Nadie teme a Leonard Woolf

Por María José Robles Pérez

Con ciertas corrientes del feminismo nunca me he entendido muy bien porque hay algunos aspectos que se escapan de mi entendimiento aunque obviamente son más cosas las que nos unen que las que nos separan y, aunque a veces cojamos caminos distintos, nuestro objetivo es el mismo, eso lo tengo muy claro. Pero dentro del feminismo radical, se encuentra el separatismo lésbico, cuyo discurso me lo he encontrado en «The life and death of Virginia Woolf«, un escrito que casualmente ha llegado a mis manos. Para quien no haya leído dicho artículo, basta con que sepa que no es más que unas ligeras y atrevidas líneas donde, básicamente, se apoya la injusta idea del famoso libro titulado «Quién teme a Leonard Woolf» de la autora Irene Coates. Y me atrevo a utilizar la expresión «ligeras y atrevidas líneas» porque es más que evidente que la persona que ha escrito sobre ello, ni siquiera se ha molestado en leer el verdadero yo, esto es, sus cartas y diarios donde nadie -ni siquiera Virginia- esconde como se siente, cuales son sus miedos y si es feliz o no. Y se ha permitido el lujo no solo de mancillar a Leonard sino a la propia Virginia. Mi indignación con tal injusto escrito (tanto el libro como el artículo donde se analiza dicha obra) me gustaría resumirla en varios puntos a los que se agarra la autora para lanzar una granada contra Leonard y contra todos los hombres en general, defendiendo de ese modo la idea de que cualquier mujer siempre tendría un destino más dichoso si los hombres -y las relaciones con estos- no se cruzaran en su camino.

Economía. Dicen que a Leonard solo le interesaba de Virginia el aspecto económico, ya que quería convertirse en escritor y con el dinero de ella podía cumplir su ambición (me pregunto que pensaría mis compañeras feministas, si se afirmara esto de Virginia y no de Leonard), ella venía de una familia que desde luego se pudo permitir muchos lujos, además de que recibió una herencia de parte de una tía que supuestamente quería proteger a su sobrina Virginia del matrimonio. Si eso fuera cierto, podría darse el caso de que esta tía hubiese mantenido algún matrimonio tormentoso, no se entiende porque quiso proteger del matrimonio a Virginia, pero no a su otra sobrina llamada Vanessa (hermana de Virginia), cuando ambas mantenían una relación excelente entre ellas y con esta tía. Más bien, la «suerte» de recibir dicha herencia se debe a otro «pequeño» detalle que curiosamente se ha querido obviar y que veremos más adelante. La única evidencia en la que se basa esas ligeras y atrevidas líneas para justificar su afirmación es en un sueño que tuvo Virginia una noche. ¡Menudo argumento, eh! También cabe decir que el matrimonio Woolf, al compartir ese amor por la literatura, decidieron montar una imprenta, la famosa Editorial Hogarth Press, cuyos beneficios eran de los dos, sin embargo se afirma sin pudor alguno que todo se compraba con el dinero de Virginia. Es curioso, porque es lo mismo que hace injustamente el patriarcado (pero a la inversa, claro): El dinero siempre es de él, aunque trabaje ambos. Retrato erróneo de Leonard: hombre que solo quiso aprovecharse del dinero de Virginia.

