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Mientras el Gobierno presume de haber vetado el uso de la base para bombardear Irán, las obras de ampliación de Rota avanzan a toda máquina.
Por Fernando Ariza | 5/03/2026
Pedro Sánchez ha vuelto a desempolvar el icónico “No a la guerra”. El mismo eslogan que en 2003 movilizó a millones de españoles contra la invasión de Irak y que aupó al PSOE al poder en 2004, resucita ahora en boca del presidente del Gobierno mientras España se desmarca —de forma puntual— del ataque unilateral de Estados Unidos e Israel contra Irán.
En su comparecencia de este 4 de marzo desde Moncloa, Sánchez resumió la posición oficial de España en cuatro palabras: “No a la guerra”. Condenó el ataque, negó cualquier apoyo logístico y ordenó que las bases conjuntas de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) no se utilizaran para la agresión imperialista. Los aviones cisterna estadounidenses KC-135 abandonaron territorio español dos días después del ataque y el Gobierno reiteró que solo autorizará acciones amparadas en la legalidad internacional y en el Tratado de la OTAN.
Suena valiente. Suena a rebeldía. Suena, sobre todo, a mensaje electoral dirigido al electorado de izquierdas que empieza a mirar con recelo al PSOE. Pero, como siempre con Sánchez, hay que mirar más allá de la frase hecha y de la foto de Moncloa.
Lo primero que debemos destacar es que España sigue siendo miembro pleno de la OTAN y del entramado imperialista estadounidense. No se ha planteado ninguna salida de la Alianza Atlántica, ni revisión de los acuerdos de defensa con Washington. Tampoco hay un debate parlamentario sobre la presencia militar norteamericana en suelo español. La “rebeldía” de Sánchez es estrictamente coyuntural: se niega el uso de las bases para este ataque concreto porque no cuenta con respaldo de la ONU ni de la OTAN como organización colectiva. Pero todo lo demás permanece intacto. Y la prueba más clara, más descarada y más factual de que todo esto es puro teatro es la Base Naval de Rota.
Mientras el Gobierno presume de haber vetado el uso de la base para bombardear Irán, las obras de ampliación de Rota avanzan a toda máquina. El anteproyecto ya está aprobado y las obras comenzarán antes de que acabe 2026. Se construirán tres nuevos muelles, se duplicará la capacidad de atraque y se invertirán cerca de 300-400 millones de euros para acoger un sexto destructor estadounidense Aegis y reforzar el escudo antimisiles de la OTAN en el Mediterráneo. El objetivo declarado: convertir Rota en el gran hub del flanco sur atlántico para las próximas décadas.
Es decir: hoy Sánchez dice “no” a que los aviones cisterna reposten para atacar Irán. Mañana la misma base —con más muelles, más destructores y más efectivos estadounidenses— seguirá siendo pieza clave del dispositivo militar norteamericano en Europa. Más tropas, más capacidad operativa, más subordinación. Todo aprobado por el mismo Gobierno que ahora vende postureo pacifista.
El PSOE, maestro del doble lenguaje
El PSOE es experto en esta comunicación política de doble fondo. Lo hizo Zapatero con la salida de Irak (manteniendo las bases y la cooperación de inteligencia), lo hizo con el despliegue en Afganistán y lo repite Sánchez cada vez que necesita oxígeno electoral: gesticula a la izquierda mientras consolida la alianza atlántica.
La ampliación de Rota no es un detalle técnico. Es la demostración empírica del engaño. Es la prueba de que la “rebeldía” de Sánchez no cuestiona ni un solo pilar estructural de la política de defensa española: pertenencia a la OTAN, acogida de fuerzas estadounidenses, integración en el mando unificado aliado y subordinación estratégica a los intereses de Washington.
No caigamos en los cantos de sirena
El “No a la guerra” de Sánchez no es pacifismo, es marketing. Es un eslogan vacío de contenido transformador, pensado para las encuestas y para las redes, no para cambiar la realidad. Mientras la base de Rota se expande para albergar más efectivos norteamericanos, Sánchez saca pecho de la medida reciente en la base.
La política de defensa española permanece intacta: atlantista, intervencionista cuando conviene a Washington y subordinada al imperialismo estadounidense. Todo lo demás es humo electoral. Quien quiera paz de verdad, no puede conformarse con eslóganes reciclados. Hay que exigir coherencia: salida de la OTAN, cierre de las bases estadounidenses y una política exterior soberana que no se pliegue a los intereses de ninguna potencia. Hasta entonces, el “No a la guerra” de Sánchez no es más que otra promesa vacía del manual del PSOE.
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