Predicar en el desierto

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Por Esther Corzo

Ahora resulta que un virus, va a conseguir lo que años de historia no han conseguido, hacernos “mejores personas”. Seguimos siendo, salvando excepciones, pájaros cobardes que han desechado su innata capacidad de volar. Buscamos culpables para sentirnos cómodos dentro de nuestras jaulas, llenas de migajas, que según parece, llaman estado de bienestar. ¿Quién bien está? ¿Ya no hay guerras, hambruna, desigualdades, gente con el único abrigo de las frías estrellas?

Cuando cuestionas este, más que imperfecto e injusto sistema, eres incluido en el absurdo listado de los sin nombre, de los radicales que todo lo cuestionan, de los predicadores del desierto. Si no aceptas, porque evidentemente nos aleja de nuestra esencia humana, la sumisión, eres aliado del fascismo. Si no aceptas el fascismo, porque es la máxima expresión de la sin razón, eres yo ya no sé lo que dicen que eres.  

¿Es estrictamente necesario seguir un patrón establecido para no ser calificado de peligro público? Cuando intentas argumentar, que nuestra esencia, es aquella que nos hace capaces de sentir sobre todas las cosas, ahí entran las descalificaciones, las acusaciones de locura, el vacío social. Debe existir alguna explicación a por qué los oprimidos siguen adorando a los opresores, y de por qué quienes quieren combatir a los opresores son odiados a conciencia.

Si alguien intenta concienciar en algún puesto de trabajo, en que la única forma es la unión y lucha frente a la opresión y la explotación, se queda solo predicando en medio de un desierto que tiende siempre al infinito. Si alguien intenta hacer ver que podemos volar, que tenemos alas, que si los de abajo se levantan, los de arriba se caen, de nuevo volvemos al frío y enorme infinito.

Cuando los seres humanos aceptemos que no necesitamos mesías salvadores- castigadores. Cuando nos demos cuenta de que la vida de cada ser humano le pertenece solo y exclusivamente a el mismo, cuando nos curemos de esa terrible enfermedad llamada miedo, cuando seamos capaces de sentir, solo entonces estaremos preparados para ser libres.

Espero que estas humildes letras remuevan alguna conciencia, e inciten, aunque solo sea a una persona, a ser capaz de sentir. Al fin y al cabo, este sistema es solo un engranaje compuesto por varias piezas. Como cualquier otro engranaje, si las piezas principales se paran, el sistema se para. 

“Un verdadero revolucionario está movido por grandes sentimientos de amor”. Ernesto Guevara de la Serna.


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