Nos están matando

AP Photo/Andres Kudacki

La violencia machista no es un fenómeno inevitable, sino una lacra social que puede y debe ser prevenida. Para lograrlo, es imperativo reconocer esta problemática como una cuestión de Estado urgente, la más urgente que enfrentamos en este momento. La inacción o la mirada desviada de las autoridades no es una opción.

Por Isabel Ginés | 19/07/2024

Este verano ha dejado una huella imborrable en nuestra sociedad, marcada por un incremento alarmante de la violencia machista. En un lapso de tan solo dieciséis días, unos asesinos han perpetrado catorce crímenes, resultando en la trágica pérdida de once mujeres, la madre de una de ellas y dos menores. Esta escalofriante estadística no solo refleja el horror de estas acciones, sino que también pone de relieve la gravedad de un problema que, lamentablemente, no es nuevo. En 2024, ya son veintisiete las mujeres asesinadas por violencia machista, sumándose a las 1.271 víctimas registradas desde 2003.

Nos están matando, nos están asesinando. No abrimos telediarios porque se acostumbran a que nos maten, el machismo y la misoginia predominan en todos lados. Si fuera un atentado, todos se alarmarían; si son mujeres, ya da igual. Una masacre de este calibre debería ser asunto de Estado, paralizar todo y tomar medidas urgentes, pero no se hace. Sentimos rabia, sentimos dolor, nos sentimos desamparadas. Entre amigas comentamos las cifras, el dolor, la impotencia. Salimos a la calle, nos ayudamos, nos cuidamos. Pero el Estado no hace nada por esto, los machistas se ríen y dicen que son pocas. Otros juzgan un ministerio que da ayuda, pero si lo judicial falla, falla todo. Esta es una emergencia, nos están asesinando.

Hay que tener en cuenta que no es nueva esta lucha y queja, este dolor que impregna nuestras vidas, es una lucha de tantos años, nuestras ancestros ya luchaban y ahora somos nosotras.

En la obra “El invencible verano de Liliana”, de Cristina Rivera Garza, hay una cita: “Somos ellas en el pasado, y somos ellas en el futuro, y somos otras a la vez. Somos otras y somos las mismas de siempre. Mujeres en busca de justicia. Mujeres exhaustas, y juntas. Hartas ya, pero con la paciencia que solo marcan los siglos. Ya para siempre enrabiadas.”

Las luchas y sufrimientos de las mujeres no son eventos aislados, sino parte de una larga cadena histórica. En el contexto de los feminicidios, esto es particularmente relevante. Las mujeres que hoy exigen justicia por sus hermanas asesinadas están vinculadas a una tradición de lucha que abarca generaciones.

El asesinato de mujer es la manifestación más extrema de un sistema patriarcal que perpetúa la desigualdad y la opresión. Esta forma de violencia no es un fenómeno nuevo ni aislado, sino que se encuentra arraigada en una estructura social que desvaloriza la vida y la dignidad de las mujeres. Rivera Garza, a través de esta cita, subraya la conexión intergeneracional de esta lucha, indicando que las mujeres de hoy son las herederas de una batalla que ha sido librada por siglos y que continuará en el futuro.

La autora nos recuerda que las experiencias de las mujeres están entrelazadas a lo largo del tiempo. Las mujeres llevan consigo las historias y las luchas de sus antecesoras, y al mismo tiempo, forjan el camino para las generaciones futuras. Esta declaración no solo reconoce la continuidad histórica de la opresión, sino también la persistencia y la fuerza colectiva de las mujeres.

Y es que es agotador, estamos agotadas, el agotamiento acumulado por la constante necesidad de reivindicar nuestros derechos y de luchar contra la impunidad que suele rodear los casos de feminicidio. Sin embargo, también estamos unidas y la solidaridad que se encuentran en esta lucha constante, donde nos apoyamos, cuidamos con mucho respeto y unión. Pero hartas, cansadas y fatigadas, Queremos gritar y quemar cosas. Queremos que esta ola de violencia pare. La fatiga de las mujeres no implica rendición, sino una firme determinación alimentada por siglos de resistencia. Agotadas pero luchando. Hartas pero luchando. Nunca dejaremos de gritar, defender y hablar de las hermanas que ya no están.

La violencia machista no es un fenómeno inevitable, sino una lacra social que puede y debe ser prevenida. Para lograrlo, es imperativo reconocer esta problemática como una cuestión de Estado urgente, la más urgente que enfrentamos en este momento. La inacción o la mirada desviada de las autoridades no es una opción. La prevención de estos crímenes requiere una respuesta integral que involucre a todos los niveles de la sociedad: desde las políticas públicas y la legislación hasta la educación y la sensibilización social.

Es necesario fortalecer y ampliar los recursos destinados a la protección y el apoyo de las víctimas de violencia machista. Los refugios, las líneas de atención telefónica y los servicios de asesoramiento legal y psicológico deben estar disponibles y accesibles para todas las mujeres que los necesiten, sin importar su situación socioeconómica. Además, se deben implementar medidas preventivas más efectivas, como programas de intervención temprana para agresores y campañas de concienciación que desafíen las normas y actitudes machistas.

Es crucial que el sistema judicial actúe con la diligencia y la severidad necesarias para proteger a las víctimas y castigar a los perpetradores. Demasiadas veces hemos visto cómo las denuncias de las mujeres no son tomadas en serio, o cómo las órdenes de protección no se aplican de manera efectiva. La formación y sensibilización de jueces, fiscales y fuerzas de seguridad en materia de violencia de género es esencial también.

También debemos abordar las raíces de la violencia machista mediante la educación y la promoción de la igualdad de género desde edades tempranas. Es fundamental que las escuelas integren en sus currículos contenidos sobre igualdad, respeto y los limites, y que se promueva un entorno escolar libre de estereotipos y discriminación. Los medios de comunicación también juegan un papel crucial en la lucha contra la violencia machista, al influir en la percepción pública y en la construcción de modelos de comportamiento.

La violencia contra las mujeres es una emergencia social que requiere una respuesta contundente y coordinada. No podemos permitir que la tragedia de este verano se repita. Es hora de que el Estado y todas las instituciones responsables asuman su papel y tomen medidas efectivas para prevenir estos crímenes. La vida de muchas mujeres depende de ello. La lucha contra la violencia machista es una responsabilidad compartida que exige el compromiso y la acción de toda la sociedad.

No podemos llegar al otoño con esta cifra triplicada; no podemos permitir que llegue el otoño y sea tan sangriento como este verano. Nos matan y nadie hace nada. Nos matan y no se refuerzan las ayudas. Nos matan y la vida sigue porque se ha normalizado.

No podemos más. Tantas de víctimas soportando golpes, mujeres violadas y abusadas, hermanas asesinadas. Es horrible ver cada día una noticia nueva de este calibre. Es doloroso ver un país que observa estas cifras y no se detiene.

1 Comment

  1. Muy bien escrito, muy bien descrita una situación que por cotidiana se empieza a normalizar.
    Soluciones, la primera educar en valores y respeto, la segunda acabar de una vez con un sistema judicial gobernado por jueces formados en el machismo en tiempos de la dictadura. Paso a jueces jóvenes, demócratas y bien preparados.
    Gracias Isabel por tu certera denuncia.

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