Niños y niñas soldados: ¿una construcción social peligrosa para los proyectos revolucionarios?

Es indispensable analizar el tema a la luz de los hechos históricos por los que atraviesan los niños y las niñas de los cuales estamos hablando, no «la infancia» en forma abstracta sino la infancia que representa los hijos e hijas de los pueblos trabajadores, en diferentes épocas y lugares.

Por Laura Taffettani | 11/02/2026

A los héroes olvidados

Prólogo

Es a mediados del siglo XX cuando comienza a visualizarse por primera vez la participación de los niños en los conflictos armados en la normativa internacional a través de los Protocolos Adicionales de 1977 de las Convenciones de Ginebra de 1949. En dichos protocolos se sugería no reclutar niños menores de 15 años.

Posteriormente, el desarrollo normativo internacional sobre los que luego se denominaron «niños soldados» se intensificó, particularmente después de la caída del Muro de Berlín, en las distintas convenciones y protocolos, así como también la perspectiva que se le fue imprimiendo al tema colocando dicha participación (la que considera además sin discusión alguna involuntaria y forzosa) a la explotación infantil y a la trata de personas. También se prohibió directamente el reclutamiento de niños y niñas menores de 18 años.

Esta visión mutilada del problema, con la idea de «una infancia universal a la manera de la publicidad de Benetton», descontextualizada del tiempo histórico que vive cada niño o niña, así como también de la clase social que pertenece, que además lo único que debe hacer a esas edades es jugar y a ir a la escuela, ha sido una construcción social fogueada por los organismos internacionales dirigida a deslegitimar las distintas resistencias de los pueblos que deciden cuestionar la dominación a la que se hallan sometidos y sublevarse a través de las armas.

De este modo le han quitado en forma absoluta el carácter de sujeto político que tiene una niña, niño o joven menor de 18 años, sin discriminar las diferentes situaciones que atraviesa en su devenir vital y el de su pueblo.

Por ello, es indispensable analizar el tema a la luz de los hechos históricos por los que atraviesan los niños y las niñas de los cuales estamos hablando, no «la infancia» en forma abstracta sino la infancia que representa los hijos e hijas de los pueblos trabajadores, en diferentes épocas y lugares. Es decir, nada más y nada menos que realizar un análisis concreto de la realidad concreta.

Paraguay a mediados de siglo XIX

En Latinoamérica, en la República del Paraguay, el Día del Niño se festeja el 16 de agosto en homenaje a los valientes niños que dieron su vida para defender su patria en la batalla de Acosta Ñu en el año 1869.

Paraguay, en la década de 1860, se había convertido en un pujante país de desarrollo económico autónomo y sostenido. Fue el primer país de Sudamérica que tuvo una acería, telégrafo y ferrocarril, así como también un Astillero donde se fabricaban barcos a vapor. No existía casi el analfabetismo y representaba un verdadero oasis en una Sudamérica que acababa de abandonar el yugo español, pero se lanzaba a brazo tendido al imperialismo anglo–francés que ya había afilado sus dientes para someter sus economías a sus propios intereses.

Frente a la osadía de Paraguay de constituir una verdadera República independiente, Inglaterra silenciosamente urdió una estrategia para sofocarla y utilizó toda su influencia en las incipientes burguesías de los países del cono sur para iniciar la llamada «Guerra de la Triple Alianza» en la que Argentina, Uruguay y Brasil declararon la guerra a la hermana República del Paraguay.

Paraguay luchó duramente contra la embestida, pero la batalla de Acosta Ñu selló la derrota de las tropas paraguayas que resistieron durante casi 6 años el embate con una desigualdad de fuerzas inmensa al unirse los tres países.

En realidad, el último año de la guerra estuvo más que nada dirigido a la persecución del presidente paraguayo Francisco Solano López y así fue reconocido por el comandante del ejército brasileño, el Duque de Caxias que al entrar en Asunción el 5 de enero de 1868 declaró públicamente que la guerra había terminado.

