Olvido

Por Alba Puerto

Millones de migrantes forzosos han caído en el abandono mediático, estas historias de crisis humanitaria apenas tienen cobertura. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados recoge en su agenda cinco conflictos principales: Myanmar, Nigeria, República Centroafricana, Sudán del Sur y Yemen.

Más de medio millón de rohingya, una de las minorías étnicas más perseguidas, ha huido de Myanmar en un mes, y 20.000 refugiados llegaron cada día a Bangladesh en septiembre. Unos dos millones de desplazados emigraron por el terror y la violencia de Boko Haram en Nigeria. Uno de cada cuatro centroafricanos ha salido del país por los enfrentamientos, el 60% son menores de edad, y unos 10.000 niños han sido forzados a trabajar como soldados o esclavos sexuales. En Sudán del Sur 2’3 millones de personas han abandonado sus hogares. Y en Yemen 19 millones de personas, el 80% de la población, necesitan ayuda humanitaria desde que estalló la guerra en 2015.

Estos datos abruman, crean una sobrecarga informativa que produce insensibilidad ante la catástrofe y la intolerancia, solo se obtiene una reacción cuando llegan a Occidente imágenes como las del niño sirio ahogado en costas griegas. Cuando las cifras se convierten en relatos de personas sin nombre tragadas por el mar, las redes sociales se llenan durante unas horas del hashtag #LaHumanidadHaFracasado [en turco #KıyıyaVuranİnsanlik].

Los medios, protagonistas

Hay 65’6 millones de personas que necesitan asistencia de ACNUR. La coordinadora de la sección sobre Derechos Humanos de ElDiario, Gabriela Sánchez, desea humanizar el dato: “Lo más importante de estos números tan grandes es saber que cada uno de ellos es una persona, un abuelo, un padre, un hijo”. Y recuerda la historia de Nyantuc  Kuonges, madre y refugiada en Sudán del Sur, una de los más de 1’5 millones de desplazados internos. Las tensiones étnicas y políticas entre el presidente y el exvicepresidente desataron un conflicto que dividió a los miembros del ejército. Ella huyó  sin dirección fija junto a sus hijos, su familia no sabe si está viva y Nyantuc tampoco sabe si ellos lo están.

“Al olvidarse el conflicto, deja de haber fondos y los campamentos languidecen porque nadie habla de ellos”. Trabajadora de ACNUR

En la actualidad se desarrolla la peor crisis humanitaria desde la II Guerra Mundial y, a pesar de que cada año aumentan las donaciones a ACNUR, el número de personas que necesitan ayuda también; entonces crece la brecha de diferencia. “Cuando empecé a trabajar hace 20 años, no había teléfonos móviles y había más tiempo para dedicar a estos temas. Ahora todo tiene que ser inmediato y hay menos recursos”, cuenta la Coordinadora de Emergencias del Alto Comisionado, Joung-ah Ghedini Williams. “Las redes sociales obligan a reaccionar muy rápido a la prensa y a las audiencias, que están eclipsadas. Hay demasiadas malas noticias”. Todo se quiere para ‘ya’, asegura la trabajadora. La agencia de las Naciones Unidas agradece la atención de los medios en los conflictos: “Los periodistas son necesarios para evitar que los refugiados sean olvidados”, reconoce el formador del Equipo de Emergencias, Alfredo Fernández Figueruelo. Trabaja en ACNUR desde 1994 y asegura haberse sentido solo cuando a los medios no se les ha dejado cubrir determinadas emergencias. “Al olvidarse el conflicto, deja de haber fondos, entonces hay campamentos que languidecen porque nadie habla de ellos. Yo estaba deseando que llegaran periodistas”, recuerda Ana Liria, que durante más de 20 años trabajó para el Comité Español de la agencia de Naciones Unidas.

