Poesía Crítica | Coplas de Mingo Revulgo, o de cómo Pablo Casado logró doblegar la naturaleza

Calle Génova número trece.

Curioso número preside la sede.

Un lugar donde si alguien lo pide,

cualquier mañana amanece de noche.

Una serena inquietud lo inunda todo.

El sol plateado cae a plomo

mientras la luna resplandece y

desprende el calor

que a otro le pertenece.

La humedad se evapora del agua.

Con la lluvia en ascenso

vomitada desde las dunas del Sahara,

la tierra sin humus fabricando alimentos,

y la fruta madura de invierno

en lugar de caer al suelo,

sube hacia un cielo cubierto de nubes

estériles por dentro, más por fuera,

frugal algodón de color rojo neutro.

Si todo es etéreo y relativo,

Einstein un tipo de dura cerviz

y Newton, un personaje de cuento.

Si la relatividad es suprema norma

de un alto tribunal

que anda lejos del suelo

pero cerca del esperpento…

…es que el mundo ha dado otro vuelco

para que Pablo Casado,

tipo de semblante alargado, estudios

cosidos a la solapa con hilo de velo

y actual presidente del inmueble genovés,

sea liberado de la penosa carga

que otros maestros del esfuerzo fingido

colocaron sin él saberlo

a lomo de sus espaldas.

Pobre Pablo. No lo sabía.

Según sus compañeros de piso,

el vulgo adocenado se escandaliza por nada.

Se matriculó, como dicen ahora en la tele,

para “darlo todo”, para estudiar a fondo.

Pero no tuvieron en cuenta su opinión

quienes le graduaron… sin aparecer por el aula.

Pobre Pablo. No sabía nada.

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