Mutuo consentimiento

Por Teresa Domínguez


Queridas madres y padres, el consentimiento se aprende y desde bien pequeños. Durante mucho tiempo, el consentimiento de las niñas y mujeres fue despreciado, ignorado, puesto en tela de juicio. Aprender los límites y el respeto es fundamental en la educación de los pequeños, y lo mismo que ponemos límites en determinadas áreas de la educación de nuestros hijos e hijas, no pegar, no mentir, respetar, ser ordenados, qué comer, etc… hemos de tratar de llevar esta enseñanza al prisma del consentimiento.

Desde casa, y desde la escuela es fundamental que aprendan el significado del “No”. Que lo usen, y que sepan aceptarlo. En sus distintas formas. Que ellos sepan y entiendan que les exigimos que pregunten antes de tocar el cuerpo de los demás, desde bien pequeños. Que no hay broma que valga. Que sientan que ellos (o ellas) también serán respetados. Enseñar respeto y consentimiento también implica que los adultos entendamos y aceptemos un “No” de nuestros hijos, o de otros niños o niñas, (o adultos) ya sea en juegos, en confidencias, cuando les hacemos cosquillas y se resisten o les obligamos a dar un beso. Estas lecciones son cruciales durante la primera infancia. Permiten modelar la mente del pequeño, para que, más tarde, no sea ni agresor ni víctima, y tenga herramientas para actuar.

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Hemos traducido el material educativo de Liz Kleinrock

Liz Kleinrock es una maestra que se hizo conocida por sus lecciones de consentimiento en clase, a niños de tercero de primaria, niños y niñas de 8 y 9 años. Por supuesto las lecciones no son sobre sexo porque tenemos que entender que el concepto de “consentimiento” comienza mucho antes de las relaciones sexuales. Pero las premisas son las mismas.

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Hemos traducido el material educativo de Liz Kleinrock

En un artículo que publicamos hace unos meses “Educar sin sexismo, una asignatura pendiente” contábamos que las expertas coinciden en que el machismo es un problema de educación. Y que es necesaria la co-educación. Sin embargo, no podemos hablar de co-educación si no se implica la familia, la escuela, la sociedad, desde los primeros días de vida del bebé. ¿Cómo? No fomentando estereotipos sexistas, roles de género, que no son para nada inofensivos.

Nosotros, (al menos los de mi generación) no hemos recibido una educación que nos permita analizar el sexismo que nos rodea, pocas personas han estudiado sus propios estereotipos, a veces transmitimos patrones que marcan las diferencias, es necesario que seamos conscientes de ello. No basta con gestos y campañas, y de nada sirven si además, como padres, nos negamos a que a los niños y niñas se les eduque en estos temas, o en terrenos tan importantes como el sexual o como en esta columna, sobre el consentimiento desprovisto de connotaciones sexuales y desde temprana infancia, “porque a mis hijos los educo yo”. Para luego no hacer nada al respecto.

Intentamos educar a nuestras niñas para luchar contra los estereotipos y a perseguir sus sueños, pero es igual de importante hacer lo mismo con nuestros hijos. Es fundamental dar a los niños y niñas libertad de actuación, y sobre todo, no definirles los roles. Y en el tema que tratamos hoy, el consentimiento, el aprendizaje comienza muy pronto. Desde bien pequeños han de recibir las pautas para que entiendan de qué hablamos. Es muy importante también hacerles ver cuándo una noticia, un comportamiento, una palabra, se ajusta a un estereotipo, es bueno hablar de ello, hacérselo notar, porque los niños y niñas no nacen con esas preferencias ni esas actitudes. La diferencia de criterio, según los expertos, surge al mismo tiempo en que los niños toman conciencia de ese género que se les impone, en función de su sexo, alrededor de los dos o tres años, y en ese momento las expectativas sociales pueden invalidar los propios intereses innatos.

¿Y cómo afecta no tener claros los límites del consentimiento en nuestros hijos? Redunda en ciertas actitudes que siguen reproduciendo roles machistas en los “juegos”, en las “las bromas”, en la calle, en el patio del colegio… y en actos que no son “cosas de niños”, sino un comportamiento que a la larga será el que moldeará su actitud con respecto a los demás, en especial con el sexo opuesto, y con la cultura de la violación.

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“To end rape culture, we must create a consent culture”: “Para acabar con la cultura de la violación, necesitamos crear la cultura del consentimiento” De la campaña de Tessa y Lia

No podemos negar que internet, los móviles, la televisión, son una fuente inagotable de “ideas” e imágenes que fomentan actitudes sexistas. Es ardua la labor de los que intentamos educar a nuestros hijos e hijas en este sentido, teniendo en cuenta las dificultades que hallamos después en espacios que no podemos controlar, como son las escuelas, la calle, los amigos, etc… Contrariamente a lo que uno podría pensar, el consentimiento no es solo una cuestión de adultos o de sexualidad. Sabemos que en España la edad mínima de consentimiento sexual son los 16 años, por debajo de esa edad cualquier tipo de contacto sexual es ilegal. Así lo dice nuestro Código Penal en su atículo 183.1. La ley de la edad de consentimiento fue creada para proteger a jóvenes y menores. Pero en esta columna, hoy, hablamos del consentimiento que reside en un patrón de conducta que aprendemos desde bien pequeños.

“Cuántos siglos necesita la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente.” Concepción Arenal

No debemos temer enseñar “consentimiento” a los más pequeños, porque no es complicado, y lo primero que debemos hacer es eliminar nuestros propios estereotipos. Enseñar consentimiento, no implica nada sexual, de hecho, es simplemente una cuestión de enseñarles el respeto de los límites, que también llevamos a la palabra, y al cuerpo. De la misma manera que establecemos límites en la alimentación, en los programas que ven, sus horas de sueño, o en el comportamiento en general. Es enseñar lo que significa dar permiso. Y que por pequeños que sean, tienen derecho a negarse a dar o recibir muestras de cariño, incluso a la familia. Esta es la mejor manera que entiendan que su cuerpo les pertenece, y que los demás necesitan “permiso” o consentimiento para tocarles. Al respetarles, respetarán. Esto les enseñará que no tienen que tocar el cuerpo de otros ni de broma, sin su permiso.

Hay maneras sencillas de llegar a ello, a través de la pregunta, “¿Puedo?”. Y no le hagas chantaje emocional, con un “mamá (o papá) está triste porque no quieres abrazarme”. Hemos de aprender a aceptar un “No” por respuesta, o un “no tengo ganas”, un “no quiero”, un “después” sin enfadarnos o frustrarnos. A la larga dará sus frutos, especialmente cuando crezcan.

…el peor perverso es uno que habla en nombre de la moralidad… los verdaderos perversos pueden juzgar, predicar, enseñar, precisamente tienen una posición de autoridad y de control del goce de los otros…” Jacques Alain Miller en “ Fundamentos de la Perversión”(2008)
“No seré una mujer libre mientras siga habiendo mujeres sometidas.”

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