Peligrosidad Social

Por Jesús Ausín

Eboko García Pascual es un español de toda la vida. Sus padres eran españoles nacidos en la antigua provincia española del Rio Muni. Ellos no pudieron quedarse cuando el territorio africano pasó a llamarse Guinea Ecuatorial y a ser un estado independiente. Y mira que les hubiera gustado. Porque ellos eran de allí. Y sus padres. Y los padres de sus padres. Pero la independencia no quería traidores y ellos habían sido responsables durante años del sufrimiento de sus hermanos. Porque el padre de Eboko, había logrado una buena posición social. Primero como encargado de una plantación de Cacao en Rio Muni y luego como funcionario de la policía secreta del régimen franquista en Fernando Poo. Hasta el punto que dejó de ser Bubi y de apellidarse Nsé para escoger el apellido español por excelencia: García. Su mujer de igual modo, acabó apellidándose Pascual.

Los padres de Eboko se instalaron en Madrid donde, a su padre, que no podía seguir siendo negro y policía, le pagaron los servicios prestados con un puesto de Conserje en el Ministerio de la Gobernación. Aquí nació Eboko. Aquí le bautizaron con el nombre de Eboko Jesús Manuel García Pascual, aunque en la partida de bautismo solo figura Jesús Manuel por razones de legalidad, ya que en el año 1973, no podían ponerse nombres a las personas que no tuvieran un santo que respaldase la propuesta.

Así pues, Eboko es un español muy español. Aunque un español raro porque su piel no es blanca como la leche, tostada como la de los árabes o aceitunada como la de los gitanos. Es tan, tan español que milita en un partido que reclama la expulsión de todos los extranjeros del territorio nacional. Que cree que con Franco se vivía mucho mejor en este país y que, por supuesto, aboga por que España sea una, grande y libre y no diecisiete.

Eboko es la cuota pintoresca de ese partido de nuevo cuño que preside un tipo que defiende a muerte la empresa privada, que critica a los funcionarios a los que califica de vagos y maleantes y los acusa de vivir del Estado sin pegar ni golpe, y que para demostrarlo y como ejemplo, él a sus cuarenta y cuatro años, no ha cotizado ni un solo día a la Seguridad Social y lleva viviendo de las rentas que le han llegado de las subvenciones otorgadas a dedo por el Partido Popular, a diferentes organismos en los que él ha sido “dirigente” desde que tenía 18 años.

Eboko, como cuota pintoresca, es paseado por los mítines que da su partido. Es la prueba, según ellos, de que ni son fascistas, ni racistas, ni homófobos. Simplemente españoles de bien. Eboko, que siente lo que dice porque heredó de su padre esa vena déspota policial, aunque lo único que ha logrado ser es vigilante de seguridad y sin permiso de armas porque no logró pasar las pruebas psicotécnicas, sube al estrado, repite siempre el mismo discurso aprendido de memoria, escucha los aplausos y desaparece hasta la próxima.

Hoy, su formación va a dar un mitin en el auditorio del Parque Pinar del Rey. Ha salido temprano de casa. Son las cuatro de la tarde y el mitin es a las siete. A esas horas la Línea Cuatro no lleva muchos viajeros. Va sentado tranquilamente en un vagón semi vacío. En Prosperidad entran en su habitáculo cuatro tipos con el pelo rapado casi al cero, cazadoras negras y botas militares. En cuanto arranca el tren le dicen que se levante que un negro extranjero no puede ocupar un asiento en el metro español.  Le increpan, le dicen que más le vale que se vuelva a la salva de la que ha salido. Le llaman mono y hacen ruido imitando a los primates, apoyándose en una postura de piernas flexionadas y manos debajo de los sobacos. Eboko les dice que él es español, como ellos. Pero esta gente no escucha y en lugar de apaciguarlos les excita más. No quieren que hable. No quieren que respire. Les gusta provocar miedo y que la gente se acobarde. Que se cambien de vagón. Que se asusten hasta quedarse minimizados e invisibles. Pero Eboko que ha visto la Esvástica que uno de ellos lleva tatuada en el brazo, hace el saludo fascista levantando la mano hacia arriba. Ellos lo interpretan como un intento de agresión y no esperan a que la mano se extienda completamente hacia arriba. En cuanto el antebrazo supera la altura del hombro, un puño acaba estampado en su cara. La nariz comienza a chorrear sangre y el labio se le hincha como si le hubieran insuflado aire. Él intenta decir que es de los suyos, pero ya no se le entiende. ¡Que te calles, mono! Le gritan. Una zancadilla le tira por el suelo y allí se suceden las patadas una tras otra.

