Pornografía, ideología y feminismo (IIIª parte): el feminismo tradicional

No solo la educación sexual no promueve la pedofilia, sino que hay pruebas sobradas de que actúa justamente produciendo el efecto contrario, previniéndola. No hay ninguna duda de que la ignorancia es el principal recurso de los pedófilos y pederastas.

Por José Luis García*

En un artículo anterior, (https://nuevarevolucion.es/pornografia-ideologia-y-feminismo-iia-parte-dos-modelos-antagonicos/) hablábamos de la “guerra” de la pornografía que enfrenta a las diferentes facciones del movimiento feminista, exponiendo algunas ideas del denominado feminismo liberal. Hoy toca describir ciertas posiciones del feminismo tradicional en esa contienda, a las que añadiremos las de los grupos de ideología conservadora.

Abolición de todo tipo de pornografía

Como ya advertimos al hablar del extremo copado por el feminismo liberal -utilizando el símil de un continuo en el que podrían situarte las diferentes posiciones ideológicas sobre las películas sexuales- procede ahora citar el otro extremo de la línea imaginaria, ubicando a quienes la rechazan de plano defendiendo, con similar pasión que sus oponentes, la convicción absoluta de que toda la pornografía hay que abolirla por mor de que genera consecuencias nefastas para las mujeres: violencia sexista, cosificación de mujeres y niñas, prostitución, trata, presión y explotación sexual de la mujer, entre otros argumentos esgrimidos.

Empero, esta oposición es compartida por otros grupos ideológicos, religiosos y políticos con un argumentario bien diferente: obscenidad, inmoralidad, destrucción de la sociedad y la familia o aniquilación de los valores morales tradicionales…valores que salvaguarda con inusitada vehemencia la Iglesia católica, otras religiones dominantes y los grupos más conservadores de la sociedad en su defensa del rechazo incondicional de cualquier tipo de pornografía. Con frecuencia apelan a que el estado debe formar a ciudadanos con un “carácter bueno y fuerte”, prohibiendo aquellos materiales que estimulen los bajos instintos -terminología esta esencialmente arcaica – y que puedan poner en riesgo los valores tradicionales de la familia tradicional.

Este hecho se ha analizado particularmente en Estados Unidos, por parte de diferentes autores, que han subrayado la paradoja de que el movimiento feminista tradicional, coincida desde planteamientos ideológicos claramente diferenciados, con los sectores más reaccionarios de la sociedad en su lucha contra cualquier tipo de pornografía. Curiosa coincidencia, aunque fundamentada en razones bien distintas.

Como bien señala Gayle Rubín, este grupo feminista contra-pornografía que exige la prohibición-abolición de todo tipo de pornografía, es defendida, también con idéntico ímpetu, por diferentes movimientos ultra religiosos y políticos conservadores y ultraconservadores, políticos de derecha y extrema derecha cuya argumentación está referida fundamentalmente a la moral religiosa católica y, por tanto, diferentes a los que preconiza el movimiento feminista tradicional.

Siguiendo en EE UU, esta alianza contra-natura que surgió entre feministas anti-pornografía y cristianos y políticos ultraconservadores, la inmensa mayoría hombres, sorprendió en el sentido de que, si bien estos grupos podrían estar de acuerdo en la maldad del sexo mercantilizado y pornográfico, las discrepancias son notorias si se analizan sus posiciones respecto de qué consideran una sexualidad saludable.

Contemplando esta extravagante confluencia desde fuera, resulta razonable considerar que no parecen ser buenos compañeros de viaje, ya que la historia ha mostrado que la religión y las políticas ultra conservadoras han evidenciado su total oposición a cualquier liberación de la mujer en el ámbito de la sexualidad que ha sido objeto de rigurosos controles a lo largo de la historia a escala planetaria. En cualquier caso, estas alianzas han sido muy criticadas por otros teóricos como Laurie Shrage, Inga Margrete y David Church, así como por diferentes sectores sociales.

