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Durante décadas, el imaginario doméstico fue un campo de batalla ideológico. El franquismo, por ejemplo, entendió el hogar como célula moral: orden, jerarquía, silencio.
Por Lucio Martínez Pereda | 8/05/2026
Hay algo inquietante en la idea contemporánea de “hogar”. Se ha convertido en un artefacto de consumo: cálido, funcional, pero intercambiable. Basta observar el cuadro pintado por Joel Mestre para advertir que bajo esa palabra está una anomalía. En medio de un paisaje extraño saturado de signos aparece esa criatura: mitad objeto, mitad organismo, como si el mobiliario hubiese decidido emanciparse de su función y adquirir conciencia.
Durante décadas, el imaginario doméstico fue un campo de batalla ideológico. El franquismo, por ejemplo, entendió el hogar como célula moral: orden, jerarquía, silencio. Más tarde, el capitalismo tardío lo reformuló como escaparate: identidad a través del consumo. En ambos casos, la casa dejó de ser refugio para convertirse en dispositivo.
Pero la obra de Mestre sugiere otra hipótesis, más perturbadora: el hogar actual no es el lugar donde las cosas encajan. Ese animal imposible, ensamblado con piezas heterogéneas, parece recordarnos que toda domesticidad es, en el fondo, un ensamblaje precario. Una negociación constante entre lo propio y lo que ha de ser abandonado, entre lo íntimo y lo ajeno. La felicidad de los jóvenes ahora no puede residir en ninguna armonía, sino en la capacidad de habitar esa contradicción, que, como en la imagen, siempre tiene algo que no encaja. Esa disonancia es lo único verdaderamente habitable para los jóvenes.
* El título del texto es un contra título del conocido collage de apenas 20 centímetros de Richard Hamilton (1956): ¿ Qué es lo que hace que las casas de hoy sean tan diferentes, tan atractivas? A veces el nacionalismo cultural inglés comete errores imperdonables. Este collage de papel de Hamilton- insignificante en apariencia por su pequeño tamaño- está considerado la primera obra histórica del Pop Art. Su autor es británico, sin embargo, lejos de conservarse en un importante museo Inglés, se encuentra en el Kunsthalle Tübingen, en la pequeña ciudad alemana de Tübingen.
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