La casualidad hace que en Alfonso XIII estén los vigilantes del Metro comprobando los billetes y que entren en el vagón. Los cuatro nazis salen huyendo inmediatamente y ponen rumbo a la calle. Eboko es desalojado y llevado al hospital. Tiene el bazo destrozado y tres costillas rotas.

Sobrevivirá y seguirá siendo muy español y mucho español porque lo que le ha sucedido ha sido un mal entendido.


Peligrosidad Social

Veíamos estos días un vídeo en el que un “español de bien” entrado en años y, por su forma de arrastrar las palabras, borracho, increpaba a una persona de color en el metro diciendo que le había empujado y como varios de los pasajeros (una mujer joven y un chico también joven) le recriminaban su xenofobia porque no era verdad lo del empujón y no venía a cuento que le dijera que no era español y que no tenía derecho a estar aquí.

El vídeo se ha hecho viral por el civismo de los jóvenes que dieron la cara por una persona inocente. Me pregunto que hubiera pasado en una situación en la que, en lugar de ser un viejo borracho hubieran sido tres anormales con Esvásticas tatuadas, en un vagón repleto de gente como estaba, si alguien hubiera sido capaz de sacar la cara por el chico acusado sin fundamento. Y ahí es dónde radica el principal problema de esta gentuza. Que son violentos y peligrosos. Y cuando están envalentonados, como ahora, porque desde las autoridades, a la justicia, pasando por quiénes debieran velar por la seguridad de la ciudadanía, todos miran para otro lado (cuando no acaban incriminando a quiénes osan “molestar” a los fascistas) son incontrolables y peligrosos. Muy peligrosos.

Nadie que te prometa el paraíso mientras aprueba medidas que significan más horas de trabajo, menos sueldo y más precariedad y que sin embargo la primera medida que toma es subirse el salario un 50 %, te va a arreglar la vida.

No creo que la mayor parte de los “simpatizantes” de las formaciones que se nutren de estos individuos sean así de violentos. Pero es evidente que sus votos envalentonan a los que no dudan en acuchillar oponentes o darles una paliza que les provoque la muerte. Y todos tenemos en el recuerdo como a partir del golpe de estado del 36, millones de españoles (la mayor parte de ellos sin militancia política alguna) fueron asesinados impunemente en decenas de kilómetros de cunetas y lo que aún es peor, los ancestros de estos energúmenos acabaron quitándoles a sus familias hasta las ganas de vivir. Y también en aquellos últimos años setenta dónde por llevar el pelo largo o una camiseta del Che, eras apaleado por unos individuos que, como ahora, eran una minoría pero estaban igual de protegidos y envalentonados.

Si el auge del fascismo es general en toda Europa, fruto de una Unión gobernada por puteros borrachos y sinvergüenzas, que ha provocado la ruina de muchos los países miembros, además de miseria y pobreza en sus habitantes y ha promovido la xenofobia como cabeza de turco, en España ese auge solo es un resurgir, un renacimiento de las cenizas, porque aquí el fascismo es algo que ha estado ahí latente, al menos en los últimos ochenta años.

La situación es preocupante porque la impunidad bajo la que se sienten amparados, neonazis, franquistas, fascistas de todo tipo, les da alas.

