Ni Biden ni Trump

Salvar Al Garito IOSIF

Por Carmen Romero 

3 de noviembre de 2020, elecciones en los Estados Unidos. Twitter arde, como siempre. Una parte de la izquierda progresista de España tuitea a favor de Biden, el demócrata. Tuiteo sobre el rechazo que me causan ambos; me cae la de cristo.

El menosmalismo. Cómo vas a decir que el que gane Trump o Biden no cambia nada. Al final, la democracia liberal se resume en eso, en votar al que menos te apriete la soga.

El hashtag #Elecciones2020 suma más de 40 mil tuits en el momento en el que escribo esto. Entro en él y no paro de leer lo mismo: los candidatos son hombres, blancos, viejos y heterosexuales. En cambio, no se nombra nada sobre su política fiscal, laboral o comercial. Otro día más utilizando en la política el vacío de significados.

Obama; negro, joven y amable. Premio Nobel de La Paz que bombardeó siete países en menos de seis años. Lanzó 23.144 bombas en 2015. Ni blanco ni viejo, pero yankee y capitalista, que es lo que une a líderes Demócratas y Republicanos.

Tras las banderas

Con la globalización neoliberal, el concepto clase trabajadora fue devorado por el de clase media y coloreado con identidades. A veces, esas identidades se representan a través de banderas.

Es obvio que un Republicano siempre irá con su bandera de los EEUU o incluso con la bandera de Gadsden y su famoso «Dont tread on me”, refiriéndose a la intervención del Estado.

En el caso de los Demócratas, recordemos cuando Obama iluminó toda la Casa Blanca con la bandera arcoiris.

La Casa Blanca ha sido iluminada con diversas banderas. El mismo Trump en 2017 la iluminó de rosa en el Mes de Sensibilización contra el Cáncer de Mama. Sin duda, las banderas en EEUU siempre han servido para esconder los principales problemas del país. Bandera de la nación, bandera LGTB, color morado, color rosa… pero, ¿qué tienen en común estas banderas? Que sin políticas efectivas en el ámbito económico no sirven de nada. Pero así son los Estados Unidos, símbolos y vacíos de significados. Proyecto un fondo rosa sobre la Casa Blanca pero la mujer trabajadora (seguramente) no podrá curarse de cáncer de mama igual que la rica porque no existe sanidad pública en el país y un seguro médico no está al alcance de todas. Pero todos son clase media.

Tras las banderas hay algo más. Claro que quiero que pierda Trump, pero eso no significa que quiera que gane Biden. No quiero que gane el neoliberalismo. No quiero que gane ni el líder que se esconde tras la bandera de los EEUU ni el que se esconde tras la bandera de la diversidad para luego, en lo económico, no cambiar nada. Porque la clase trabajadora es blanca, negra, heterosexual, homosexual, transexual, bisexual, alta, baja y un sin fin de adjetivos. Pero, por encima de todo, es clase trabajadora, y el negro rico o el homosexual rico nunca tendrá la misma opresión que el pobre; la clase. Y mucho menos en un país donde cada año muere gente por no poder costear el precio de algo tan básico para la salud de un diabético como la insulina.

El enemigo

La clase trabajador, al compartir clase también comparte enemigo. En este caso, el neoliberalismo. Aunque Trump o Biden intenten acercarse a la clase trabajadora, nunca lo harían a través de una critica al sistema económico de los EEUU. Para ello tienen que buscar otras herramientas.

En cuanto a los Republicanos es obvia la principal herramienta que utilizan: el racismo. Si culpo al inmigrante no tengo que culpar al sistema de que te quedes en paro o tu sueldo no te de para vivir. Además, el inmigrante es un chivo expiatorio ante una América que desaparece. El castellano se acerca al inglés en número de hablantes, la religión católica es mayoritaria en los EEUU y los latinos son una mayoría social.

Los Demócratas, en vez de reconstruir el término clase trabajadora como supuesta izquierda que dicen ser, se aferran a las identidades para hablar de privilegios y opresiones. Privilegios y opresiones aludiendo al individuo como uno y no como un conjunto de todos. Porque si se refieren al todos, tienen que hablar del todos como clase, y esto es inconcebible para un demócrata de los EEUU. Sería aceptar que existe el antagonismo entre clases, y por lo tanto, se demostraría que el termino clase media es un concepto ideológico y no estructural.

En definitiva, el enemigo principal de la clase trabajadora de los EEUU es el propio sistema de los EEUU. Trump es un gran problema, pero sobre todo lo es porque es capaz de conectar con esa gente con la que la izquierda no conecta; votantes de clase trabajadora de zonas desindustrializadas de los EEUU y la llamada América profunda. Hay quien piensa que Sanders realmente era la única opción, pero nunca lo sabremos.


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1 Comment

  1. se sabe que biden y trump representan capitalismo A y capitalismo B pero ahora mismo es prioridad que la basura racista xenofoba conspiranoica y amiguita de nazis de trump salga de la presidencia.
    para que? para que la gente se centre en observar lo que esta mal con el capitalismo y no se centre solo en combatir el crecimiento de la escoria explicitamente racista en estados unidos. los gobiernos como el de trump representan una guerra de baja intensidad para los antifascistas que tienen que centrar todos sus esfuerzos en combatir a esa escoria en vez de promover las ideas marxistas y anarquistas, con politiqueros como biden no pasa lo mismo por que como posan de progres se le puede explicar mas facil a la gente que liberales conservadores y socialdemocratas representan la misma basura y por que se necesita la revolucion. ademas cuando la gente se ilusiona con progres como biden y luego ven que no cambia nada, empiezan a tomar mas conciencia de clase y a cuestionarse el sistema (no es casualidad que el ocupy wall street surjio en la era obama y no en la era bush)

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