¿Qué está pasando con la cuarta ola feminista?

La cuarta ola necesita volver a la raíz del conflicto. Necesita un feminismo que no tema decir que no todo vale, que no toda elección es libre en un sistema atravesado por la desigualdad sexual, económica y simbólica.

Por Isabel Durán Báez | 18/03/2026

El feminismo nació para combatir, para incomodar, para señalar al poder patriarcal y para cambiarlo todo. No nació para gustar. Cuando deja de hacerlo, cuando se convierte en un discurso amable, institucional y aplaudido por quienes nunca han tenido que renunciar a sus privilegios, algo ha fallado. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo con gran parte de quienes se han sumado a la llamada cuarta ola feminista. No está muerta, pero está en disputa. Y lo que se juega no es un matiz teórico, sino el sentido político mismo del feminismo.

Recuperar el feminismo como proyecto radical

La cuarta ola necesita volver a la raíz del conflicto. Necesita un feminismo que no tema decir que no todo vale, que no toda elección es libre en un sistema atravesado por la desigualdad sexual, económica y simbólica. Un feminismo que vuelva a combatir al patriarcado, al mercado liberal y a las instituciones, en lugar de que el sistema patriarcal redefina el feminismo y así éste se adapte a ellas. Porque cuando el feminismo deja de ser una amenaza, se convierte en un producto. Y hoy vemos cómo se vende empaquetado en campañas publicitarias, discursos oficiales y consignas vacías que no cuestionan nada esencial.

Mujeres borradas, violencia diluida

En nombre de una supuesta inclusión, se ha desdibujado el sujeto político del feminismo: las mujeres. El sexo, base material sobre la que se construye la opresión patriarcal, ha sido sustituido por categorías abstractas que impiden identificar quién ejerce mayoritariamente la violencia y quién la sufre.

El resultado no es neutro: mujeres más desprotegidas, políticas públicas confusas y una incapacidad creciente para nombrar la violencia sexual sin eufemismos. No se puede combatir lo que no se nombra. No se puede proteger a quien se borra del análisis.

El feminismo que no incomoda al poder

Hay una señal inequívoca de que algo se ha torcido: el poder ha dejado de sentirse amenazado por gran parte del feminismo dominante. Gobiernos, empresas y grandes medios lo han incorporado sin resistencia. ¿Por qué? Porque se trata de un feminismo redefinido por el patriarcado compatible con el sistema económico, con la industria sexual y con la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Un feminismo que no cuestiona intereses materiales no transforma la realidad; la legitima.

De la lucha material al relato vacío

La cuarta ola puso el foco en lo simbólico, en el lenguaje y en la identidad. Pero en ese desplazamiento ha ido abandonando el análisis material de la opresión. La precariedad, la violencia sexual, la explotación reproductiva y sexual de las mujeres quedan relegadas frente a relatos que celebran el “empoderamiento” incluso cuando ese empoderamiento genera beneficios para terceros y perpetúa la desigualdad. Se confunde libertad con adaptación al mercado. Se llama progreso a prácticas que refuerzan la desigualdad con una estética renovada.

De una promesa emancipadora a una ola desarmada

La cuarta ola feminista nació con una promesa legítima: denunciar la violencia estructural contra las mujeres y desafiar el machismo en todas sus formas. Sin embargo, en muchos espacios ha terminado desarmada políticamente, fragmentada y atrapada en un buenismo paralizante que impide nombrar los conflictos reales.

Criticar pasa a ser excluir. Señalar desigualdades se convierte en intolerancia. Defender a las mujeres como clase política es tratado como una amenaza. Y mientras tanto, el sistema permanece intacto.

2 Comments

  1. La cuarta ola tiene una agenda clara: contra la violencia sexual, abolir la prostitución, no vientres de alquiler, no trabajo de las mujeres gratuito o explotado. No confundir Cuarta Ola con colonización woke del feminismo, que es de lo que aquí se habla.

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