Caxias, al realizar su informe al emperador de Brasil, describe: «El soldado paraguayo prefiere morir a rendirse; acentuó además «que la moral de ese ejército ya derrotado aumenta en la derrota y cuando sus soldados están bajo la mirada de López, se sienten magnetizados, pudiendo hacer lo imposible (…) lejos de economizar su vida, parece que buscan con frenético interés la ocasión de sacrificarla heroicamente y de venderla por otra vida o por muchas vidas de sus enemigos».

Sobre los soldados paraguayos, Caxias, afirmó a su soberano que, siendo «simples ciudadanos, mujeres y niños», son una sola y misma cosa, «un solo ser moral e indisoluble», para concluir: «Cuánto tiempo, cuántos hombres; ¿cuántas vidas y cuántos elementos y recursos necesitaremos para terminar la guerra, es decir, para convertir en humo y polvo a toda la población paraguaya, para matar hasta el feto en el vientre de la mujer?».

Por esa razón, Acosta Ñu fue una de las más terribles batallas de la historia militar del mundo. La guerra había diezmado a la población del Paraguay y, a falta de hombres, los niños se sumaron a la batalla: de un lado estaban los brasileños con 20.000 hombres y del otro, 3.500 soldados de 10 a 15 años junto a 500 soldados veteranos. López mandó a marcarles bigotes y patillas a los niños con el tizne de los fogones y se improvisaron barbas postizas para confundir al enemigo.

Esa batalla se libró el 16 de agosto de 1869 mientras el Mariscal Francisco Solano López intentaba llegar al Cerro Corá, donde finalmente fue fusilado junto con su hijo, el coronel Juan Francisco «Panchito» López, de 14 años, que intentaba proteger a su madre y hermanos pequeños durante la retirada

El embajador norteamericano en ese país, el general Martin Mac Mahon, un héroe de la guerra de Secesión que se caracterizó por la defensa del Paraguay denunció los abusos cometidos por los aliados. Cuando ya todo había terminado, recordó en diversos ensayos que publicó en Harper’s New Monthly Magazine en 1870, la siguiente descripción: «niños tiernos que llegaban arrastrándose, las piernas desechas o con horribles heridas de balas en sus cuerpos semidesnudos. No lloraban ni gemían ni imploraban auxilios médicos. Cuando sentían el contacto de la mano misericordiosa de la muerte, se echaban al suelo para morir en silencio como habían sufrido».

Mac Mahon había abrazado la causa paraguaya, lo que le llevó a escribir: «Muchos de esos niños tenían madres que no se hallaban lejos en las cuadras de las mujeres donde las balas y las bombas de los civilizadores aliados caían a granel, que no pensaban en sus hijos moribundos, ni en sus hogares ha mucho tiempo abandonados, ni en sus maridos que tal vez se hallaban agonizantes en esos momentos sino en la causa del país en su supremo momento de batalla…».

Casi todos los hombres, ancianos, niños y mujeres, acudieron a defender hasta el último suspiro la Patria.

Un texto difundido por el Ministerio de Educación de la República del Paraguay expone a esta como una de las más sangrientas epopeyas que ha atravesado el pueblo paraguayo en lo que refiere a la matanza de niños, ancianos y mujeres en el siglo XIX. Señala: «En esa batalla, niños de apenas de seis a quince años, eran vestidos como soldados para salir a combatir y en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileños, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto», escribió el historiador brasileño Chiavenatto 1 . Las madres de los niños en combate se escondían en la selva, sin poder hacer absolutamente nada, observando la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaron a comandar un grupo de niños en la resistencia.

Finalmente, después de un día de lucha, los paraguayos fueron derrotados. El Conde D´Eu, quien comandó la batalla, cuando estaba terminada, al caer la tarde, y las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer a los pocos sobrevivientes mandó incendiar la maleza, matando, quemando a los niños y las madres salvajemente.

