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El mito de que la sanidad pública española es una de las mejores del mundo es un discurso autocomplaciente que oculta una realidad alarmante.
Por Gabriela Rojas | 2/07/2025
Durante décadas, se ha repetido que la sanidad pública española es una de las mejores del mundo, un discurso que ha calado profundamente en la sociedad. Sin embargo, esta narrativa autocomplaciente no resiste un análisis crítico de la realidad actual. El Sistema Nacional de Salud (SNS) enfrenta un colapso estructural, con servicios de urgencias saturados, listas de espera interminables, escasez de personal sanitario, cierre de camas y plantas hospitalarias, y una inversión pública insuficiente en los últimos años. Este deterioro ha empujado a millones de ciudadanos hacia la sanidad privada, evidenciando las carencias del sistema público. Es hora de abandonar los mitos y abordar la crisis de la sanidad pública con datos y una perspectiva crítica.
Un sistema colapsado
La idea de una sanidad pública ejemplar choca frontalmente con los datos oficiales sobre listas de espera. Según el último informe del Ministerio de Sanidad, a 30 de junio de 2024, un total de 848.340 pacientes aguardaban una intervención quirúrgica no urgente en el SNS, un aumento del 3,46% respecto al año anterior. El tiempo medio de espera para entrar en quirófano se situó en 121 días, aunque especialidades como traumatología (149 días), cirugía plástica (239 días) y neurocirugía (213 días) presentan demoras aún mayores. Por comunidades autónomas, Andalucía encabeza la lista con 169 días de espera media, mientras que Madrid, con 47 días, es la excepción que confirma la regla de un sistema saturado.
Las urgencias no están en mejor situación. Los servicios de urgencias de hospitales como el de Getafe o La Paz en Madrid han sido descritos como «a reventar», con pacientes esperando en pasillos, sobre colchonetas y sin condiciones dignas. Aunque no existen datos unificados a nivel nacional sobre el tiempo medio de espera en urgencias, reportes locales, como los del Hospital Universitario de Getafe, señalan colapsos recurrentes debido a la falta de personal y el cierre de plantas. En muchos casos, los pacientes esperan horas para ser atendidos, y la sobrecarga del personal sanitario agrava la calidad de la atención.
Escasez de médicos y enfermeros:
La falta de profesionales sanitarios es uno de los problemas estructurales más graves. En los últimos años, la sanidad pública ha perdido atractivo para médicos y enfermeros debido a condiciones laborales precarias, salarios no competitivos y una alta presión asistencial. Según la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública, la Comunidad de Madrid, por ejemplo, no ha cubierto todas las plazas de pediatría, y muchos Médicos Internos Residentes (MIR) abandonan el sistema público tras completar su formación.
A nivel nacional, la escasez de enfermeros es especialmente alarmante. Un informe de la Fundación IDIS señala que, en los próximos años, España enfrentará una jubilación masiva de médicos, con una pérdida estimada del 40% de los profesionales actuales. Esta situación se agrava por la falta de incentivos para retener a los profesionales jóvenes y la dificultad para homologar médicos extranjeros, con solo un 12% de homologaciones aprobadas por el Ministerio de Sanidad.
Cierre de camas y plantas
El cierre de camas y plantas hospitalarias es otro indicador del deterioro de la sanidad pública. Según el Sindicato de Enfermería (SATSE), cuando llega el verano se cierran alrededor de 10.258 camas en hospitales públicos durante los meses de junio a septiembre, lo que incrementa las listas de espera y empeora la atención. En el Hospital de Getafe, por ejemplo, el cierre de una planta de medicina interna generó una sobrecarga en urgencias, con pacientes atendidos en condiciones precarias. Aunque algunas reaperturas se han logrado tras denuncias públicas, el problema persiste en muchos centros.
Este fenómeno no es exclusivo del verano. La capacidad hospitalaria ha disminuido progresivamente en la última década, coincidiendo con un aumento de la demanda debido al envejecimiento de la población y el incremento de enfermedades crónicas. En 2020, el número de camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes era significativamente menor que en otros países europeos, situándose en torno a 3 camas por 1.000 habitantes, frente a las 5 de Alemania o las 4,5 de Francia.
