“Mrs. America”, el patriarcado siempre gana

Por Antonio Mautor

Una de las miniseries de televisión que más dieron que hablar el año pasado fue, sin lugar a dudas, “Mrs. America”, protagonizada en sus principales papeles por Cate Blanchett, Elizabeth Banks y Sarah Paulson.

Nos narra todo el recorrido que llevó a cabo el movimiento feminista en EEUU para aprobar y ratificar la Enmienda de Igualdad de Derechos (ERA). Durante la década de los 70 y principios de los 80 hubo una campaña de guerra brutal entre mujeres conservadoras, lideradas por Phyllis Schlafly (papel encarnado de manera fantástica por Cate Blanchett), y feministas de la segunda ola del movimiento, tales como Gloria Steinem, Betty Freidan, Shirley Chisholm o Bella Abzug. Schlafly tuvo como apoyo principal el lobby llamado “Moral Majority”, una organización política de EEUU de orientación cristiana, ultraconservadora y fundamentalista, que pudo meterse en el ámbito de influencia del Partido Republicano, siendo uno de los brazos armados en las presidencias de Reagan, y George Bush padre e hijo.

Todo parecía ir como la seda para el movimiento feminista norteamericano, que en su mayoría había conseguido hacer llegar a la opinión pública la necesidad de aprobar una enmienda como la ERA, propuesta a la Constitución de los EEUU, y diseñada para garantizar la igualdad de derechos legales para todos los ciudadanos estadounidenses, sin importar el sexo, buscando terminar con las distinciones legales entre hombres y mujeres en temas tan importantes como el divorcio, empleo, oportunidades de alcanzar puesto de relevancia etc…

Una enmienda que empezó a rodar en 1923 y que a día de hoy todavía no ha sido ratificada en todos los Estados. Una lucha de décadas, durante la cual mujeres de toda condición se dejaron la vida para que sus derechos fueran reconocidos en la Constitución de su país de manera igualitaria a los hombres.

La serie relata cómo había mujeres que, viendo peligrar su status quo ante esta Enmienda, se rebelaron contra ella. Mujeres conservadoras, que querían seguir manteniendo su vida tal y como era, dedicadas a su hogar, bajo el dominio del marido y la crianza de sus hijos.

El personaje sobre el cual pivota toda la serie es el ya comentado de Phyllis Schlafly, una mujer conservadora, a la antigua usanza, muy reconocida a nivel político, y que quiso utilizar este enfrentamiento abierto contra el movimiento feminista para subir en importancia dentro del Partido Republicano y, así, estar cerca del candidato Reagan para el asalto final a la Casa Blanca.

Todo lo que se muestra es algo que actualmente seguimos viendo en nuestra sociedad: Peleas internas dentro del feminismo, por no estar de acuerdo en aspectos particulares de la Enmienda; o el rechazo de unir las reivindicaciones de gays y lesbianas con las feministas, algo que costó al principio, y que posteriormente se aceptó, etc…

Las mujeres conservadoras también tenían grandes diferencias entre sus filas. Desde políticas republicanas que aceptaban y apoyaban la ERA, a otras que se oponían en algunos aspectos, hasta llegar a las ultraconservadoras cristianas, que fueron finalmente las que impusieron su criterio y fueron parte importante para detener la ola feminista que se vertía como un tsumani por todo EEUU.

Como punto común a todas ellas: el patriarcado. Ya fueran de izquierda o de derechas, las mujeres que salen retratadas en la serie siempre encuentran el mismo obstáculo: el machismo y el dominio del hombre en puestos de alta dirección. Algo que sufre en sus propias carnes la propia Phyllis Schlafly, al ver paralizada su incipiente y exitosa carrera política al lado de Reagan, por el simple hecho de ser mujer.

Una serie que nos muestra lo difícil que resulta a las mujeres conseguir derechos en este mundo aún dominado por los hombres, y más aún si no están unidas en temas tan básicos como la igualdad. El patriarcado nunca dejará que las mujeres sean libres, ellas serán las que lo tendrán que hacer por asalto, sin pedir permiso; es su derecho.

 

 

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