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La narrativa de fortalecer la integración europea como un antídoto contra el auge de la derecha radical, promovida por los sectores pro-UE, es cada vez más cuestionada.
Por Fernando Ariza | 11/05/2025
Este domingo 11 de mayo, la Plaza de Callao en Madrid fue escenario de la manifestación convocada bajo el lema ‘En Defensa de la Unión Europea y la Democracia’, promovida por el PSOE, Sumar y los sindicatos CCOO y UGT. El evento, que pretendía movilizar a la ciudadanía en favor de los ‘valores europeos’, resultó en un rotundo fracaso en términos de asistencia. Según datos de la Delegación del Gobierno, apenas un millar de personas acudieron a la cita, una cifra que pone en evidencia la escasa capacidad de movilización de los sectores social-liberales que defienden con fervor la integración europea.
La baja participación es un síntoma de un malestar creciente en España hacia la Unión Europea. Cada vez más ciudadanos perciben a la UE como un ente supranacional distante, donde decisiones cruciales que afectan al día a día de los españoles se toman en Bruselas, a miles de kilómetros de distancia. Estas decisiones, que abarcan desde los derechos laborales hasta las pensiones, pasando por las políticas agrarias que impactan al campo español, las privatizaciones de sectores estratégicos y la aprobación de millonarias partidas para la industria armamentística, son vistas como una injerencia que merma la soberanía nacional y el bienestar de la población.
El discurso de los organizadores, que incluyó intervenciones de figuras como los secretarios generales de UGT, Pepe Álvarez, y CCOO, Unai Sordo, así como el cierre musical de Miguel Ríos interpretando el «Himno de la Alegría», buscó reivindicar una Europa de ‘libertad, cohesión y derechos humanos’. La narrativa de fortalecer la integración europea como un antídoto contra el auge de la derecha radical, promovida por los sectores pro-UE, es cada vez más cuestionada. Para muchos españoles, esta retórica no refleja una defensa genuina de la democracia, sino una estrategia de las élites capitalistas para mantener el control político y económico sobre los países miembros, perpetuando un modelo que prioriza los intereses de las grandes corporaciones por encima de las necesidades de la clase trabajadora.
La percepción de que la UE opera al servicio de estas élites se ve reforzada por medidas como las políticas de austeridad impuestas en el pasado, la desregulación de sectores clave y el apoyo a privatizaciones que han debilitado los servicios públicos. Asimismo, la falta de transparencia en la toma de decisiones y la sensación de que los ciudadanos no tienen voz real en las instituciones europeas alimentan el desencanto. En el caso del campo español, las regulaciones agrarias de la UE son vistas como un obstáculo para los pequeños y medianos agricultores, mientras que las multimillonarias partidas destinadas a la industria armamentística chocan con las demandas de inversión en sanidad, educación y pensiones.
El fracaso de la manifestación en Madrid no solo evidencia la desconexión entre los sectores social-liberales y la ciudadanía, sino también el creciente escepticismo hacia un proyecto europeo que, para muchos, ha perdido su legitimidad democrática. La baja asistencia refleja una realidad innegable: los españoles están cada vez más conscientes de que permanecer en la UE implica una renuncia significativa a la soberanía nacional, y que el discurso de una ‘Europa unida y democrática’ no es más que una fachada que oculta los intereses de las élites capitalistas. En un contexto de crisis económica, tensiones geopolíticas y auge de alternativas políticas, el futuro de la clase trabajadora pasa por la salida de la UE y la labranza de un camino independiente que defienda sus intereses.
manifestante.
Por desgraci, como participante muy activo, debo confirmar que este artículo dice la verdad sobre la poca participación en esa concentración y sus causas.Nuestra política, tan insular de hecho, nos debilita mucno.