Con todo, lo relevante de algunos de estos ensayos sobre los “extraños compañeros de viaje”, es la advertencia que realizan respecto de que estos planteamientos tan radicales tienen un doble riesgo: permanecer marginales e irrelevantes, o bien ser fagocitados por el movimiento cristiano anti-pornografía que es mucho más grande y más poderoso.

Otros sectores con mayor grado de moderación, invocarán aspectos éticos más universales tales como la dignidad de los seres humanos, la empatía, la igualdad en el trato o la ausencia de explotación. Algunos de los que utilizan argumentos respecto de los daños a la salud podrían también ser incluidos en este grupo y también a quienes se oponen a la pornografía de carácter violento, si bien es preciso señalar que presentarían una notoria distancia de las posiciones extremistas.

Convendría señalar que el concepto de abolición, característico de este movimiento feminista, se usa indistintamente para referirse a la pornografía y a la prostitución, por parte de este sector. Según señala Kevicha Echols, siguiendo en Estados Unidos, en el S.XVII, las personas que hicieron campaña contra la esclavitud eran conocidas como abolicionistas y este término, “abolicionista”, comenzó a utilizarse en ese país por primera vez. La esclavitud fue abolida en los Estados Unidos en 1865. Este concepto comenzó a utilizarse para referirse a las personas que hicieron campaña contra la prostitución, en concreto a la denominada “esclavitud de los blancos”, como acotación a la prostitución de mujeres jóvenes, lo que supone una relación de poder y de fuerza, e incorpora el concepto de trata de mujeres.

Las posiciones políticas ultraconservadoras.

En España, también oímos, en determinados ámbitos de redes sociales y tertulias radiofónicas y televisivas, sobre todo por miembros de la ultraderecha, tesis basadas en la idea de que la pornografía fomenta la perversión de los valores sociales tradicionales, aumento de conductas sexuales depravadas e inmorales, tesis también suscritas por la Iglesia católica y otras religiones que, por bien conocidas, no vamos a reiterar.

No obstante, hay que decir que la argumentación de los grupos políticos conservadores está muy vinculada a las posiciones ideológicas de la religión dominante. Más en concreto la posición ideológica del partido de ultraderecha VOX es rotunda en contra de la educación sexual a la que señala, incomprensiblemente, como promotora de la pedofilia, toda vez que reivindica enérgicamente el famoso PIN parental, junto a la asociación ultraconservadora Hazte Oir.

Es más, el líder de este partido, Santiago Abascal, llegó a afirmar [1] que la educación sexual en las escuelas podría fomentar la corrupción de menores y la pedofilia, afirmación muy comentada en los medios, que fue contestada por nuestra parte con un hilo [2]que tuvo un cierto éxito, uno de cuyos tuits tuvo cerca de 1,7 millones de impresiones. El tuit decía así:

Abascal ha dicho que hacer educación sexual es fomentar la pedofilia. Como profesional de la salud, durante más de 40 años en prevención de riesgos sexuales y reproductivos, nunca había oído semejante barbaridad que revela ignorancia, desprecio por la ciencia e irresponsabilidad.

En una sociedad democrática, cualquier opinión es respetable. Sin embargo, cuando esas opiniones versan sobre temas de salud, habrá que ser cuidadoso en lo que se manifiesta. Pero si, además, quien opina respecto de cuestiones de salud integral es un cargo político –por tanto, con sueldo de nuestros impuestos- o un destacado miembro de la cultura o de la sociedad, habrá que exigirles responsabilidades, porque su impacto es mucho mayor.

No solo la educación sexual no promueve la pedofilia, sino que hay pruebas sobradas de que actúa justamente produciendo el efecto contrario, previniéndola. No hay ninguna duda de que la ignorancia es el principal recurso de los pedófilos y pederastas. Un niño/a con información adecuada puede afrontar una experiencia de abuso de manera bien diferente a la que lamentablemente conocemos [3] de los testimonios habituales.

