Mujeres, brujas y euskaldunes: enfrentando al inquisidor (reseña de “Akelarre”)

Por Angelo Nero

Iparralde. Año 1609. Los hombres se han echado al mar, mientras las mujeres trabajan la tierra. El juez Rosteguy De Lancre, encargado del Rey para limpiar la región de brujas y herejes, llega a un pueblo con ánimo de hacer un auto de fe, con un puñado de jóvenes acusadas de brujería. Su obsesión es que le confiesen el secreto del Sabbat, la ceremonia mágica en la que bailan e invocan al diablo. Las acusadas han de seguir el juego al inquisidor, tratando de ganar tiempo para que, con la luna llena, regresen los hombres del pueblo, su única posibilidad de salvación. La historia se basa en el libro que escribió De Lancre: “Tratado de brujería vasca: descripción de la inconstancia de los malos Ángeles o Demonios”, donde relata los interrogatorios, y las condenas a decenas de mujeres, que murieron quemadas en la hoguera.

Con una asombrosa interpretación de un elenco de actrices noveles, que llevan el peso de la trama, y que habrá que memorizar sus nombres: Garazi Urkola, Irati Saez de Urabain, Jone Laspiur, Lorea Ibarra y Yune Nogueiras, pues es más que seguro que son candidatas a consolidarse en el nuevo cine vasco, y en el del resto del estado, en “Akelarre” entramos en las cárceles de aquella inquisición que actuaba como una eficaz máquina de represión, dónde muchos reos perdían toda esperanza, no así nuestras protagonistas, que urden todo tipo de estrategias para fascinar a un juez que ya las había condenado por antemano, y para el que los interrogatorios eran un mero trámite.

“Akelarre” es un grito contra la intolerancia, contra el oscurantismo, contra el fanatismo del ignorante, del que rechaza todo lo que no entiende y, además, no quiere entender, para imponer su doctrina, su fe y sus leyes, y es también una evocación de la cultura y del folclore euskaldún, de su música, sus danzas y de su idioma milenario. Pero sobretodo en esta película hay una fuerte reivindicación feminista y de la solidaridad entre las mujeres, frente a un patriarcado que las ha señalado por ejercer de mujeres, esto es de seres sabios, conectadas, de una forma que a un hombre le cuesta entender, con la naturaleza.

Mención necesaria la del excelente trabajo de Javier Agirre, ganador de un Goya con “Handia”, de Aitor Arregui –otro de los brillantes productos de la cinematografía vasca- en la dirección de fotografía, por el que volvió a estar nominado en los premios del cine español, así como también fuera nominado el año pasado por su trabajo en “La trinchera infinita”. Javier Aguirre, en cuya dilatada carrera se suman más de cincuenta títulos, fue también el responsable de fotografía de uno de los films más bellos que se han filmado en el estado en los últimos años, “Dantza”, de Telmo Esnal.

También fue nominado, y finalmente se llevó el Goya, Mikel Serrano, por su dirección artística, como también se llevara el “cabezón” en 2018 por “Handia”, seguramente los miembros de la academia habrán valorado, sobretodo, ese fuerte contraste entre la sombra de los inquisidores y la luz que emana de las muchachas encausadas, que encuentran su apogeo en la reproducción del aquelarre en el bosque.

“Akelarre” tuvo nueve nominaciones en la última edición de los Goya, y finalmente se llevó cinco estatuillas, pues a la que se llevó Mikel Serrano, se le sumaron la de mejor Maquillaje y Peluquería, Diseño de Vestuario y Efectos Especiales, pero el premio que creo que hay que destacar es el de Música Original, por la banda sonora compuesta  por Aránzazu Calleja y Maite Arroitajauregi, e interpretada por Los Qurartet. En esta BSO como explican las mismas compositoras: «hemos utilizado varios métodos, desde dividirnos partes (por ejemplo yo trabajaba las voces graves con el cello, ella los violines,…) para luego ponerlas en común, hasta desarrollarlas conjuntamente para mostrárselo al director. Hemos trabajado con la música para contraponer dos mundos: el de las chicas, más dulce, poético, de interiores y con tesituras más agudas, versus el mundo de los jueces y la inquisición, con sonidos más graves y atmósferas más amargas».

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