Autonomía. Se da por hecho que todo lo que Virginia hacía era por decisión de Leonard, porque este la empujaba a tomar un camino y no otro y se menciona varios ejemplos, uno de ellos es el caso de que Virginia fue invitada a dar unas conferencias y supuestamente esta rechazó asistir porque Leonard no quería; y lo cierto es que es algo que no cuadra con los datos que conocemos, pues sabemos que Virginia asistió a varias conferencias en el Newnham College y en el Girton College (universidades de Cambridge) de donde precisamente salió su famosa y fabulosa obra que tanto le dio al feminismo «Una habitación propia«.  De todos modos, cuando se afirma que supuestamente ella no asistió a unas conferencias porque Leonard así lo quiso, una vez más se ignora la verdadera naturaleza de Virginia que se veía dominada por altibajos en la toma de sus decisiones y por una enorme inseguridad que la agarraba para que no saltase a la sociedad aunque en el fondo quería brillar (precisamente, hay un pasaje muy interesante en su diario donde habla de como en abril de 1928 le conceden el premio francés «Femina Via Hereuse«, algo que solo recibe críticas negativas por parte de nuestra autora ya que estos eventos no le gustaban absolutamente nada). Esta acusación hacia Leonard es divertida, pues creer que un simple hombre podía dominar a una mujer como Virginia, es algo bastante alejado de la realidad, más propio de un juicio sin testigos. Virginia, que pertenecía el famoso Grupo de Bloomsbury -junto con su hermana Vanessa, entre otros- resultando ser más que escandaloso para la sociedad que dos chicas como ellas pertenecieran a dicho grupo donde la «libertad» era su bandera. Virginia, que se atrevió a enviar sus obras al público a pesar de ser mujer en aquella sofocante época, a pesar de que su escritura se alejaba de todo lo que se consideraba propiamente escritura. Virginia, que estando casada mantuvo una larga relación de años y años con su amante, una mujer llamada Vita, todo a ojos de Leonard y a la cual incluso le dedicó un libro titulado «Orlando«; relación que Virginia terminó cuando dejó de sentir por Vita lo que venía sintiendo hasta el momento tal y como refleja ella misma en su diario, a pesar del fallido intento de afirmar que esta relación acabó por otras cuestiones ajenas a Virginia, dejando entrever que si ella hubiera seguido con esta mujer su vida hubiera sido mucho más satisfactoria, tal y como pasó con otras feministas que casualmente mantuvieron toda su vida una relación lésbica (pues las relaciones lésbicas siempre son más satisfactorias y completas para toda mujer, generalizando de esta forma y reduciendo algo tan grandioso y complicado como son las relaciones humanas y simplificando la multitud de sentimientos tan diferentes que podemos tener tanto unas como otros). Virginia, que decidió educarse a sí misma ante la negativa de su padre anclado en la tradición de pagarle solo una buena educación a los varones. Sí, hay que tener la visión muy distorsionada para decir que Virginia no era independiente de Leonard para tomar sus propias decisiones y convertir de este modo a una mujer libre en una supuesta esclava de su esposo. Retrato erróneo de Leonard: hombre que no dejó a Virginia vivir en total libertad.

Competencia. Se basan en la autoafirmación de que Leonard competía con Virginia en cuanto a literatura se refiere, pero pasan por alto las interminables referencias que anota Virginia en su diario donde deja vivencia del apoyo incondicional que siempre le daba Leonard, testimonios donde ella deja constancia de como su propia obra le parece un auténtico error, algo horrible y es él quien incansablemente la insta a seguir, haciendo críticas constructivas y bastante positivas a sus escritos, empujándola así a ser más positiva con su creación. Si hay que hablar de competencia habría que nombrar algo que olvidan: es precisamente Virginia quien deja constancia de la envidia que surgía en ella cuando otras obras de conocidos se vendían o tenían más éxito que las suyas propias, pues producía en ella esa inseguridad que tanto la caracterizaba y que le sembraba el miedo por el que probablemente pasa todo escritor: gustar al lector. No obstante, también cae una rápidamente en la cuenta de que si Leonard hubiera querido competir con Virginia lo hubiera tenido muy fácil, no porque ella (a nuestro juicio) tuviera más talento que él, sino porque para un hombre siempre ha sido mucho más fácil el triunfo aunque careciera de talento, pues la cultura patriarcal siempre le ha dado todas las facilidades a ellos para que alcancen la fama y el poder. ¿Dónde está la prueba de que Leonard no quería que Virginia alcanzarse la fama, más incluso que él? ¿Está en la brillante idea de montar la editorial? ¿Está en la insistencia de Leonard para que ella siguiera mandando sus obras para que fuesen publicadas a pesar de las críticas negativas de otros? Retrato erróneo de Leonard: hombre que no dejó que Virginia brillara todo lo que podía brillar.

Misoginia. Bueno, si alguien se tiene que agarrar a la misoginia de Leonard para culparlo directamente del suicidio de aquella, entonces está dejando en evidencia que sus argumentaciones no son muy fuertes. ¿Leonard era misógino? Probablemente, pero habría que hacerse otra pregunta: ¿quién no era misógino en aquella época? Se expresa con gran indignación (y se respalda en ello como justificación de que Leonard es un asesino) lo siguiente: por un lado, que al parecer Leonard frecuentó el consumo de prostitutas durante un servicio en Sri Lanka (antes de conocer a Virginia) -y aunque en modo alguno estoy justificando el consumo del cuerpo a cambio de dinero- me pregunto que tiene de extraordinario que Leonard hiciera eso y que relación tiene con el suicidio de esta. Por otro lado, se utiliza como arma el hecho de que Leonard tuvo un romance con una mujer llamada Trekkie un año después del suicidio de Virginia (por supuesto, se deja entrever que dicha relación podría haber empezado antes de que Virginia dejara este mundo). ¿Y? Otra incongruencia más: precisamente Virginia mantuvo una relación amorosa con la gran Vita ante los ojos de Leonard, algo que duró años, lo que muestra cuán abierta era la relación que mantenía este matrimonio (por ambas partes); y es obvio que no podemos olvidar el «libertinaje» que existía entre los propios miembros del Grupo de Bloomsbury, pues entendían el amor y el placer en términos de libertad, al margen de cualquier prejuicio (incluidos los prejuicios feministas). Retrato erróneo de Leonard: hombre que no amó a Virginia.