Bien es cierto que estos sectores suelen invocar a la moral sólo cuando de asuntos sexuales se trata. Se echa de menos similar contundencia en temas como la corrupción, los derechos sexuales, la diversidad sexual, el racismo, o la violencia machista.

En fin, que unos y otros utilizan la pornografía como un elemento de propaganda para expresar su ideología respecto de determinadas concepciones sobre el mundo, las relaciones interpersonales en general y las interacciones sexuales y afectivas entre las personas. Entendemos que hay una excesiva ideologización de las cuestiones sexuales, en detrimento de un enfoque profesional y científico, hecho que se puede perfectamente comprobar en los procesos sociales de normalización del divorcio, el aborto, la anticoncepción juvenil o la educación sexual, como hemos desarrollado en nuestro libro Sexo, poder, religión y política[1].

Todo ello perjudica enormemente al propio desarrollo e implementación de la educación sexual y provoca, a mi entender, efectos indeseables en quienes tienen menos recursos y son más vulnerables como es el caso de los consumidores juveniles de porno violento, o lo que es lo mismo la inmensa mayoría que carecen de los recursos cognitivos necesarios para filtrar lo que ven a diario en sus pantallas.

Efectos de esta posición radical

Desde un enfoque de prevención y promoción de salud, me parece pertinente plantear una reflexión acerca de las propuestas de este grupo en lo concerniente a las conductas adictivas que genera el consumo de porno. Pues bien, resulta paradójico que aquellas personas y grupos que están en contra de cualquier tipo de pornografía, en realidad podrían estar promoviendo indirectamente el consumo de películas sexuales violentas y sus graves efectos.

La explicación es bien sencilla: en el momento actual la inmensa mayoría de los adolescentes ven y verán el porno que hay predominante en Internet, es decir aquel que presenta diferentes dosis de violencia, incluyendo vídeos de tortura sexual a chicas aniñadas.  Sí o sí. Este tema lo hemos desarrollado ampliamente en nuestro programa TUS HIJOS VEN PORNO [4] así como en otros artículos de divulgación [5].

En consecuencia, si tenemos en cuenta los miles de millones de películas sexuales que existirán en los millones de webs porno on line, es preciso establecer algún tipo de diferenciación, ya que no pueden meterse todas en el mismo saco. Además, no hay que olvidar otro hecho incuestionable: el deseo sexual requiere estímulos a lo largo de la vida que muchas personas utilizaran y, en nuestra cultura digital, destacan sin duda los de carácter audiovisual, que guste o no, han venido para quedarse definitivamente.

Con ese argumentario le están diciendo a los adolescentes consumidores generalizados de estos vídeos, que da igual unos que otros, que todo es lo mismo. Craso error de consecuencias contraproducentes, razón por la que afirmamos que no, que no tienen nada que ver unos y otros y así lo explicamos en nuestros talleres destinados a familias, profesionales y jóvenes: hay películas sexuales eróticas y hay películas sexuales pornoviolentas que no tienen nada que ver unas con otras.

Esta es una buena razón para valorar ofrecerles otro tipo de películas sexuales que no incluyan ninguna manifestación de agresión o violencia. Ninguna. Y si no las hay habría que hacerlas. Sin embargo, sospecho que, en el fondo, no les importa. Consideran que, si ese consumo tiene consecuencias para la salud de los jóvenes, que no hay duda de que las tiene, es el justo castigo por consumirlo. Postura típica de la moral tradicional católica ante las consecuencias del aborto clandestino en la mujer:  es decir, que se aguante, no haberlo hecho.

Los orígenes en el movimiento feminista tradicional.

Pero vamos a centrarnos más en las argumentaciones del movimiento feminista, porque la postura religiosa es más conocida y tradicionalmente ha velado por defender su moral católica sobre la sexualidad, apoyada y retroalimentada por los grupos políticos conservadores.