Crisis humanitaria en la República del Congo

La corresponsal de guerra y periodista freelance, Trinidad Deiros, hace un balance de la situación actual del periodismo: “Vivimos en un contexto de información internacional menguante. Las coberturas internacionales son caras y los medios españoles no están dispuestos a pagar”, aunque concluye tajantemente: “No creo que haya determinadas historias que no interesen a nadie”. Ha vivido varias guerras y rescata el relato de su experiencia en República Centroafricana: “Este caso es de libro. No había una sola persona que no te contara que habían sido violadas o habían matado a sus seres queridos. Pero no bastaba para que los medios publicaran más”. Y lo compara con la crisis de Siria, la guerra estalló hace años pero no se hablaba de ella hasta que los refugiados empezaron a llegar a Grecia. “Europa le había dicho a otros países cómo debían actuar y ahora tenía a miles de personas durmiendo en su puerta”, mientras era observada por las Naciones Unidas. La trabajadora de El Confidencial sostiene que hace falta una “apuesta editorial firme” de temas internacionales por parte de los medios “porque una historia de una madre refugiada, bien contada, con un formato novedoso y con un buen enfoque sí que tiene interés para los lectores”. Asimismo, comparte otra idea: nada de lo que es humano nos puede ser ajeno.

Juan Luís Sánchez, subdirector de ElDiario.es, cuenta la historia de un niño que recogía coltán en la República Democrática del Congo, donde el verdadero drama no es el trabajo infantil, sino que además los militares habían matado a un hermano, su madre había sido violada, su padre se había ido y no tenían qué comer. Entonces se dio cuenta de que los reportajes sobre la extracción del mineral se quedaban en la superficie, en lo que se ve a primera vista. Sánchez cree entender su profesión: “A los periodistas nos falta información y ampliar el foco para que no se traten los mismos temas de forma estereotipada y sin poner contexto, para poder contar las historias que realmente importan”. El problema de los reportajes de guerra podría ser su extensión; quizás a mayor brevedad, más lectores. El Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), Jesús Núñez, es rápido y honesto en su contestación: “No hay forma de contar contextos en 400 palabras”, y sobre la precariedad del periodismo añade: “Si me pagas una mierda por crónica, tendrás una crónica de mierda”. De igual modo resalta que los reportajes de guerra se asemejan cada vez más a la crónica de sucesos, pues no cuentan el contexto y simplemente relatan un atentado. Por último explica que en España solo nos preocupa una crisis ajena, como un terremoto, si hay españoles entre los damnificados.

El subdirector de El Diario recoge el tema de la extensión de la información y concluye: “Lo que está bien y es largo se lee más que lo que está mal y es corto”. Se puede afirmar que los medios afectan a la ayuda humanitaria que llega a un conflicto. Si se cruzan datos sobre cobertura mediática e interés público se puede entender cómo Siria recibió 2’3 millones de dólares, gracias a más de 21.000 noticias sobre el país en los principales medios digitales indexados por Google y unos 80.000 tuits que han usado un hashtag en España sobre la guerra. Mientras tanto, República Centroafricana recibe 18 millones de dólares, con una cobertura de 600 noticias y unos 580 tuits.

Actores humanitarios

Núñez, codirector del IECAH, recuerda que “no podemos olvidar que la responsabilidad de resolver los conflictos es de los Gobiernos”, no de los periodistas o las ONG. La Coordinadora de Emergencias de ACNUR, Joung-ah Ghedini Williams, rescata la situación de los rohingyas en Bangladesh: “Lo que he visto allí es una tragedia a una escala enorme”. Desde los años 90, 200.000 refugiados se encontraban en el país y fueron olvidados hasta que la última ola de violencia trajo a 600.000 más desde el pasado 25 de agosto. La ONU “siempre ha estado ahí, independientemente del foco mediático y siempre estará con los refugiados, espero que ustedes también porque todos tenemos la responsabilidad de ayudar”. La importancia de considerar estas realidades recae en todos, los medios y la sociedad general “porque hay personas que necesitan ayuda urgente y no podemos dejarlas atrás”, concluye Ghedini. El Alto Comisionado destina el 86% de sus recursos a conflictos fijos y el 14% a crisis emergentes.

