Notre-Dame de las lágrimas

Teresa Domínguez


París es mi infancia, el skyline de los inicios de mi vida…

Notre-Dame des larmes, Notre-Dame de las lágrimas, como la llamó Le Parisien, Notre-Dame en llamas. Hoy me van a permitir escribir desde la emoción. Mi querida amiga Belli, nos ha preguntado hoy que qué es para nosotras Notre-Dame. Supongo en un intento de comprender tan profunda tristeza general, y ante tantas desigualdades. Como le dijo mi amiga Raquel, no se trata solo de arte o religión, “son esos lugares que nos sobrepasan, que son parte de nosotros”. Y estaba plenamente segura de la existencia de espacios y lugares en otros lugares del mundo, que inspiran sentimientos parecidos.

Para ella es un poco parte de su historia, cuando regresa a París desde España y coge el tren en el aeropuerto, le gusta parar en Saint Michel y al salir, darse de frente con la fachada frontal de la Catedral de Notre-Dame. “Es siempre un espectáculo“. Después pasea por la isla y cruza por el puente hasta la plaza del Hotel de Ville donde coge la línea 1 para llegar a casa. “Es un paseo que me encanta. Parece que voy a poder seguir haciéndolo.”

Recordaba que una de las veces que fue a visitar la Catedral con unas amigas españolas, se le perdió su hija entre la multitud. Estaba actuando un coro y ella, ni corta ni perezosa se puso a gritar su nombre… “Son mil anécdotas… parte de nuestra vida.”

Yo también tengo mis propios recuerdos, para mí París es mi infancia, el skyline de los inicios de mi vida… no se trata de religión, soy atea, se trata de amor, que se caiga Notre Dame… que arda en llamas, es pensar en mi padre, en que su muerte fue la razón por la que terminamos allí, por la que me separaron de mi hermana, y acabase, a pesar de todo, amando esa ciudad profundamente, como cuando tienes un amor platónico. Ahora desde la distancia, sigo suspirando por París, por mis años en esa ciudad, por mis amigas, mis paseos con mi madre, mis maestras… Guardo el recuerdo de la bofetada del sacerdote que me confirmó entre sus paredes, mi vestido blanco cortito, mis sandalias blancas, mi bolsito blanco, mi madre vestida de negro…

Son muchos recuerdos contemplando la Catedral, es repensar en uno de mis libros favoritos, la lectura era mi vía de escape, en esa soledad, de sol a sol esperando la vuelta de mi madre. Me recuerda que en uno de los encuentros mundiales de la juventud, teníamos el punto de encuentro en la plaza frente a la Catedral, allí nos repartieron las bolsas con los bocadillos, hacíamos cola contemplando esa inmensidad de monumento, la cola rodeaba literalmente la Catedral. Creo que fue uno de mis primeros viajes sola, ya estaba viviendo en España.

Significa ir a verla siempre que vuelvo a París, de hecho la última vez estuve viviendo en un apartamento a dos pasos de allí, cerca del Pont des Arts, y caminábamos cada tarde a l’ile de la cité a ver el bullicio de la zona.

Por eso sentimos una profunda conmoción, una profunda tristeza, seguro que hay millones de historias parecidas, distintas, que nos marcan la vida. Este homenaje a Notre Dame, no es otra cosa que un homenaje a nuestros recuerdos, estamos hechos de jirones de vida. Quiero pensar en mi madre, que no puede hoy tener recuerdos, se esfuman cruelmente, ella adoraba París en ese sentido, las dos caminábamos a la velocidad del vértigo, de hecho, hoy por hoy sigo “paseando” igual. Como dice mi amiga Raquel: “¡En París hay que andar rápido siempre!”

PD: Leo en estos instantes que La mezquita de Al-Aqsa en Jersusalén ardió al mismo tiempo que Notre-Dame.

“No seré una mujer libre, mientras haya mujeres sometidas”

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