Multitudinarias manifestaciones sacuden Turquía ante una nueva ola represiva

Emrah Gurel | AP

Las calles de Estambul, Ankara e Izmir se han convertido en el epicentro de la resistencia popular. A pesar de las prohibiciones de manifestaciones impuestas por las autoridades, miles de personas han salido a protestar.

Por Ricardo Guerrero | 23/03/2025

Turquía vive días de intensa agitación social tras el arresto, el pasado 19 de marzo, del alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, una figura clave de la oposición y el rival político más fuerte del presidente Recep Tayyip Erdogan. Miles de personas han tomado las calles en las principales ciudades del país —Estambul, Ankara e Izmir— en una ola de protestas que no se veía en más de una década, desafiando prohibiciones gubernamentales y enfrentándose a una dura represión policial. Estas manifestaciones responden a lo que muchos consideran un nuevo intento de Erdogan por eliminar cualquier alternativa opositora de cara a las elecciones presidenciales previstas para 2028.

Imamoglu, miembro destacado del Partido Republicano del Pueblo (CHP) y una de las figuras más populares de la política turca, había presentado oficialmente su candidatura a la presidencia del país días antes de su detención. Su arresto, acompañado de una macrooperación que incluyó la detención de cerca de un centenar de personas de su entorno, ha sido interpretado como un movimiento político para neutralizar su creciente influencia. El alcalde, que en 2019 y 2024 logró victorias históricas en Estambul frente al partido de Erdogan, el AKP, fue acusado de corrupción y vínculos con el terrorismo, cargos que él ha negado rotundamente.

Este domingo 23 de marzo, un tribunal turco ordenó la prisión preventiva de Imamoglu, específicamente por delitos relacionados con corrupción, mientras la investigación por terrorismo sigue su curso. Según el fallo judicial, se le imputan cargos como «creación y dirección de una organización criminal», «aceptación de sobornos» y «mala praxis», que podrían acarrearle hasta 23 años de cárcel. Durante los interrogatorios, Imamoglu rechazó todas las acusaciones, calificándolas de «calumnias inimaginables» y denunciando un proceso judicial que su partido ha descrito como un «golpe de Estado» orquestado por el gobierno.

Protestas masivas y represión

Desde el día de su arresto, las calles de Estambul, Ankara e Izmir se han convertido en el epicentro de la resistencia popular. A pesar de las prohibiciones de manifestaciones impuestas por las autoridades —que en Estambul se extendieron hasta el 26 de marzo— y del cierre de carreteras y estaciones de metro, decenas de miles de personas han salido a protestar. Los cánticos de «¡Gobierno dimisión!» y «¡Ekrem  presidente!» han resonado en las concentraciones, mientras la policía antidisturbios ha respondido con gases lacrimógenos, cañones de agua y, según algunos testimonios, balas de goma. El viernes 21 de marzo, el ministro del Interior, Ali Yerlikaya, informó que 343 personas habían sido detenidas en una sola noche de protestas, acusadas de «violar el orden social».

El líder del CHP, Özgür Özel, ha encabezado las movilizaciones, afirmando que «esto no es una lucha política, sino una cuestión de existencia o no existencia del país». En Estambul, frente al ayuntamiento, Özel aseguró que las protestas reúnen a personas de todos los partidos, unidas en defensa de la democracia. Mientras tanto, Erdogan ha calificado las manifestaciones de «terrorismo callejero» y ha advertido que no tolerará el «caos», acusando a la oposición de exagerar el caso para desestabilizar al país.

Un rival en la mira

La detención de Imamoglu se produce en un momento clave: justo antes de las primarias del CHP, programadas para el 23 de marzo, en las que se esperaba que fuera confirmado como candidato presidencial. Además, un día antes de su arresto, la Universidad de Estambul anuló su título universitario por supuestas irregularidades, una decisión que lo inhabilita para competir por la presidencia según la ley turca. Este cúmulo de acciones ha reforzado la percepción de que Erdogan busca borrar del mapa político a su mayor amenaza, especialmente tras las derrotas del AKP en las elecciones municipales de 2024, cuando Imamoglu consolidó su poder en Estambul y su partido avanzó en otras ciudades clave.

Un país en vilo

Con Imamoglu en prisión preventiva y las protestas en curso, Turquía se encuentra en un punto de inflexión. El CHP ha reafirmado su apoyo al alcalde como candidato presidencial, organizando incluso «urnas de solidaridad» simbólicas para que los ciudadanos expresen su respaldo. Mientras tanto, la economía del país, ya golpeada por una inflación del 39% y la devaluación de la lira, ha sentido el impacto de la crisis política, con caídas en la bolsa y parones temporales en el mercado financiero.

Las manifestaciones, que han congregado a cientos de miles de personas en los últimos días, no muestran signos de amainar. Para muchos turcos, la lucha por la liberación de Imamoglu trasciende su figura: es una defensa de la democracia frente a lo que perciben como una deriva autoritaria de Erdogan, quien lleva más de dos décadas en el poder. El desenlace de esta crisis podría definir el futuro político de Turquía en los años venideros.

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