Pues bien, este movimiento antipornografía, en opinión de Chadwick Roberts, tiene un hito relevante en 1976 cuando se crea la Fundación de Mujeres contra la Violencia (WAVAW), citando a aquellas que comenzaron a escribir y manifestarse contra la pornografía como Andrea Dworkin, pero también cita a Susan Brownmiller, Robin Morgan y Catharine MacKinnon.

Las feministas radicales consideran que la pornografía hace daño a todas las mujeres, inclusive a las mujeres implicadas en su producción: actrices, pornógrafas, productoras y, además, a la condición de las mujeres como clase. Una de las ideas que repiten sistemáticamente es que es una manera más de prostituir a las mujeres.

En Estados Unidos, desde la década de los 70, este grupo ha tratado de influir en la creación de leyes antipornografía. Sus dirigentes, sobre todo Andrea Dworkin y Catherine McKinnon, pretendieron responsabilizar a los directores y productores por el daño que ocasionaba la pornografía en la década de los 80. Concretamente en 1983, estas activistas redactaron una enmienda a los Derechos Civiles de Minneapolis en la que desarrollaban su postura, apoyándose en los daños que, según sus criterios, ocasionaba la producción y distribución de pornografía, considerándola como una violación de los derechos civiles. Esta enmienda fue finalmente impugnada por los tribunales.

Los principios que otrora defendía Dworkin siguen vigentes, por ejemplo, en las redes sociales, donde es muy frecuente encontrar infinidad de post que van en esta dirección y que cargan contra quienes osan cuestionar lo más mínimo ese planteamiento. En estos tuits, se deja claro que todo el porno es una manifestación más de la cultura del odio a las mujeres y de la cultura de la violación, que promueven los hombres. El feminicidio no sería sino el último eslabón de la cadena de violencia contra las mujeres. Por consiguiente, la lucha sin cuartel contra la pornografía, la prostitución y la GS es condición sine qua non de la guerra contra el patriarcado.

Otras aportaciones, no tan extremas, como las de Lynn Chancer, proponen cambiar el contexto de la pornografía, es decir, en lugar de prohibirla, es necesario ir más allá de un simple debate “a favor” y “en contra” de la censura. A su juicio, todas las feministas deben unirse para reivindicar el placer sexual y simultáneamente desafiar el sexismo. Sin embargo, estas posiciones más moderadas son fuertemente criticadas.

Andrea Dworkin como referente principal

Inevitablemente tenemos que citar a uno de los referentes de este movimiento radical anti-pornografía, Andrea Dworkin, que defendía, entre otras muchas ideas que “La pornografía es la sexualidad esencial del poder masculino: odio, propiedad, jerarquía, sadismo, dominación”. O que “La pornografía es la pedagogía de la violación y del odio a la mujer”.

He tenido la oportunidad de participar en algunos debates en redes sociales y algunas posiciones idénticas a ésta son, no sólo vigentes, sino que, simultáneamente, se plantean como inamovibles, descalificando virulentamente a quienes no siguen ese patrón. Hay algunas excepciones, pero, por lo general, el discurso es extraordinariamente radical, ya que cualquier aproximación al debate en sus aspectos teóricos e ideológicos, -que haga distinciones sobre la pornografía-, es inmediatamente descalificada con acritud.

Andrea Dworkin fue una figura clave del movimiento feminista, con un discurso provocador en una sociedad tradicional y puritana, que se enfrentaba sin ningún tipo de cortapisas a la pornografía. La violencia asociada a la sexualidad y la erotización de la violencia estarían en la base de las relaciones sociales y explicarían el sexismo, el racismo o el antisemitismo. La dominación masculina es la estructura primigenia de la opresión que revelaría todo lo demás.