Este capítulo de la historia paraguaya representa uno de los hechos más heroicos y representativos de lo que significó la lucha del Estado por preservar la independencia y autonomía frente a las fuerzas imperialistas que operaban en la región que requerían de naciones sumisas y subordinadas para continuar con su saqueo, ahora de forma más solapada y «moderna» a la otrora Conquista de América.

Y lo lograron, Paraguay nunca pudo reponerse de dicha derrota que significó la muerte del 96,50 % de los hombres paraguayos.

Paraguay dos siglos después

El principal problema en el Paraguay, sin dudas, fue y sigue siendo el problema de la tierra, problema que se remonta a la postguerra de 1865-1870, cuando los sucesivos gobiernos realizaron la venta masiva de las tierras públicas, dando origen al latifundio.

Esto trajo aparejado un proceso de descomposición de la economía campesina y se produjo el gran desarraigo del pueblo campesino debido a la destrucción de la matriz de organización productiva basada en el esquema parcelario-comunitario, sustituyéndola por relaciones sociales fundadas en el intercambio y la propiedad privada del agro negocio como forma predominante de la tenencia de tierra. Esta situación se agravó aún más con el avance del modelo agro exportador latifundista en el país.

En Paraguay, el 90% de la tierra está actualmente en manos de 12.000 grandes propietarios, mientras que el restante 10% se reparte entre 280.000 pequeños y medianos productores 2.

Esto ha hecho que el movimiento campesino se haya convertido en un actor histórico y clave en el Paraguay, fundamentalmente por su lucha y resistencia frente a la desigualdad e injusticia que caracterizaron desde siempre a ese país.

El surgimiento de organizaciones y las características del movimiento campesino ha ido sufriendo una evolución a lo largo del tiempo que ha supuesto un recrudecimiento de las luchas en relación con el progresivo empeoramiento de la situación campesina asociado al avance del sector sojero y el agro negocio.

Fruto de esa dramática situación del campesinado y de la escalada de violencia en las luchas, el Partido de Izquierda «Patria Libre» del Paraguay, que tenía participación electoral, es duramente perseguido y desarticulado. Uno de los efectos de esta dura represión fue que un grupo de jóvenes que pertenecía a esa estructura fundara una organización armada llamada Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), de inspiración marxista-leninista, que se asienta en la zona norte de la región oriental del país. Entre sus fundadores se encontraban tres jóvenes hermanos miembros de la Familia Villalba: Carmen, Osvaldo y Liliana Villalba Ayala.

La Organización comienza a operar oficialmente con ese nombre en el año 2008, pero previamente ya había desarrollado algunas acciones por las que algunos de sus miembros son encarcelados.

Carmen Villalba Ayala había sido apresada en el año 2003. Actualmente, sigue encarcelada a pesar de haber cumplido sobradamente su condena de 18 años de prisión porque, cuando debían otorgarle la libertad la volvieron a condenar por otros 17 años en una causa armada en el 2018 acerca de un supuesto hecho en el 2004 en un claro estratagema del Poder Judicial para no permitirle la libertad.

Osvaldo Villalba Ayala murió en un enfrentamiento con las FTC el 23 de octubre de 2023 y Liliana posee orden de captura.

Desde el momento en que el EPP comenzó sus operaciones y se hizo pública su presencia en el norte paraguayo, los demás miembros de la familia Villalba, no beligerantes, comenzaron a ser acosados por las fuerzas de seguridad en sus domicilios. En particular, los niños y niñas sufrieron en forma constante seguimiento o personas que le sacaban fotos o los interceptaban en la puerta de la escuela.

Luego de cambiar varias veces de domicilio para eludir el permanente hostigamiento, ya que eran rápidamente ubicados y continuaban las acciones de persecución, en el año 2008 hicieron un primer intento de vivir en Argentina en la localidad de Clorinda, Provincia de Formosa.