¿Algunos de esos injustos y erróneos retratos es suficiente argumento para afirmar que Leonard fue el culpable de la muerte de Virginia y que si ella no lo hubiera conocido a él, su vida hubiera sido más feliz? ¿Y quiénes somos nosotras para sentenciar si ella fue feliz o no? ¿Con qué derecho nos creemos para decidir sobre qué es lo que hace o no feliz a los demás?

Enfermedad. Curiosamente -y no casualmente- se olvidan este imprescindible punto de nuestra querida autora, se deja conscientemente este aspecto abandonado, sin lo cual es imposible entender la vida y muerte de Virginia Woolf. Decir que Leonard es el causante de lo que le ocurría a su esposa, es bastante injusto porque se obvia que Virginia padecía una grave enfermedad que, si hoy la hubieran diagnosticado, probablemente hubieran dicho que se trata de esquizofrenia o algo muy cercano a ella. Cualquiera que se haya molestado en estudiar la vida de Virginia recurriendo a diferentes medios -no es el caso de Coates, por ejemplo- conoce de sobra como esta literata pasó por periodos depresivos toda su vida, desde bien pequeña hasta su muerte. Basta con informarse un poco para corroborar como lo que Virginia sufría se correspondía con los síntomas de la enfermedad que nombramos más arriba o al menos se le asemeja terriblemente (de modo que culpar a una tercera persona es algo muy pero que muy injusto y horrible), como el hecho de percibir cosas que no existen o interpretar de un modo distinto la realidad. El caso más conocido -seguramente para Coates no, claro- es el hecho de que Virginia afirmó como escuchó a unos pájaros que cantaban y le hablaban en griego (algo que reflejó en el oscuro y enfermo de vida de su personaje Septimus, en su obra «La Señora Dalloway”, personaje que, por cierto, terminó suicidándose). Generalmente, el primer brote que da cuenta de la existencia de esta enfermedad se tiene a una edad temprana, y es algo que vemos en Virginia cuyo primer brote lo tuvo al morir su madre muchos años antes de que Leonard se cruzara en su camino.

Otro síntoma es la dificultad para expresar emociones, que en nuestra escritora encontramos a la perfección, pues ella misma explicaba en sus diarios la dificultad y el desconcierto que le producía su reacción ante ciertas situaciones donde todo el mundo mostraba con facilidad lo que sentía, pero ella era incapaz (un claro ejemplo es la muerte de su padre); aunque tenemos que reconocer que Virginia encontró una vía de escape: la literatura, donde a través de los personajes dijo todo lo que no fue capaz de decir en el mundo real (sobre todo a su padre).

El aislamiento social es otra clara muestra, los conocidos de Virginia cuentan como a pesar de que ella asistía a fiestas y reuniones, no era extraño verla alejarse de todo el barullo, sentada sola leyendo un libro mientras los demás conversaban y disfrutaban de la fiesta. Coates acusa a Leonard de ser él quién la aislaba, pero una vez más olvida que Virginia era así mucho antes de conocerlo a él.

Primera fase, el paciente presenta cambios de personalidad, abandona las relaciones sociales, se muestra irritable. Segunda fase, pierde contacto con la realidad, apareciendo delirios y alucinaciones, alteraciones de pensamiento. Tercera fase, pensamiento y conducta extraña. ¿Le suena de algo a los expertos en biografías de Virginia Woolf estas fases? Es obvio que sí, representa a la perfección la fase por la que pasaba nuestra querida escritora, siendo su última «conducta extraña» la de sumergirse en las aguas del río Ousse. Bien, son las fases de un paciente con diagnóstico esquizofrénico.

Y por si no hubiera suficientes evidencias aún, nos encontramos con un historial familiar de parientes próximos similares, como fue el caso de su hermana Laura internada en un hospital y que terminó falleciendo en 1945, también el caso de su tío James que sufrió un accidente tras el cual dejó de mostrarse «cuerdo» llegando incluso a peligrar la vida de aquellos que lo rodeaban. ¿A quién culpamos de esto?

