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Lo que deseaban los socialistas era que la carga del trabajo alcanzase a todas las personas válidas, que unos no explotasen a los otros y que la riqueza se repartiese entre los que la producían
Por Eduardo Montagut | 9/12/2025
Pablo Iglesias afirmaba que la burguesía consideraba que la principal tarea que realizaban los socialistas consistía en promover el odio entre el proletariado, de los pobres y oprimidos contra los explotadores. Sostener que existía la lucha de clases era predicar el odio contra los que se enriquecían con el trabajo ajeno. Si se pregonaba la necesidad de que desapareciese el régimen capitalista significaba recomendar la matanza de los patronos, destruir la sociedad y aniquilar la riqueza.
Pero el viejo líder socialista afirmaba que los socialistas no predicaban el odio contra la gente adinerada ni recomendaba que se matase a los explotadores, ni, por supuesto, se deseaba la aniquilación de la riqueza.
Lo que deseaban los socialistas era que la carga del trabajo alcanzase a todas las personas válidas, que unos no explotasen a los otros y que la riqueza se repartiese entre los que la producían. Y entre eso y predicar o concitar el odio de los pobres contra los ricos había una gran diferencia.
En realidad, los que concitaban el odio no eran los socialistas sino los que les atribuían la práctica del mismo.
Y eso lo probaban las encarcelaciones porque sí, así como separar familias, deportar a pueblos que no ofrecían medios de vida a obreros que no habían hecho otra cosa que organizar a sus compañeros del trabajo o alentarles para que defendiesen sus intereses. Eso era provocar o generar odio entre los trabajadores. Como también había ocurrido en el caso de la Compañía de Riotinto entre la indiferencia del Gobierno de Dato con el éxodo por toda la península Ibérica de miles de niños de los huelguistas de aquella zona. Eso era provocar, de nuevo, odio, entre el proletariado.
El arma empleada por parte de los patronos del “locaut” o de rendir de hambre a los obreros que recurrían a la huelga para mejorar sus salarios eran concitar fuertes odios entre las masas obreras.
Lo mismo pasaba cuando las autoridades lanzaban contra los asalariados, tanto si eran hombres, como mujeres o niños a la Guardia Civil. Eso no era generar “corrientes de armonía” ni que los trabajadores sintieran cariño por dicha institución. Lo que se conseguían era que los desheredados acumulasen en su corazón un odio mortal contra los que habían causado tantas víctimas a su clase.
No eran, por lo tanto, los socialistas ni los que predicaban la emancipación de los trabajadores los que sembraban el odio entre los mismos contra los que detentaban los medios de producción. Su tarea era mucho más noble porque pretendían organizar y educar a las masas explotadas para que pudieran emprender la necesaria transformación social en bien de la Humanidad.
Así el odio o la generación del mismo entre los “esclavos del capital contra sus señores” eran los gobernantes, los patronos codiciosos y los “elementos armados”, que trataban a los obreros peor que a los animales dañinos. Con sus actos irritaban a los proletarios poniéndoles en el disparadero.
Si un día la clase trabajadora española se levantaba airada y daba rienda suelta a su furor no sería culpa de ella sino de los que la habían vejado sin reparo alguno. De esos sería la responsabilidad de lo que ocurriese1.
Estas ideas fueron plasmadas en un artículo que se publicó en el número del 19 de octubre de 1920 en El Socialista.
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