El 30 de mayo de 2010, el hijo de Carmen Villalba Ayala, Néstor Oviedo Villalba, de 13 años de edad, quien se encontraba viviendo con sus tías y abuela en Clorinda, cae gravemente enfermo falleciendo ese mismo día. Antes de morir, relató que unos hombres uniformados el día anterior le rociaron una especie de líquido en el cuerpo. Las condiciones de precariedad de la familia y el miedo hicieron que no impulsaran la investigación en ese momento, pero este hecho hace que retornen al Paraguay.

Sin embargo, las acciones de persecución no solo continuaron, sino que se acrecentaron, cada vez más en forma ostensible siempre dirigida especialmente hacia los niños, por lo que finalmente en el año 2011 el grupo familiar se asienta definitivamente en Argentina, en la ciudad de Puerto Rico, Provincia de Misiones donde tramitan la residencia los miembros de nacionalidad paraguaya.

Dentro del grupo familiar residente en Argentina, entonces, se encontraban Lilian Mariana y María Carmen Villalba, nacidas en Argentina. Por la situación de persecución, ellas fueron creciendo sin contacto con sus padres y la necesidad de conocerlos personalmente fue cada vez mayor.

Si bien su familia no estaba muy segura de que estuvieran dadas las condiciones para que las niñas crucen la frontera a ver a sus padres, fue tan grande la insistencia que finalmente cedieron a la presión y organizaron el viaje para que fueran a pasar la jornada de verano del 2019-2020 hasta comenzar el ciclo escolar en marzo de 2020.

El contingente estaba compuesto por Laura Villalba Ayala, su hija María Carmen de 11 años, sus sobrinas Lilian Mariana también de 11 años (hija de Myrian Villalba), las mellizas Tamara Anahí y Carmen Elizabeth Oviedo Villalba (hijas de Carmen Villalba) de 14 años y Tamara Anahí Villalba (hija de Rosa Villaba) de 17 años.

Pero al llegar la fecha de regreso, surgió lo impensado y fue que se declaró la pandemia COVID-19 cerrándose las fronteras herméticamente, por lo que no pudieron retornar y tuvieron que improvisar una especie de campamento para sostener su estadía en el lugar.

A unos días de cumplirse el 151 aniversario de la Batalla de Acosta Ñu, el 2 de septiembre de 2020, en la localidad de Yby Yau, Departamento de Concepción de la República del Paraguay, las FTC (Fuerza de Tarea Conjunta) ubican el campamento, irrumpen violentamente y María Carmen y Lilian Mariana Villalba de 11 años de edad fueron capturadas y fusiladas por el ejército, en lo que para el Gobierno Paraguayo fue un operativo exitoso contra el grupo insurgente EPP.

El general Héctor Grau, comandante de la FTC afirmó rápidamente en los distintos medios de comunicación que era prácticamente un hecho que las dos mujeres fallecidas en campamentos del Ejército del Pueblo Paraguayo en Yby Yaú, eran argentinas y que en Argentina se creó una «guardería» de «soldados» del grupo criminal.

«Las evidencias están en el mismo lugar. Fueron solo sacados los cuerpos y anoche se hizo el análisis en la morgue de Yby Yaú. Nuestro siguiente paso es denunciar el reclutamiento de niños soldados por parte del EPP como parte de crímenes de lesa humanidad», adelantó el general 3.

Ya para el 3 de septiembre la información que circula es que el equipo forense había estimado las edades de las mujeres abatidas entre los 15 y 18 años y casi en forma premonitoria el Gral. Grau, comandante de la FTC especuló con que posiblemente eran de nacionalidad argentina y familiares de Liliana y Osvaldo Villalba 4.

Los cuerpos fueron inmediatamente inhumados bajo el pretexto de los protocolos sanitarios del coronavirus, así como también las ropas que vestían fueron quemadas. Tampoco se grabó el procedimiento «porque no cuentan con los equipos necesarios».

