Opinión | Aquí no pasa nada

Por Manuel Tirado, ilustración de Bezerradas Nocturnas

Vivimos en un país en el que durante el entierro de un ex ministro de Franco cuatro lumbreras con camisa azul y brazo en alto cantan el “Cara al sol”… Y aquí no pasa nada. Vivimos en un país donde un partido político, heredero de ese régimen fascista, está de mierda hasta los ojos, con más de 800 cargos imputados… Y aquí no pasa nada. Vivimos en un país donde se ponen y destituyen jueces y fiscales para que no se persiga la corrupción… Y aquí no pasa nada.

Aquí no pasa nada… No pasa nada siquiera cuando Unidos Podemos propone una moción de censura para quitar del poder a ese partido facha y podrido hasta el tuétano y… ¡Sorpresa, sorpresa! Los mismos que quieren quitar a los corruptos del gobierno son acusados de montar un circo y de ser los culpables de una acción interesada y que “algunos” han tachado de “populista”, cuando lo que está en juego es la propia democracia, los valores de este sistema que unos pocos han ido esquilmando para beneficiar a una minoría que ha hecho el agosto durante esta crisis a costa del sufrimiento de la mayoría.

“Lo llaman democracia y no lo es”, gritaban en Sol miles de almas, cuyas voces han sido silenciadas por los grandes medios de comunicación, esos medios que se han vendido a los de siempre, a los que quieren mandar sin presentarse a unas elecciones… Y aquí no pasa nada.

Ancianas que mueren por tener que alumbrarse con velas en sus casas; pobres que, a pesar de tener trabajo, no dejan de ser pobres porque no cobran ni el salario mínimo interprofesional; mujeres que siguen muriendo bajo la mano del machismo que sigue poniendo en práctica vilmente aquello de “o conmigo o con nadie”; Y lo mismo de siempre… Aquí no pasa nada.

¿Para qué vamos a pelear en la calle y vamos a salir a protestar si después me voy a mi casa y trato de arreglar las cosas desde la comodidad de mi sofá y quiero cambiar el mundo a base de “tuits” ingeniosos que me reportan miles de seguidores?

Parece que no vislumbramos en el horizonte ningún cambio de rumbo, ningún atisbo de esperanza que nos haga pensar en que vamos a salir de esta situación, que por desgracia, cada vez nos parece más normal.

En sus novelas, el Marqués de Sade repetía hasta el hartazgo, una y otra vez, las mismas humillaciones, los mismos sufrimientos, los mismos calvarios que sufrían las víctimas por parte del sádico, para así crear en el lector un sentimiento de indolencia, de apatía, de “spleen”, que diría Baudelaire, y parece que ése es el mismo resultado de tanto bombardeo, de tanta información y opinión a veces mal intencionada, que hace que nos estemos anestesiando frente al sufrimiento ajeno y que nos resignemos frente a la frase de marras… “Y aquí no pasa nada”.

¿Qué vamos a hacer, si aquí nunca pasa nada? ¿Para qué vamos a votar a “los nuevos” si después serán igual que “los de siempre”? ¿Para qué vamos a pelear en la calle y vamos a salir a protestar si después me voy a mi casa y trato de arreglar las cosas desde la comodidad de mi sofá y quiero cambiar el mundo a base de “tuits” ingeniosos que me reportan miles de seguidores? ¿Para qué militar en un sindicato o en un partido político si después se venden a los poderes siempre? ¿Para qué escribir artículos llenos de indignación que sabemos que no van a cambiar nada de nada? ¿Para qué?… Si después nos encontraremos con la misma frase que martillea nuestra conciencia una y otra vez… “Y aquí no pasa nada”.

Pero frente a la derrota a la que parece estamos destinados seguimos frente al ordenador soltando nuestra indignación para que pase algo. Gritamos tras la pancarta del 1 de mayo para que nadie sea más pisoteado por la mano de los que ganan en un día lo que más de 300.000 currantes en un mes. Seguiremos sacando nuestra bandera republicana frente a los iluminados del “Cara al sol” y seguiremos pidiendo justicia y reparación para miles de muertos que todavía están sin identificar en las cunetas de toda España. Seguiremos haciendo política desde nuestro pequeño rincón para tratar de cambiar algo. Nos desharemos de la apatía de hoy con el trabajo y la lucha de mañana. Seguiremos apuntando con el dedo acusador a los que con su mierda nos quieren hacer creer que “todo es una mierda”.

No nos queda otra… comernos nuestras penitas y seguir en la brecha, porque del “aquí no pasa nada” al “por fin pasó algo” el camino es muy corto. Que no nos hagan perder lo que sustenta cualquier atisbo de revolución y de cambio: la esperanza.

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