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Es una película hermosa, donde la luz del Mediterráneo y la sonrisa de Chloe -que lleva el peso de la película- entra a raudales por la retina, que cuenta una historia dramática, aunque sin llegar ni al dramón ni al happy end.
Por Angelo Nero | 11/08/2025
El director griego Vasilis Kekatos dirige “I agries meres mas” (Nuestros días más salvajes), una road movie contestaria e ingenua a partes iguales, donde nos apela a ese momento de nuestras vidas en las que creíamos que era posible cambiar el mundo, o sino todo el mundo, nuestra pequeño trocito de humanidad, con aquello que decía Galeano de “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.
En el film nos presenta a Chloe, interpretada por Daphné Patakia -una de las protagonistas de “Benedetta” de Paul Verhoeven-, una joven que no es capaz de canalizar su rebeldía, y que se escapa del conflictivo fuego de su hogar para caer en las brasas de una situación peligrosa, de la que se libra gracias a la intervención de una curiosa troupe de jóvenes que viajan a bordo de una autocaravana. Esta es, en realidad, una comuna de chicos y chicas que han dado la espalda a sus familias para crear otros vínculos, y que, bajo la cobertura de dedicarse a lavar la ropa de las comunidades más desfavorecidas, van más allá, y atracan los negocios de los prestamistas para devolver a sus dueños originales los objetos de valor empeñados. Toda una metáfora de la terrible crisis social y económica que arrastra Grecia, y de las pequeñas luchas que gente como los protagonistas del film emprenden, barricadas de sueños que tal vez no traigan la revolución, pero que devuelven la esperanza a los que no se rinden.
“Es un mundo triste, pero eso no significa que no pueda ser hermoso. Estos Niños Perdidos—porque llamémoslos así— saben que el final está cerca. Sus días de vagabundeo no van a durar. Por ahora, nadan, coquetean y se aman. Pero el final se acerca. Es una película triste, pero también alegre. Y dice mucho de mi país devastado.”, señala Vasilis Kekatos a Cineuropa. Y es que realmente es una película hermosa, donde la luz del Mediterráneo y la sonrisa de Chloe -que lleva el peso de la película- entra a raudales por la retina, que cuenta una historia dramática, aunque sin llegar ni al dramón ni al happy end, de esos momentos de rebeldía juvenil que quisieras que se detuvieran indefinidamente en el tiempo, aunque sabes que van a acabar en algún momento. Hay también unas coreografías fantásticas, en los rituales de la pequeña tribu que acoge a Chloe, que llaman a encender una hoguera y reunir a tu propio clan, si este no se hubiera refugiado hace tiempo en un sofá. “Necesitas una razón de peso para dejar tu hogar. La mayoría de nosotros seguimos con nuestras vidas y nunca hacemos nada extraordinario. Cuando algo te empuja más allá de tus límites, eres más libre. Quería mostrar gente libre. Son, de nuevo, como Peter Pan y los Niños Perdidos.” Dice Vasilis Kekatos.
La fragilidad y la ternura que rezuma esta película tiene su punto más álgido en la escena de amor que protagoniza Chloe y el líder del grupo, Aris (Nikos Zeginoglou), rodado con una delicadeza abrumadora, y que convierte este momento -como todos los que vivimos en la juventud- en algo único e irrepetiple. En palabras del director: “Vemos a esta chica y a este chico, y su lenguaje es corporal. En ese sentido, se parecen más a los animales. Un amigo vio uno de los primeros cortes y dijo: «Esta escena es como National Geographic». Quieren conectar y se prestan atención el uno al otro, pero es una experiencia positiva precisamente porque es primaria. Son como animales, como niños, como adultos. Todo encaja.”
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