La corriente separatista lésbica ni siquiera ha tenido un poco de consideración y empatía con alguien que -sin alterar ni un ápice de realidad- convivió literalmente con una mujer enferma, cuyos trastornos, debilidad física, delirios y bruscos cambios en sus emociones desestabilizaban a todos cuantos la rodearon. Un claro ejemplo es los numerosos personajes que pasaron por su editorial para trabajar, pues a ninguno les duraba mucho el trabajo debido a que trabajar con Virginia era algo casi insoportable. «¿Cómo es convivir con una persona con una enfermedad de estas características?», tendría que haber sido el hilo conductor del escrito «The life and death of Virginia Woolf« y no el culpar injustamente a quien sufrió junto a ella y la cuidó todo cuanto ella se dejó cuidar. Según este escrito y el libro del cual habla (importante no olvidar su título) «Quién teme a Leonard Woolf«, este mató metafórica y físicamente a Virginia, la empujó al suicidio. Una vez más, se obvia datos para beneficiar esta alterada teoría: Virginia ya había intentado suicidarse antes dos veces más, una de ellas fue tras la finalización de la escritura de su obra «Fin de viaje» pues sumergida en otra de sus crisis, tomó una dosis mortal de veronal, que no surgió efecto gracias a la rápida actuación de Leonard y los médicos; y el otro intento fue tras fallecer su padre, pues la joven Virginia sufrió una de sus crisis y se tiró desde una ventana porque no podía soportar esa «sombra» que sentía en su interior, siendo un detalle importante de este intento que por esta fecha aún no había conocido a Leonard.

También se ignoran hechos como la muerte de algunos de sus hermanos, el ingreso de su hermana Laura en el psiquiátrico, la muerte de su querido sobrino por culpa de la guerra, la muerte de su amigo Lytton Strachey y el suicidio de su esposa Dora Carrington (algo de lo que Virginia siempre se sentirá culpable por no «verlo» venir), o la muerte de su querido Roger Fry (a quién le dedicó una biografía que no fue muy querida por el público), la muerte de su perrita Pinker, la muerte de su padre (tras la cual su carácter se vuelve de lo más irritable, no soportando la presencia de nadie) y la muerte de su madre (sí, sobre todo, la de esta última, pues fue con 13 años cuando Virginia sufrió por primera vez una crisis nerviosa y ya nada volvería a ser igual, es entonces cuando los médicos le recomiendan no escribir ni leer -algo que le recomendarán en cada una de sus crisis posteriores-, pues curiosamente cada vez que Virginia terminaba de escribir uno de sus libros, caía en otra de esas crisis, lo que evidencia el agotamiento físico y mental que dicha actividad producía en ella y lo perjudicial que era para su salud, aunque intenten decir que era Leonard quien la obligaba injustamente a descansar siendo esto algo negativo para ella para así no dejarla brillar), fueron muchos acontecimientos los que tuvieron en ella secuelas bastantes importantes, llevándola a enfermar, no por lo acontecido circunstancialmente, sino porque en su cuerpo ya residía algo innato que hacía que no pudiera soportar tanto dolor. Y la guerra, cómo es posible que se pase por alto el gran sufrimiento que supuso para Virginia tener que presenciar -aunque casi fuera de escena- la matanza de hombres y mujeres…

Virginia altamente sensible para lo bueno y para lo malo. Pues precisamente lo que hace de Virginia una escritora excepcional es su extrema sensibilidad, sobre todo, con aquello inevitable que nos termina quitando la vida a todos: el paso del tiempo. Fue «gracias» a lo que albergaba en su interior y que la hacía tan sensible, que nos regaló esas maravillosas obras. Fue desgraciadamente por lo que albergaba en su interior, lo que hizo que Virginia eligiera “salvarse” ella misma.

Poco amor hacia Virginia tienen aquellas personas que se atreven a distorsionar su vida en favor de una teoría radical (que quiere argumentar y justificar que todos los hombres son los culpables de los suicidios de mujeres porque se haya dado casos en los que así haya sido y las evidencias lo demuestren, teoría que quiere justificar que la vida de todas las mujeres sería mucho mejor si no se cruzaran en su camino con ningún hombre) y, con ello, manchan el nombre del único hombre que le dio a Virginia un poco de paz cuando más lo necesitaba, aquella persona que nunca le hizo una mala crítica de sus obras y la empujó -no a un río- sino al camino de la fama que ella, debido a su inseguridad, a lo mejor nunca hubiera hecho sola. Poco respeto muestran hacia la lucha feminista quiénes generalizan y acusan injustamente a todos los hombres por el delito que cometieron algunos de ellos, quiénes acusan de forma injusta precisamente a aquellos hombres -nuestros compañeros- que nos han apoyado y han hecho que no nos quedemos enterradas en la historia. Poca tolerancia a la libertad muestran quiénes argumentan que nuestras vidas serían mejor solo como sus teorías dicen y nos dejan sin elección, quitándonos la capacidad de que seamos nosotras mismas quiénes decidamos qué es lo que nos hace feliz y lo que no, a qué mujeres y/o hombres queremos en nuestras vidas y a los que no.

La última evidencia irrefutable de que tanto el escrito del que hablamos como el libro de Coates mienten en beneficio propio, es aquello que dijo Virginia en su última carta a su esposo Leonard: «si alguien podía salvarme, hubieras sido tú«.

Y aunque nos duela profundamente, no se olviden que fue la misma Virginia quien, simplemente, no quiso ser salvada.

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