¡No se olviden de Yemen!

Por Mauricio Piñero

Una de las tragedias humanitarias olvidadas por la comunidad internacional es la que vive el pueblo de Yemen. Su pueblo lucha contra el intervencionismo salvaje del régimen monárquico de Arabia Saudí, que ha engendrado un verdadero genocidio. Símbolo de la lucha de resistencia nacional de Yemen es el movimiento Ansarolá de los rebeldes Hutis.

Yemen es un país del sur del Oriente Medio, de unos 30 millones de habitantes, cuya población es de mayoría musulmana. En el noroeste del país se encuentran los musulmanes shiítas de la rama de los zaidíes, que representan un 40 % de la población. El resto pertenece a la rama islámica sunna, dividido en wahabitas, salafistas, takfiríes y otros, ubicados en el sur del país. El Islam llegó al país hacia el siglo VIII y desde entonces se formaron diversos sultanatos locales. Hacia el siglo XVI los turcos otomanos sunna tomaron el país, apartando a los shiítas zaidíes en barrios tipo ghetto, legitimando un sistema de discriminación religiosa. Los shiíes zaidíes es una de las tantas ramas del Islam shía, que se diferencia de las facciones persas, sirias, bahreiníes y libanesas, entre otras.

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Tras la Primera Guerra Mundial los británicos se hicieron con el control de Yemen. Rápidamente, en el norte del país se fundó una estado nuevo, bajo elites reaccionarias y apoyadas por Arabia Saudí y Occidente. La región sureña quedó bajo protectorado británico, mientras grupos independentistas socialistas aparecieron en escena para expulsar a los invasores occidentales. En los inicios de la Guerra Fría, Yemen del Sur fue escenario de luchas anticoloniales en la cual facciones comunistas lograron apoyo popular.

Una insurgencia suryemení se fortaleció, con el apoyo y respaldo de la Unión Soviética, y liderada por dos partidos nacionalistas revolucionarios, provocando que el Reino Unido unificara primero la zona y en 1967 se retirara de su antigua colonia. En ese año, se funda la República Popular Democrática de Yemen, con capital en Adén. Fue, además, el primer Estado socialista que existió en el mundo árabe, que inclusive decretó el laicismo total en el país. Al norte quedó la República Árabe del Yemen, con sede capital en Saná, y con un gran apoyo de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Arabia Saudí.

Yemen del Norte y Yemen del Sur tuvieron relaciones relativamente amistosas, a pesar de que en varias ocasiones sufrieron periodos de mucha tensión. Inclusive, desde 1972 se produjeron declaraciones de ambos bandos que manifestaban su voluntad de una unificación en el futuro. A pesar de sus esfuerzos por traer estabilidad a la región, el gobierno revolucionario comunista de Yemen del Sur se vio envuelto en una breve guerra civil en 1986. Finalmente, con el colapso del comunismo, Yemen del Sur se unificó con Yemen del Norte el 22 de mayo de 1990 para forman el actual Yemen. El país no ingresó a la estabilidad, ya que las tensiones internas siguieron. Pero sí el país unificado entró al capitalismo salvaje, el saqueo, la guerra civil y el intervencionismo foráneo.

Yemen unificado quedó bajo poder de Abdulah Saleh, hombre fuerte de Occidente y Arabia Saudí. Siguió con su política de apartheid contra los shiítas zaidíes del norte de Yemen y estos no dudaron en organizarse en movimientos de resistencia. Conocidos también como Hutis lograron gran apoyo popular. Toma su nombre de Husein Badrudin al Huti, anterior comandante de Saleh, muerto por las Fuerzas Armadas de Yemen en septiembre de 2004. Otros comandantes, como Ali al-Qatwani, Abu Haider, Abbas Aidah y Yousuf al-Madani (un hijastro de Husein al Huti) también fueron abatidos por las Fuerzas Armadas de ese país. Se dice que Husein Badrudin al Huti, un hermano del fundador del grupo, es su líder espiritual. Los Hutis han estado en conflicto con militantes salafistas, sunitas y takfiríes.

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El shiísmo zaidismo, conocidos ocasionalmente como quintanos es una rama de los seguidores de Alí, dentro de la religión islámica, surgida alrededor del siglo VIII. El zaidismo es una de las facciones shiíes más cercanas en términos de teología a las escuelas ibadíes y Mu’tazila. El nombre de zaidí proviene de Zayd ibn Ali, nieto de Husáin ibn Ali (hijo del cuarto Imán Ali ibn al-Husáyn). Los seguidores de la jurisprudencia islámica zaidí constituyen alrededor del 50% de los musulmanes de Yemen, siendo en ese país la gran mayoría musulmanes shiíes. Los zaidíes reconocen a los mismos cuatro primeros imanes que el resto de los shiíes, pero no al quinto, Mohamed el Báciro, a quien sustituyen por su hermano Zayd ibn Ali, que en el año 740 promovió una rebelión contra el poder de los Omeyas.Viven en el norte del Yemen (donde son mayoría) y en Arabia Saudí también. Es la rama shií más próxima al sunismo, pues consideran que el imán no está guiado por Dios y por lo tanto no es infalible.

