OTAN: 40 años de mentiras, nada que celebrar

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Por Juanlu González

Mientras la mitad de la clase política española se está aún riendo de la cumbre pasillera de récord Guinness celebrada entre el senil Biden y el socialista Sánchez, la otra media se afana en presentar como un éxito diplomático el haber convencido a Stoltenberg de que el año que viene, la cumbre de la OTAN se va a celebrar en Madrid. La idea del presidente del gobierno más progresista de la historia reciente de nuestro país es celebrar los 40 años de la incorporación a la Alianza Atlántica como si ese infausto momento fuese algo digno de festejar.

Imagino que cuentan con el estado de amnesia general en el que vivimos, con la pandemia o con el futbol, para que nadie analice las implicaciones del fasto previsto, ni de lo que supuso para nuestro país la fraudulenta incorporación a la OTAN. Obviamente los medios de comunicación de masas jamás van a entrar en esos pantanales, su dependencia del poder económico les impide jugar el papel de contrapoder que quizá algún día tuvieron encomendado. Hoy solo son un apéndice más del capital y han dejado reducida la libertad de prensa a un montón de escombros.

Si alguien piensa que ese papel lo van a jugar los partidos de la izquierda parlamentaria va listo. Podemos cuenta con un general otanista en sus filas, ferviente defensor de matanzas ilegales como la acontecida en Libia, donde tomó parte directa. Su apuesta ideológica y programática en  estos temas es tan voluble que pareciera estar escrita en el aire. Pero lo de Izquierda Unida es aún peor. Un partido que nace precisamente para recoger el descontento creado por la entrada de nuestro país en la Alianza, que lleva el OTAN NO, BASES FUERA grabado a fuego en su ADN, con el que hemos compartido múltiples marchas y manifestaciones por la paz, no debería formar parte de esta farsa. Quizá el PSOE sí que tenga algo que celebrar. Un engaño masivo a la opinión pública, ejecutado en tan poco tiempo, un viraje ideológico de tal calado, es algo digno de estudiarse en las universidades como ejemplo de manipulación masiva.

No queda más remedio que la sociedad civil sea quien asuma el papel que han abandonado partidos políticos y medios de comunicación. Y en esas nos van a encontrar. No cabe duda de que ese fue un momento clave de la transición española. Ahí fue cuando la socialdemocracia patria culminó su proceso de domesticación planificado por la CIA en connivencia con el régimen franquista. Pregunten si no quién facilitó los pasaportes y la protección para que González y su séquito pudiesen ir a Suresnes a abjurar del marxismo y obtener el beneplácito para formar parte de la casta. Pregunten si no, cómo y para qué el nazismo alemán pagó la primera campaña electoral del PSOE…

No pocos historiadores señalan que el golpe de estado del 23F de 1981 triunfó realmente y que su objetivo real fue la incorporación de España en la OTAN. Algunos se atreven a culpar a EEUU de la organización del tejerazo. Un Suárez que estaba virando hacia el Movimiento de Países No Alineados y que dudaba de la incorporación a la santa Alianza, fue obligado a dimitir por el rey y por los ruidos de sables amenazantes. No es causal que lo primero que hiciera Calvo Sotelo, tras asumir el poder tras el «fracaso» de la asonada, fuese firmar el decreto que nos introducía clandestinamente en la organización militar por la puerta de atrás, sin luz y sin taquígrafos.

Luego vino el referéndum sobre la permanencia, que no entrada, en la OTAN, organizado por el PSOE contra un país eminentemente pacifista que, según los estudios demoscópicos, estaba muy mayoritariamente contra la pertenencia a la mayor organización terrorista de la historia de la humanidad. Una pregunta torticera vinculada a tres condiciones que se acabaron incumpliendo una por una. Una campaña atroz basada en el miedo —el anuncio de que caerían las siete plagas sobre España si no se votaba afirmativamente— y en el uso abusivo de los medios de comunicación — públicos y privados— para apoyar la campaña de manipulación masiva orquestada desde el poder, hicieron el resto.

Sacar pecho ante un ataque a la democracia de tal magnitud, por mucho que hayan pasado 40 largos años y que ya muchos se hayan olvidado de lo que realmente sucedió, es un síntoma de la mala calidad de la democracia española y de que sigue siendo necesario un proceso constituyente que rompa definitivamente los lazos con el franquismo y con el modelo de país salido de las cloacas de la Casa Blanca. La OTAN no tiene ninguna razón de ser, hoy menos que nunca. Es una organización que arrastra tras de sí un historial de muerte y destrucción, de desprecio a la legalidad internacional, incompatible con la defensa de la libertad y la democracia que dicen defender. De hecho históricamente han admitido en su seno a dictaduras de corte fascista (como Grecia o Portugal), mantienen dentro a países tan dudosamente democráticos como Turquía y a los países europeos del este más autoritarios de la extrema derecha. Además, colaboran sin dudarlo con muchos de los regímenes más abyectos del planeta.

Sin lugar a dudas, son el brazo armado del capitalismo y el imperialismo, responsables de destrucción de países enteros y de la muerte de centenares de miles de personas. Este es el mensaje que debemos transmitir a la sociedad en la efemérides. La izquierda social, el movimiento pacifista, la izquierda extraparlamentaria, los grupos antiimperialistas, tienen ante sí la enorme tarea de organizar el año que viene una contracumbre para reivindicar aquel espíritu antibelicista que llevó a organizar las manifestaciones más importantes de la historia de la democracia. Hagamos que Sánchez y los suyos se arrepientan de este «éxito diplomático».

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