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Por Isabel Ginés | 4/10/2025
El mundo se despide de una de las personas más luchadoras por nuestro mundo, de las voces más luminosas y firmes en defensa de la vida: Jane Goodall, pionera en el estudio de los chimpancés, falleció el 1 de octubre de 2025 a los 91 años. Su muerte deja un vacío inmenso, pero también un legado irreemplazable que cambió para siempre la manera en que entendemos la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Con una mezcla de pasión, ternura y rigor científico, Goodall supo mirar a los ojos de un chimpancé y reconocer en él un reflejo de nuestra propia humanidad, desafiando así las fronteras que la ciencia tradicional imponía entre especies.
Nacida en Londres en 1934, desde niña soñó con África y con los animales salvajes.
Ese sueño se hizo realidad en 1960, cuando llegó al Parque Nacional de Gombe, en Tanzania, para comenzar un estudio que revolucionaría la biología. Contra el escepticismo académico, Jane demostró que los chimpancés fabricaban y usaban herramientas, que expresaban afecto, miedo, empatía y violencia; en definitiva, que compartían con nosotros mucho más de lo que queríamos admitir.
Goodall nunca trató a los chimpancés como simples objetos de estudio: les dio nombres, los observó como individuos únicos y narró sus historias con la delicadeza de quien sabe que la ciencia también puede ser un acto de amor. Con ello, abrió un camino nuevo para la etología y cambió la percepción global sobre los animales.
En 1977 fundó el Instituto Jane Goodall, dedicado a la conservación y al bienestar animal, y en 1991 puso en marcha el programa Roots & Shoots, que hoy reúne a miles de jóvenes en proyectos de impacto social y ecológico en más de 100 países. Mensajera de la Paz de Naciones Unidas, distinguida con innumerables premios internacionales, Jane Goodall se convirtió en referente moral y científico en la lucha contra la destrucción ambiental.
“Podemos tener un mundo de paz. Podemos avanzar hacia un mundo en el que vivamos en armonía con la naturaleza. En el que vivamos en armonía los unos con los otros. Sin importar de qué nación vengamos, cuál sea nuestra religión o cuál nuestra cultura.”
Jane Goodall no solo fue una científica extraordinaria, sino también una conciencia ética global. Su vida demuestra que la ciencia y la compasión no son caminos separados, sino sendas que se enriquecen mutuamente. Nos enseñó que los animales no son nuestros súbditos, sino nuestros compañeros de viaje; que la defensa del planeta comienza en los gestos pequeños; que nunca es tarde para cambiar el rumbo.
Su voz ya no resonará en conferencias, pero seguirá viva en los bosques, en cada joven que planta un árbol, en cada gesto de respeto hacia los animales y en cada persona que, inspirada por ella, decide actuar. Jane Goodall se marcha, pero nos deja un mundo más consciente y una tarea pendiente: hacer realidad la armonía con la naturaleza y con nosotros mismos que ella soñó incansablemente.
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