La manida Constitución a la que recurren los acérrimos del régimen, algunos de los cuales nunca la han respetado y que ahora recurren a ella retorciéndola para usarla como arma de aniquilación del disidente, fue negociada con unos poderes que antes, durante y después siguieron siendo franquistas. Así hoy, hay dos tipos de setentayochistas, los que protegen el régimen por miedo a que uno nuevo acabe descubriendo y sacando a la luz toda la mierda de la que son partícipes y coautores y que además protegen un patrimonio logrado, digamos indignamente (cuando no de forma ilegal) durante los últimos cuarenta años, y los que protegen el régimen argumentando que lo hacen bajo una Constitución que se la trae al pairo y que incumplen constantemente y que, en realidad, están protegiendo el patrimonio logrado a base de chanchullos, cohechos y bajo la protección del régimen del general genocida.

Entre estos últimos están los que se autodenominan constitucionalistas pero que están en contra de los migrantes, contra la liberación de la mujer, de los derechos laborales, de los impuestos progresivos y de las prestaciones sociales (todos derechos recogidos en la Constitución). Por no hablar de todos esos miembros endogámos del Poder Judicial que, aunque directamente no salieron del régimen franquista, se sienten cómodos con  lo que significa para ellos: impunidad, relevancia, prestigio y poderío. Aquí también se encuentran aquellos que, a pesar de los esfuerzos de PSOE conocedor de que la mejor forma de evitar golpes de estado es tener a la cúpula militar contenta con salarios muy superiores al resto de la ciudadanía, no pudieron dejar, como denuncia el Teniente Segura, de seguir con sus “trapicheos”. Y los “hijos de”, gente que a sus setenta, ochenta o más años, siguen cobrando pensiones de orfandad de un padre guardia civil, brigada, teniente o coronel del ejército franquista. Personas que no han trabajado en su vida pero que están convencidos de que los vagos y maleantes vienen de fuera a vivir de las prestaciones que regala el Estado y que no deberían existir (porque lo suyo es un derecho, no una prestación).

La situación es preocupante porque la impunidad bajo la que se sienten amparados, neonazis, franquistas, fascistas de todo tipo, les da alas. Hemos visto como un supuesto guardia civil borracho, se inventa una historia de acoso en un bar por llevar una bandera de España en la manga y como un medio de la basura mediática que dirige el mayor indigente moral de este país, que carece de cualquier atisbo de honestidad y que forma parte de esa cloaca que sostiene el Estado a base de subvenciones y de una peligrosa colaboracionista del fascismo que trabaja en ese medio basuril, publican la versión del afectado por los efluvios del vino, poniendo en peligro no solo la estabilidad económica del negocio sino la integridad de sus trabajadores.

Aquí tenéis la secuencia de los twits de Lidia Aguado que estaba allí.

En esta coyuntura, se hace necesario que la gente tome conciencia de quiénes son estos individuos y lo que suponen para la ciudadanía. Los activistas del fascismo son peligrosos y violentos, gentuza de la peor calaña que no dudan en matar si es necesario. Los políticos que fomentan el odio del fascismo son morralla que solo están en política para vivir de ella, porque no saben hacer absolutamente nada. Manejan a la indigencia intelectual de sus votantes vendiéndoles conceptos pasionales que no solo no les dan de comer, sino que además les empobrecen, prometiéndoles un futuro mejor, cuando en realidad, solo les traerá más desgracias.

Nadie que te prometa el paraíso mientras aprueba medidas que significan más horas de trabajo, menos sueldo y más precariedad y que sin embargo la primera medida que toma es subirse el salario un 50 %, te va a arreglar la vida. Si no entiendes esto, entonces te mereces toda la miseria del mundo. Pero piensa que lo que tu haces también nos afecta a los demás.

O paramos esto o acabaremos en un gran charco de sangre. Y nadie está libre de estar dentro.

 

Salud, república y más escuelas.


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