La famosa Primavera Árabe de 2011, que se llevó puesta a los regímenes de Túnez y Egipto, y que fue la excusa perfecta para que Estados Unidos y la Unión Europea, a través de la OTAN, derrocaran al gobierno de Muammar al Gadafi, también impactó sobre Yemen. De hecho, se cayó también el régimen de Saleh, tras una serie de protestas sociales en Yemen, en la cual fueron protagonistas también los Hutis. A través de su insurrección armada, han controlado toda la gobernación de Sa’dah y partes de las de ‘Amran, Yauf y Hajjah. Al 9 de noviembre de 2011, los hutíes controlaban los gobernaciones de Sa’dah y Yauf y cerca de hacer otro tanto con Hajjah,​ lo que les habría permitido lanzar un ataque a la capital nacional Saná.​ En mayo de 2012, ya controlaban la mayor parte de los gobernados de Sa’dah, Yauf y Hajjah, habían ganado acceso al Mar Rojo y habían comenzado a construir barricadas cerca de Saná. Saleh dejó el poder y le sucedió su vicepresidente Abdo Rabu Mansur al Hadi, apoyado por Occidente y los saudíes.

A principios de este año 2015 los Hutí de Ansarolá lograron derrocar al gobierno yemení de al Hadi, lo que provocó una alerta para Occidente y Arabia Saudí, ya que habían ganado los Huti en Saná. Las Naciones Unidas pidieron un proceso de paz y de “reconciliación nacional” para Yemen, pero los seguidores de al Hadi no quisieron pactar una paz social con los shiíes de Ansarolá, acusados de ser “agentes del ayatollah Alí Jamenei” de Irán. La contienda civil continuó, pero los rebeldes Huti habían logrado formar una coalición de partidos políticos de tendencias antioccidentales junto a fuerzas progresistas y socialistas locales. Rusia, China, India y hasta Venezuela se pronunciaron a favor del nuevo gobierno Hutí, mientras la República Islámica de Irán y el Hizbollah libanés mostraron felicidad ante el triunfo de los shiíes zaidíes de Yemen.

Ya era intolerable para Occidente y Arabia Sudí que los Huti en Yemen reordenaran el estado, proclamen alianzas con los rusos, los chinos y los iraníes, ya que rompía el tablero geoestratégico en el Oriente Medio en los ya conocidos negociados del petróleo y el gas. Estados Unidos e Israel diseñaron con los saudíes atacar Yemen para convertirla en una nueva Somalia fragmentada y sometida a una guerra civil entre tribus rivales para convertir a la región arábiga en un caos y así socavar fuerzas sirias e iraníes en la región. Por ello a fines de marzo el reino sunna de Arabia Saudí lideró una coalición de países islámicos sunnas para atacar Yemen y doblegar a los luchadores de Ansarolá.

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Desde el año 2015 el reino saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait, Qatar, Bahrein, Marruecos, Paquistán, Egipto, Turquía y Jordania respondieron así de modo casi instantáneo al desesperado pedido del presidente yemení derrocado al Hadi, quien desde un desconocido lugar en Adén (mientras su palacio se encontraba bajo bombardeo de los rebeldes shiíes Hutí) solicitó una urgente intervención extranjera a las Naciones Unidas y a sus aliados regionales. La operación denominada “Tormenta de la Firmeza”, se inició en la madrugada, cuando el reino saudí de Arabia anunció que bombardeó el palacio presidencial y el aeropuerto de Saná, así como varios cuarteles, entre otros puntos estratégicos.

Desde entonces los rebeldes Huti siguen firmes en el norte de Yemen. Pero los intervencionistas saudíes y sus aliados causaron una verdadera tragedia humanitaria en Yemen. Más de 50.000 muertes, 10.000 heridos, 14 millones de hambrientos y más de 80.000 niños muertos de hambre por el terrible bloqueo que impuso Arabia Saudí sobre Yemen septentrional. El filosaudí al Hadi también reprime a seguidores de Ansarolá en el sur de Yemen. Por su parte, Saleh se había aliado a los Huti para tratar de vencer a al Hadi, pero los rebeldes de Ansarolá rompen con él y lo ajustician en 2017. Los Huti resistieron siempre contra la invasión saudí. De hecho, mantuvieron a raya al tercer ejército más poderoso del planeta, con más de 350.000 soldados de Arabia Saudí. Algunos analistas hablan de que el Yemen se convirtió en el “Vietnam saudí”. Algunos analistas argumentan que Yemen es el eslabón más débil de la cadena que representan los gobiernos shiías de Siria e Irán en el Oriente Medio, y que Occidente quiere destruir. Pero lo cierto es que los pretorianos invasores saudíes destruyeron gran parte de la humanidad de Yemen. Y eso no podemos olvidarlo. La tragedia humanitaria yemení causada por el intervencionismo saudí ha sido marginada, ocultada y tergiversada por la gran prensa occidental.

Fuente: Revista Trinchera

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