Al comenzar a difundirse las imágenes de los cuerpos abatidos, la familia radicada en Argentina reconoció inmediatamente a sus niñas y comenzó a denunciar su ejecución.

Finalmente, el 5 de septiembre frente al escándalo internacional que se desata al hacerse pública la noticia de que eran niñas, los cuerpos de las pequeñas fueron exhumados y trasladados a Asunción para realizar una autopsia en la que el forense interviniente determinó que la edad de las niñas era de 11 años.

Frente a lo que se veía a todas luces como un acto de terrorismo de Estado cuyo único responsable eran las fuerzas que intervinieron en el operativo, el Ejecutivo paraguayo denunció formalmente «la presencia de niños dentro de actividades del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo y pidió al Ministerio Público una investigación sobre cómo llegaron los menores hasta el grupo criminal» 5.

Luego de la emboscada del 2 de septiembre, las sobrevivientes que lograron huir del lugar (también testigos de lo sucedido) fueron implacablemente perseguidas por la FTC.

En el hecho del 2 de septiembre, Carmen Elizabeth Oviedo Villalba (Lichita) de 14 años de edad, había sido herida en una pierna y tenía dificultades para movilizarse. Laura y las niñas fueron acompañadas para intentar salir del país por tres combatientes del EPP dado el desconocimiento que tenían de la zona.

El 20 de noviembre son nuevamente interceptadas y en ese hecho la FTC asesina a los tres militantes que las acompañaban. Son ejecutados a sangre fría mientras transitaban por el bosque, la fuerza dispara a 500 metros con armas dotadas de mecanismos calóricos e infrarrojos que detectan el calor humano y dirigen el disparo 6.

En esa ocasión, Carmen Elizabeth vuelve a recibir un disparo que la tocó de refilón en la cabeza, por si no quedaban dudas el objetivo real de estos operativos.

El grupo familiar logra nuevamente huir, pero ya sin asistencia, lo que provoca que se pierdan en el monte ante la falta de conocimiento del terreno y pasan días deambulando, sin comida, sin agua y con Carmen Elizabeth herida.

Por esta razón, el grupo se divide, quedando Laura con Carmen Elizabeth frente a su imposibilidad de moverse y su hermana y prima van en búsqueda de comida y agua, pero las jóvenes se pierden y eso hace que Laura vaya en su búsqueda. Cuando regresan el 30 de noviembre, no encuentran a Carmen Elizabeth en el lugar, pero sí sus pertenencias en el lugar.

Allí, Laura decide que Tamara y Tania busquen el modo de regresar a Argentina y ella se quedará buscando a su sobrina.

Durante la búsqueda, algunos lugareños le informan a Laura que habrían visto a fuerzas de seguridad llevarse a Lichita y subirla a un vehículo.

El día 23 de diciembre de 2020, Laura es detenida por un retén de la policía mientras buscaba a su sobrina, sin que en ese momento existiera orden de captura alguna, a pesar de que se identificó sin oponer resistencia. El solo apellido Villalba bastó para quedar detenida.

Ese mismo día, Tania y Tamara pudieron llegar a Argentina gracias a la solidaridad de pobladores paraguayos que las fueron ayudaron en el camino, pudiendo brindar testimonio de lo sucedido y sobre todo corroborar la sospecha que se tenía: que al momento de ser detenidas Lilian y María Carmen estaban con vida.

Nuevamente, la historia del Paraguay se tiñe de sangre de niños.

El Gobierno del Paraguay, aun con toda la evidencia demostrada, continuó con su campaña de señalamiento al EPP que estaría reclutando a menores de edad. El 30 de diciembre de 2020 realizó una conferencia de prensa en la que mostró una serie de evidencias supuestas de que emplea en sus filas a menores: hijos de sus integrantes, crecidos y educados en Argentina y luego devueltos a los campamentos de la guerrilla donde nacieron.

«Se confirman nacimientos de menores en campamentos, posteriormente trasladados a Argentina para crecer y posteriormente volver a ingresar a Paraguay y al monte y utilizarlos (a los menores) como combatientes», dijo a los medios el fiscal Federico Delfino 7.

