la familia es un dilema constante. Este conflicto plantea escenarios difíciles para los saharauis, ninguno completamente favorable. La primera opción es vivir en los territorios ocupados, donde desarrollarse en un entorno hostil es muy complicado. La segunda opción son los campamentos de refugiados en Tinduf, Argelia, donde las condiciones son extremadamente duras en la hamada, una de las zonas más inhóspitas del desierto. Por último, está la diáspora, donde, aunque puedan disfrutar de ciertas libertades y prosperidad, nunca será lo mismo que estar en casa con la familia.

La mujer saharaui es el pilar fundamental en el sistema de salud y en el educativo en los campos de refugiados, ¿en que situación se encuentra la salud y la educación en la República Árabe Saharaui Democrática, y cuales son las fortalezas y las carencias de ambas?

La salud es uno de los temas más complejos en los campamentos. Aunque cuentan con dispensarios y una organización muy efectiva, esto no compensa la falta de recursos. Por ejemplo, muchas mujeres padecen anemia, lo que se agrava durante el embarazo y puede derivar en otros problemas de salud posteriores.

En cuanto a la educación, tienen un buen nivel hasta lo equivalente a la educación obligatoria en España. Sin embargo, para acceder a estudios superiores, deben formarse en Argelia o buscar alternativas fuera de los campamentos.

En resumen, la principal fortaleza del pueblo saharaui radica en su determinación, que se refleja especialmente en el ámbito educativo. Sin embargo, esta misma determinación, si no está acompañada de recursos económicos, limita las posibilidades de progreso. Por mucha voluntad que exista, en los campamentos los avances se convierten en peldaños imaginarios en una escalera que no conduce a una mejora real.

Ponéis el foco también en las mujeres solidarias con el pueblo saharaui, como las que gestionan el piso de acogida de niños saharauis enfermos de Sant Cugat, ¿cómo nació este proyecto, y con que apoyos está contando?

El proyecto de acogida de niños saharauis enfermos en Sant Cugat nació en 2010 gracias a un convenio de colaboración entre la organización SCAPS, Sant Cugat amb el poble saharaui, y el ayuntamiento. La gestión del proyecto está a cargo de Neus Bosch, a quien también entrevistamos. El piso cuenta con espacio para ocho menores que, debido a su situación, necesitan tratamientos prolongados. Estos niños y niñas se integran en los centros educativos de la zona según el curso académico que corresponda, procurando que su vida sea lo más inclusiva posible dentro de las limitaciones que implican los tratamientos.

Este proyecto es un ejemplo claro de cómo la sociedad civil, cuando se organiza, puede crear soluciones eficaces que realmente ayudan de manera honesta y sin intereses ocultos. En ese piso se respira una sintonía muy especial, algo que intentamos reflejar en la película.

Los sueños de las niñas están presentes en el documental, ellos miran a la cámara y expresan sus anhelos, muchas quieren ser maestras o doctoras, pero también son conscientes de las limitaciones que tienen al vivir en los campamentos, ¿el programa de Vacaciones en Paz no puede aumentar su frustración, al conocer otra realidad tan diferente a la que viven a diario?

Esta pregunta es muy pertinente para entender y profundizar en el conflicto saharaui desde la perspectiva social occidental. Admito que tuve esta misma reflexión al principio, antes de conocer el proyecto Vacaciones en Paz con más detalle. Inicialmente, podríamos pensar que sí: vivir en condiciones de precariedad económica y luego experimentar unas vacaciones temporales con una familia «feliz» en España podría parecer un ejercicio de ostentación, que podría derivar en una tortura psicológica al regresar a los campamentos.

Sin embargo, tras conocer las experiencias de varios niños y niñas, e incluso hablar con saharauis adultos que participaron en su momento en el programa, destacan los numerosos aspectos positivos que les ha aportado. Todos subrayan la importancia de mantener este programa como una parte activa de la causa.

Uno de los argumentos que más me convenció es que, si los saharauis no viajan fuera de los campamentos, no tendrán la oportunidad de experimentar otra realidad, una importante, de cómo es una vida en libertad. Sin este programa, poco a poco podrían acomodarse a la vida que les ha tocado, asumiéndola como si fuera lo que debe ser.

Vacaciones en Paz no solo es un intercambio cultural; es un mecanismo que genera un choque con la realidad, manteniendo vivo el germen de la determinación, la lucha y la resistencia de un pueblo que no se resigna a perder su hogar.

La película, además de tener una línea argumental muy acertada y de hacerse muy amena, tiene una fotografía preciosa, con momentos casi mágicos, como la de las tres mujeres en la duna, y un sonido impecable, ¿qué equipo técnico está detrás de todo esto y cuales son las dificultades que ha tenido que sortear?

El objetivo de un documental es acercar al espectador a una nueva realidad; en este caso, conocer una perspectiva diferente del conflicto saharaui a través de las palabras de mujeres con roles muy diversos. Uno de los retos principales fue lograr que, durante noventa minutos, el espectador pudiera realizar un viaje tanto conceptual como visual. Por eso, hay momentos en los que se pausa el discurso para dar paso a lo contemplativo, aportando información de manera sutil pero igual de valiosa.

El documental está lleno de pequeñas metáforas, guiños y juegos visuales, con la intención de mostrar de forma constructiva una realidad que, aunque dura, no por ello debe expresarse de forma descuidada. Como mencionamos en la nota inicial del documental, este busca informar, pero también pretende ser un homenaje y una metáfora de la dignidad del pueblo saharaui. Para abordar algo así, la belleza era imprescindible.

Contamos con un equipo técnico bastante sencillo: una cámara mirrorless de fotografía que también graba vídeo con buena calidad, un micrófono de cañón con grabadora, un foco LED y poco más.

Una de las mayores dificultades técnicas fue acceder a los campamentos a través del aeropuerto militar de Tinduf. Queríamos pasar desapercibidos, lo que hizo complicado llevar trípodes grandes, focos voluminosos, un dron, etc. Por este motivo, utilizamos algunas piezas técnicas de la escuela de cine de los campamentos, un proyecto precioso que hace años impulsó Pilar Bardem.

Otra dificultad importante fue la imposibilidad de recorrer libremente los campamentos sin estar acompañados en todo momento. En esos días nos informaron de una posible amenaza de Marruecos, debido a la presencia de un grupo considerable de españoles. No sé si esto fue real o una estrategia para mantenernos tranquilos y controlados, pero, como documentalista, no poder explorar libremente complica todo muchísimo más.

El documental tiene un maravilloso epílogo, ‘Arenas’, una sucesión de espectaculares imágenes satelitales de zonas del Sáhara Occidental, que desfilan delante de nuestros ojos a ritmo de vals, ¿surgió esta pieza con la idea de mostrarnos la diversidad de este territorio, tan cercano como desconocido?

La idea de “Arenas” nace como un capricho estético personal que diseñé antes de completar el guión final, inspirado por mi interés en la geografía y el arte. Con el tiempo, encontró su lugar y un sentido específico. Aparece tras los créditos, precedida de una nota de cierre que invita al espectador a esperar. Este gesto simbólico representa la larga espera del pueblo saharaui por una solución al conflicto. Sin embargo, esa espera debía plantear un reto a los espectadores. En una época en la que todo ocurre de forma acelerada, pensé que concluir con una pieza de siete minutos, compuesta exclusivamente por imágenes satelitales, sería tanto un desafío para algunos como un deleite para otros.

Además, esta pieza tiene el propósito de abrir un espacio de reflexión después de ochenta minutos de información, mientras se contempla la singularidad de un territorio tan inhóspito como hermoso.

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