Inversión pública insuficiente
El discurso de que España tiene una sanidad pública de primer nivel ignora la falta de inversión sostenida en el sistema. En los últimos diez años, la inversión sanitaria pública en relación con el PIB ha disminuido. Los recortes redujeron la inversión sanitaria en proporción al PIB año tras año, pasando de niveles que permitían a España estar en el «top ten» mundial a una situación de retroceso. En 2023, el gasto sanitario público representaba aproximadamente el 6% del PIB, muy por debajo de países como Alemania (8,7%) o Suecia (9,2%). Esta desfinanciación ha limitado la capacidad del sistema para renovar equipos, ampliar plantillas y mantener infraestructuras. Como resultado, el sistema no ha podido adaptarse al aumento de la demanda, lo que ha contribuido al colapso de los servicios y al incremento de las listas de espera.
El auge de la sanidad privada
El colapso de la sanidad pública ha impulsado un crecimiento sin precedentes de las pólizas de salud privadas. Desde 2021, 1.250 pacientes al día han optado por la sanidad privada, sumando un total de 1,36 millones de nuevos asegurados en tres años. En 2020, había 11,5 millones de personas con seguros privados; en 2024, esta cifra superó los 12,4 millones, lo que significa que uno de cada cuatro españoles cuenta con un seguro de salud. El gasto en sanidad privada alcanzó los 36.805 millones de euros en 2021, un aumento del 14% respecto a 2020.
Este auge no solo responde a las largas listas de espera, sino también a la percepción de mayor rapidez, calidad y confort en la sanidad privada. Pero solo se trata de un espejismo. Especialidades como dermatología (hasta tres meses de espera en la privada en Madrid), ginecología (un mes) o resonancias magnéticas (un mes y medio) están empezando a saturarse incluso en el sector privado, lo que indica que el colapso de la pública está arrastrando a la privada.
Una mirada crítica y realista
El mito de que la sanidad pública española es una de las mejores del mundo es un discurso autocomplaciente que oculta una realidad alarmante. Con 848.340 pacientes en lista de espera quirúrgica, tiempos de espera de hasta 239 días en algunas especialidades, urgencias colapsadas, escasez de profesionales, cierre de camas y una inversión pública insuficiente, el sistema está lejos de ser un modelo de excelencia. La desfinanciación de la última década ha debilitado la sanidad pública, empujando a millones de ciudadanos a contratar pólizas de la salud privada, que ya suponen el 25% de la población. Es hora de abandonar los relatos triunfalistas y abordar la crisis con medidas concretas que fortalezcan el sistema público: aumentar la inversión, mejorar las condiciones laborales de los sanitarios, reabrir camas y plantas, y garantizar una atención equitativa y de calidad. Solo con un análisis crítico y una acción decidida se podrá recuperar un sistema sanitario público que realmente sea motivo de orgullo. Todo lo demás es vender humo.
Madre mía el fachadeneco ha sido el primero en llegar a decir que no quiere médicos de otros países pues nada Eneko si no te gustan los médicos que te ponen la seguridad social desde la privada, que en la privada del racismo a lo mejor te lo aguantan
La solución no es homologar a médicos licenciados por la Universidad de Quispe o de Monrovia, eh? Nadie en su sano juicio quiere que le opere de un tumor un médico formado en países de más que dudoso nivel educativo o donde la mitad de los certificados se consiguen con sobornos. Lo que hace falta es pagar bien a los médicos españoles o comunitarios y sancionar a quienes, habiendo sido formados a cargo de dinero de los contribuyentes no ejerzan algunos años en el SNS, que ya está bien de que Inglaterra o Alemania se lucren a costa de que les «enviemos» médicos y enfermeras ya muy bien formados con nuestro dinero.Los 11 mil «kilos» que le damos a la Iglesia o los 80 mil que vamos a darle a los yankees compra de armas mediante, serían más que suficiente para tener un SNS de los mejores del mundo, esta vez de verdad.
PD: El dentista, todo salvo los tratamientos meramente estéticos, y las gafas, ¿para cuándo en el SNS?