Posteriormente, Laura Villalba Ayala fue juzgada y condenada por incumplimiento de deberes familiares al ser acusada de llevar las niñas al Paraguay al lugar del conflicto presumiblemente para ser reclutadas por el EPP, del asesinato de Lilian Mariana y María Carmen no hubo expediente, ni investigación, ni sospechosos y menos aún imputados (a pesar de que estaba claro que habían disparado los miembros del FTC que participaron del operativo del 2 de septiembre), la única que terminó acusada por el asesinato de las niñas fue Laura Villalba, madre y tía de las víctimas. Como las penas son menores para este tipo de delito, luego se la condenó por terrorismo, acusándola de cumplir funciones de logística en relación con el grupo armado. También fue condenada en ausencia Myrian Villalba Ayala, madre de Lilian Mariana, aunque ella no había estado en el lugar.

Del mismo modo, Lichita nunca apareció, no la buscaron y tampoco hay constancia de que su desaparición haya sido siquiera investigada.

Y a pesar de que el Alto Comisionado de Naciones Unidas se pronunció fuertemente con respecto al asesinato de las niñas, el Comité de Derechos del Niño de la ONU declaró responsable al Estado Paraguayo por el asesinato de las niñas y se encuentra investigando aún la detención y encarcelamiento de Laura Villalba y la desaparición de Lichita, lo que trajo aparejado un señalamiento muy fuerte a las respuestas tibias -en algunos casos inacción- por parte de las organizaciones de niñez y de derechos humanos en el Paraguay porque a pesar de la historia tan insigne del pasado de los niños de la batalla de Acosta Ñu tomaron el discurso oficial del Gobierno acerca de la posibilidad de que efectivamente el EPP haya estado reclutando a sus propios hijos e hijas y la responsabilidad de la familia en que las niñas se encontraran en esa zona.

Por eso este artículo pretende introducir un tema muy sensible pero necesario, que es la construcción social del sujeto «niño soldado» en el imaginario social. La normativa que se fue desplegando alrededor de esa figura y la teorización que se ha desarrollado en estas cuatro últimas décadas dentro del ámbito de los derechos humanos en relación con los derechos relativos a la situación de los niños y niñas en los conflictos armados, efectivamente es una discusión delicada y dolorosa, pero imprescindible para justamente reconocer a los niños y las niñas su calidad de sujetos políticos, con las limitaciones y alcances que solo se podrán evaluar en cada contexto histórico y social en el que se encuentran.


Este texto forma parte del número #0 de la revista Lume Vivo que puedes descargar completa en PDF o EPUB. Si prefieres una copia impresa por 6€ + envío, escribe a info@republica.gal. Es una buena forma de contribuir a la salud del proyecto.

Notas:

  1. Chiavenato, Julio José. Genocidio americano. La guerra del Paraguay. Asunción: Carlos Schauman Editor, 1984
  2. Yvy Jara, Los dueños de la tierra en Paraguay. Informe de investigación. Guereña, Aratxa y Rojas, Luis. Oxfam 2016
  3. https://misionesonline.net/2020/09/03/en-paraguay-guerrilleras-argentinas/
  4. https://www.abc.com.py/nacionales/2020/09/03/forense-explica-detalles-sobre-fallecidas-en-enfrentamiento-con-ftc/tos no internacionales
  5. https://grupolaprovincia.com/contenido/404594/paraguay-denuncio-que-el-epp-recluta-menores-luego-del-asesinato-de-dos-ninas-ar
  6. https://www.adndigital.com.py/forense-confirma-que-los-3-muertos-del-epp-recibieron-disparos-a-larga-distancia/
  7. https://www.infobae.com/america/america-latina/2020/12/30/el-gobierno-paraguayo-denuncio-que-la-guerrilla-del-epp-recluta-a-menores/

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