Mujeres rurales: sin ellas no hay futuro

Ser mujer en el medio rural significa vivir bajo una doble opresión: la de género y la territorial.

Por Isabel María Durán Báez | 15/10/2025

El 15 de octubre se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Una fecha que, más allá de la conmemoración, debe ser un altavoz para denunciar las desigualdades que siguen atravesando a miles de mujeres que viven y trabajan en nuestros pueblos.

Porque ser mujer en el medio rural significa vivir bajo una doble opresión: la de género y la territorial. Invisibles en las estadísticas, relegadas en la propiedad de la tierra, silenciadas en la toma de decisiones, sobrecargadas por los cuidados y sin apenas servicios públicos que garanticen su autonomía.

En demasiados pueblos, las estructuras patriarcales pesan como siglos de tradición:

  • La tierra sigue en manos masculinas.
  • La mayoría de mujeres trabaja sin cotizar ni figurar en la titularidad.
  • La violencia machista se sufre en soledad, con recursos escasos o inexistentes.
  • Las oportunidades laborales son limitadas, lo que obliga a muchas jóvenes a marcharse.

Mientras tanto, el discurso institucional repite cada año lo mismo: “las mujeres rurales son luchadoras, guardianas de tradiciones, motor de futuro”. Palabras bonitas, sí, pero que no transforman la realidad. Ese buenismo vacío sirve para aplaudir sin comprometerse.

Lo que exigimos

Las mujeres rurales no necesitan homenajes simbólicos, sino derechos garantizados:

  • Acceso real a la titularidad compartida y a la propiedad de la tierra.
  • Políticas públicas que inviertan en sanidad, transporte, educación y cuidados en el ámbito rural.
  • Recursos efectivos contra la violencia machista, cercanos y accesibles.
  • Reconocimiento de su papel económico y social en leyes, presupuestos y estadísticas.

El feminismo nos recuerda que sin justicia no hay futuro. Y en el medio rural esto es evidente: sin mujeres libres, con derechos y con voz, los pueblos seguirán despoblándose, la desigualdad se perpetuará y el campo será un espacio aún más hostil para vivir.

Hoy, no basta con felicitar. Toca escuchar, reconocer y transformar. Porque las mujeres rurales no son solo “las que resisten”: son las que crean, sostienen y proyectan futuro. Y su lucha es la semilla de una igualdad que debe florecer en cada rincón, del campo a la ciudad.

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