“Lo que he visto allí es una tragedia a una escala enorme”. Joung-ah Ghedini Williams, Coordinadora de Emergencias de ACNUR

Los principales objetivos del actual Presidente de ACNUR, Filippo Grandi, son “la combinación de múltiples conflictos y desplazamientos masivos, retos en materia de asilo, el agujero que existe entre las necesidades de ayuda humanitaria y los recursos disponibles, y la creciente xenofobia”. Aunque sus trabajadores tienen serias complicaciones para realizar sus tareas. “Hay falta de recursos, antes los periodistas tenían tiempo para comprender las historias y explicar la complejidad. Y esa mayor rapidez también afecta a las ONG”, la Coordinadora de Emergencias suma una pregunta: “¿Cómo elijo entre el agua que se da a los refugiados o la educación que necesitan los niños?” Deben decidir porque disponen de menos del 25% de los fondos imprescindibles para cubrir las necesidades básicas de los refugiados: alimentación, agua, higiene, sanidad, educación, etc.

“España ha sido el país que más donaciones privadas ha hecho al ACNUR”. Formador del Equipo de Emergencias del Alto Comisionado

“Es uno de los momentos más duros para un trabajador en el terreno: recortar la ayuda que estás dando por falta de fondos.” concuerda Ana Liria, antigua vocal del Comité Español de ACNUR, con el testimonio anterior. Ella decidió, en más de una ocasión, recortar entre comida, agua, salud, mosquiteras [para la prevención del paludismo] o educación. La agencia se financia con fondos voluntarios y lo ideal es que se donen a programas generales para que se destine donde más se necesite, aunque hay donantes que eligen destinarlo a una emergencia específica. Liria felicita a España por su trabajo de captación de fondos y recuerda que no sería posible sin sus más de 450.000 socios. Alfredo Fernández, formador del Equipo de Emergencias, se une al agradecimiento: “En 2016 ha sido el país que más donaciones privadas ha hecho al ACNUR”, estas donaciones son muy importantes para que los recortes sean menos dolorosos. Por tanto, existe la esperanza de que millones de personas puedan reconstruir sus vidas y olviden memorias de guerra y miedo.

A partir de estas declaraciones, de periodistas y trabajadores supranacionales, pueden obtenerse las siguientes ideas clave:

Por un lado, no hay excusa para no cubrir conflictos donde hay una clara violación de los Derechos Humanos y de las necesidades básicas de los más pequeños. Puede fallar el enfoque, el modo de contarlas, como opina Trinidad Deiros; pero hay periodistas dispuestos a medir estos relatos, avanzadas herramientas de difusión y valientes apuestas editoriales que compiten con ideas innovadoras. Esto tiene una consecuencia directa: si el foco de atención se centra sobre estas realidades, las Naciones Unidas tendrán fondos suficientes, como asegura Ana Liria.

En un mundo globalizado, ningún país es ajeno a otro, ningún conflicto se olvida sin consecuencias. Por ello la guerra siria se quedó a dormir en la puerta de Europa cuando esta le ignoró.

Por otro lado, la prensa y la ONU son simples actores humanitarios, no pueden solucionar los conflictos, como afirma Núñez, aunque influyen en ellos. La primera informa a la población internacional, como consecuencia, la segunda lleva el debate a los gobiernos de los distintos países para discutir las emergencias.

En un mundo globalizado, ningún país es ajeno a otro, ningún conflicto se olvida sin consecuencias. Por ello la guerra siria se quedó a dormir en la puerta de Europa cuando esta le ignoró, o la extracción de coltán cada vez pesa más en el bolsillo y sobre la conciencia de Occidente. El codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), Jesús Núñez, concluye con esta idea: “Primero eres un ciudadano del mundo”.

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