Como dice Judith Grant, Dworkin hizo enojar a mucha gente. A su juicio, todas las presiones de los seres humanos están ligadas entre sí y responden al sistema binario de sexo en el que todos los individuos se dividen entre hombres y mujeres, jerarquizándose luego. Esta construcción social está ligada a la sexualidad y la dominación masculina, en una estructura que se reproduce con la complicidad de agentes masculinos y femeninos y que es esencialmente represora: la pornografía y la prostitución son el paradigma de esta opresión. La superación de esta jerarquía es política y debe hacerse con sujetos que tengan conciencia feminista sobre la relación entre sexo y violencia.

Por el contrario, como vimos en el artículo anterior, el movimiento feminista liberal no parece estar de acuerdo en asociar la prostitución y la pornografía sino más bien luchar contra la censura y defender la existencia y la producción de pornografía en base de que debe ser protegida como una forma de discurso, libre expresión o incluso fantasía. Esta posición es defendida con tenacidad por toda la industria pornográfica.

Tampoco son consideradas aquellas argumentaciones basadas en las disciplinas científicas vinculadas con la Sexología y la educación sexual, en la que se valoran cierto tipo de representaciones eróticas con carácter terapéutico y preventivo, descalificando a los proponentes sin paliativos.

Actitudes radicales extremas 

En las redes sociales hemos tenido la oportunidad de conocer, y sufrir, las campañas de descalificaciones, insultos por parte de algunas destacadas representantes de este movimiento tradicional (también de las liberales por otras razones o de otros grupos denominados putas feministas que defienden los trabajos sexuales) por tratar de discriminar mínimamente los estímulos sexuales eróticos y los pornoviolentos.

En este estado de radicalización extrema, quienes osan proponer algún tipo de solución intermedia, son objeto de las más feroces críticas desde ambos lados. O aquellos/as que sugieren que hay películas eróticas, cintas sexuales con finalidad terapéutica o educativa o simplemente películas de contenido sexual que estimulan el deseo de muchas parejas, en las que las ganas se han ido apagando, y que no tienen absolutamente nada que ver con la pornografía violenta, que habría necesariamente que prohibir/regular. Pues no, a estos ni agua, desde ambos extremos.

Además, se boicotea su obra bibliográfica y su trabajo docente sin ambages. No sólo no serán invitados a exponer sus ideas, sino que serán ninguneados sin pudor alguno. Aunque tengan un minúsculo poder, lo van a utilizar sin ningún género de dudas ya que no hay nada más osado que un mediocre con la posibilidad de tomar una decisión. Las RRSS son el ejemplo más claro de ningunear enfoques científicos y profesionales.

No hemos de olvidar que las redes sociales son un reflejo de la realidad, tal vez sin el filtro de lo políticamente correcto derivados del uso anónimo de los Nick de los perfiles. Por ejemplo, en nuestro caso, tenemos multitud de ejemplos y anécdotas que reflejan claramente esto que decimos y que se traducen en la idea de que el estudio académico del porno no es adecuado.

Por ejemplo, a menudo, encontramos muchos hombres que les molesta que, el que esto escribe, plantee algunas críticas sobre el consumo de películas sexuales pornoviolentas, a tenor de que la inmensa mayoría de los varones lo ha hecho o lo hace. Siempre les digo que mi interés no va con ellos, ni con sus hábitos, que ya son mayorcitos para tomar sus propias decisiones y que solo me interesan la prevención de los efectos de su consumo en menores.

Mencionar también las caras de sorpresa, cuando no sospecha, cuando te presentan como estudioso de la pornografía a alguien desconocido, hecho constatado así mismo por diferentes investigadores. Citar igualmente las habituales y aparentemente neutras preguntas de los jóvenes con los que trabajamos, siendo la más común: ¿Por qué te dedicas a esto? cuando no te inquieren directamente acerca de esa especialización con todo tipo de consideraciones.

O por ejemplo cuando algunos conocidos, me comentaban que no me seguían en las redes sociales porque no quería que sus jefes del trabajo o sus círculos de amistades, supieran que seguía a “uno que hablaba de pornografía”, por si tenía consecuencias futuras.

