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Más que un horizonte de vuelta al bipartidismo, lo que ahora hay es una simetría: un PSOE apoyado en Sumar y un PP apoyado en VOX, y ambas muletas resquebrajándose.
Por Lucio Martínez Pereda | 31/01/2024
La nostalgia es un sentimiento político que confunde la percepción del presente con el pasado, tiende a engañarnos haciendo pensar que nuestros deseos de vuelta a un hogar idealizado podrán cumplirse. Analistas y periodistas hay -de no confesada y avergonzada filia monárquica- que incurren en esta trampa de la melancolía y añoran una vuelta a la política de transición, a una casa “ bien” ordenada, sin horizontes de incertidumbre ni futuros que imaginan turbulentos.
Pero más que un horizonte de vuelta al bipartidismo, lo que ahora hay es una simetría: un PSOE apoyado en Sumar y un PP apoyado en VOX, y ambas muletas resquebrajándose. Hay, eso si, existe un aspecto muy positivo asociado en este panorama de incertidumbre: España es el penúltimo país europeo en cuanto a número de diputados ultraderechistas en su parlamento nacional. En último lugar se sitúa Portugal.
Volvamos a la simetría. Esta simetría, que los nostálgicos confunden con el bipartidismo, también se muestra en otro aspecto. Sumar- absorbida por el gobierno de coalición con el PSOE- ha quedado desposeída del perfil de fuerza ideológica de izquierda transformadora. El sentido del voto útil- que siempre funciona con un automatismo implacable a favor de la fuerza política mayor- hará que sus potenciales votantes se pierdan y sean recuperados por el PSOE. El mismo fenómeno le pasará a Vox. El Partido Popular ha abandonado sus señas de identidad liberal -conservadoras y se ha transformado en la fuerza política que mejor representa las propuestas ultraderechistas, y como no es cierto que en España los espectadores prefieran la versión original a su versión doblada- lógicamente también se quedará con la parte mayor del pastel de sus sufragios.
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