En fin, no es fácil estudiar e investigar en esta área en el que algunas personas te tildan sin ambages de pornógrafo o, como en el caso de algunos sectores del movimiento feminista insultos y descalificaciones personales con dureza, sin pudor algunos. Está claro que la maldad no tiene sexo.

Logros conseguidos

De momento, el movimiento crítico con la pornografía, que no solo engloba a las feministas, ha tenido como eje nuclear significativo la lucha contra la pornografía infantil y los pedófilos, consiguiendo grandes éxitos en la mayoría de los países, al considerarlos delito. Sin embargo, este movimiento parece centrar el objetivo en la abolición total de la pornografía.

Esta crítica permanente a la pornografía también ha sido hecha en Reino Unido, dentro de un contexto de crítica general que incluye cuestiones como el sentido y significado de la sexualidad y sus manifestaciones socialmente aceptables. La posición feminista contra la pornografía y contra el trabajo sexual es clara: una violación del cuerpo de la mujer, resultado de la desigualdad de la sociedad, misógina y heterosexista en la que vivimos.

Este debate se plantea asimismo en Australia, con argumentos similares: desde considerar a la pornografía como “un veneno en nuestra cultura”, destacando el daño que puede producir en los menores y en las conductas sexuales masculinas, hasta los que piensan que es una liberación de los deseos sexuales.

Sin embargo, algunas voces críticas defienden que esta confrontación entre los derechos de los niños no tiene por qué ir aparejada de un menoscabo de los derechos de las mujeres. Las argumentaciones de carácter científico, por ejemplo, desde la salud, generalmente no son tenidas en cuenta.

Es excepcional que se invoquen argumentos del tipo “la pornografía puede ofender”, en una sociedad liberal y democrática, porque resulta extremadamente difícil demostrar que es así. La “invasión de la privacidad” o de la intimidad, -que es la esencia de la experiencia sexual, donde la vulnerabilidad de las personas es más evidente y, por ello, habría que salvaguardar- también han sido argumentos esgrimidos por ciertos grupos religiosos y políticos conservadores, si bien consideramos que están en franca decadencia, excepto en aquellos casos en los que se demuestre que hay personas a las que se les ha obligado a ver pornografía y/o que el espectador es menor. Lo más habitual es que sea una decisión libre y autónoma del sujeto adulto y capaz de elegir ver o no pornografía.

En mi opinión, es preciso cambiar el concepto de pornografía porque este término ya no sirve, engloba numerosas variables cuya mezcla, sin fundamento, no coadyuva a avanzar en una sociedad más justa y saludable, como tampoco lo hace el hecho de imponer una aproximación exclusivamente ideológica.

*José Luis García es psicólogo clínico y especialista en Sexología. Ha hecho importantes contribuciones al estudio de la pornografía, los efectos de su consumo en menores y la educación sexual, desarrollados en su programa educativo TUS HIJOS VEN PORNO. (https://joseluisgarcia.net/)

[1] https://www.diariocritico.com/nacional/abascal-acusa-gobierno-corrupcion-menores-pedofilia

[2] https://www.huffingtonpost.es/entry/un-doctor-en-psicologia-desmonta-las-ultimas-declaraciones-de-abascal-sobre-la-educacion-sexual-revela-ignorancia_es_5e67b1c8c5b6670e72ff4f77

[3] https://joseluisgarcia.net/articulos/no-no-quiero-que-me-toques-una-reflexion-sobre-el-abuso-violacion-sexual-infantil/

[4] https://joseluisgarcia.net/articulos/quieres-conocer-nuestra-propuesta-educativa-tus-hijos-ven-porno/

[5] https://joseluisgarcia.net/articulos/mis-ninos-y-ninas-pornograficos-ii-el-poder-de-internet-y-del-porno/ Esta es una serie de 3 artículos donde abordamos el poder del deseo, de Internet y de la pornografía.

[1] https://joseluisgarcia.net/tienda/educacion-sexual/sexo-poder-religion-y-politica/

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